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Cronicas AD&D ---- Por FENIX29
Hola amigos, bueno, es la primera vez que posteo en literatura, y les trigo esta hitoria que yo mismo redacte. Se trata de las cronicas del Juego AD&D (Advanced Dungeons & Dragons), o mas bien conocido como "Calabozos y Dragones" es un juego de rol, y yo soy el que va llevando la historia y me veo obligado a redactar las cronicas del juego.
Bueno, sin mas que decir, se los dejo con este relato, es un poco largo, pero para los amantes de lo medieval, vale la pena leerlo, o al menos eso creo, ya que inverti mucho tiempo en el. Sin mas, espero les guste.
Crónicas AD&D: Un largo viaje
Spoiler
El grupo había terminado su lucha contra los cienos y limos en la sala anterior, y se adentraba a través del amplio pasillo en dirección a la gran puerta de dos hojas que se hallaba al final del mismo. Aunque una luz mágica iluminaba todo su recorrido, la intensidad de la misma era menor que en la sala previa, por lo que el aspecto era mucho más lúgubre que en los espacios anteriores. Las paredes, piso, y suelo se veían húmedos y mohosos, y el aire presentaba un tenue pero claro aroma a rancio.
La puerta se hallaba a una decena de metros de la posición en que se encontraban, presentando los mismos diseños intrincados en sus viñetas y adornos de hierro forjado que en la puerta anterior. Ludwig y Leorik avanzaron hacia la misma con un máximo de atención, pendientes a la presencia de alguna baldosa o ladrillo sospechoso, mientras que el resto del grupo les seguía el paso unos metros por detrás. La puerta ya estaba a solo un par de metros de distancia.
En ese momento, Ludwig y Leorik percibieron repentinamente como el mismo suelo que pisaban comenzaba a moverse como si las baldosas flotaran sobre barro. El resto del grupo observaba como el piso comenzaba a cambiar de forma, al tiempo que sus dos compañeros luchaban por no perder el equilibrio. Los dos aventureros lograron escapar de un salto de la masa movediza que súbitamente había aparecido, cayendo en un espacio de piso firme próximo a la puerta a la que se habían intentado acercarse. Al incorporarse, pudieron ver que ante ellos se hallaba una grotesca, deforme, y gimiente masa carnosa, repleta de bocas y ojos ubicados en posiciones azarosas y antinaturales, la cual se extendía en el piso, donde antes habían estado parados.
La masa informe comenzó a rezumar hacia el humano y el elfo, lanzando dentelladas y gemidos contra ellos.
El grupo se hallaba dividido en dos, por lo que aprovecharon la situación para atacar a la amenazante criatura desde dos frentes. El grupo atacó al instante. Casi de inmediato notaron que el atacar desde dos frentes no constituía ninguna ventaja contra la extraña criatura, ya que la misma parecía percibir perfectamente los ataques desde todas las direcciones, probablemente gracias a los ojos que aparecían en la misma.
Sin embargo, la masa no era lo suficientemente ágil como para esquivar todos los ataques, por lo que recibió varios golpes en su cuerpo amorfo. Entonces, las innumerables bocas presentes en la misma comenzaron a gemir y a farfullar al unísono, generando un efecto sonoro desagradable, desconcertante, y aturdidor, que impedía a quienes lo oían el pensar con claridad. El grupo se vio afectado por este extraño efecto. Sin embargo, la suerte de la extraña criatura estaba echada, y luego de un par de embates más la misma terminó como una masa carnosa e inerte en el suelo.
El extraño efecto que tuvo el farfullo de la criatura permaneció por varios minutos en los aventureros, por lo que aprovecharon el momento de tranquilidad para descansar por unos instantes, al menos hasta recuperarse del mareo y aturdimiento general que los asolaba. Rahman aprovechó la oportunidad para tratar las heridas de sus camaradas, las cuales se habían estado acumulando una tras otra con los últimos enfrentamientos. El poder curativo de Tyr fue bien recibido por los aventureros.
Habiendo descansado lo suficiente y desaparecido el aturdimiento producido por el ente, decidieron investigar la puerta de dos hojas a la que habían intentado aproximarse antes. Casi de forma mecánica y sin mediar palabras, el grupo se detuvo a la espera a varios metros de la puerta, cerca de donde yacía el cadáver maloliente de la criatura que habían derrotado, mientras que Ludwig se aproximó a la misma buscando cualquier posible indicio de algún mecanismo, artilugio, o trampa. Luego de la meticulosa inspección de aquel pórtico por parte del ladrón, éste asintió con la cabeza al resto del grupo, y todos se aproximaron entonces a aquella antigua entrada.
Ludwig comenzó a empujar una de las hojas de aquel portal, y ésta lenta y pesadamente comenzó a ceder y a moverse ante el esfuerzo. La apertura de aquella hoja permitió la vista de lo que se hallaba tras ella: una tenue luz vislumbraba un muy amplio salón tallado en la roca, de planta octogonal y paredes adornadas con buñas y molduras envejecidas por el aire y el tiempo. En el centro de aquella amplia y lúgubre sala se observaba con claridad un pedestal de mármol blanco, que contrastaba claramente con el gris monótono y opaco del granito que constituía el resto de la habitación. Unas aristas profundas partían de cada vértice del octágono que formaba la planta y se unían en el centro del salón, justo en la ubicación del pedestal de mármol. Una inspección más detallada del pedestal les permitió observar que sobre el mismo se hallaba un objeto difícil de identificar a la distancia.
El grupo comenzó a avanzar a paso lento hacia el centro de la sala, para poder revisar con mayor minuciosidad lo que se hallaba sobre el pedestal. La habitación parecía estar completamente vacía, y lo único de relevancia era la presencia de una segunda puerta, física y estéticamente idéntica a aquella por la que habían ingresado, y ubicada en el extremo opuesto de aquella sala.
Ya a una distancia de apenas algunos metros del pedestal pudieron observarlo con mayor claridad. El mismo, como ya se mencionó, era de mármol blanco y de sección cuadrangular. Sobre uno de los lados parecía distinguirse una especie de placa con inscripciones talladas en la misma. El pedestal sostenía lo que parecía ser un pequeño cofre o relicario.
Casi de inmediato se abalanzaron sobre el podio, dominados por la curiosidad (y el miedo a que “sea lo que sea” que hubiese en el relicario desapareciese “súbitamente” ante la proximidad del ladrón humano). Efectivamente, un pequeño relicario yacía sobre el pedestal, tallado en mármol blanco y de forma también octogonal. La placa sobre el costado rezaba algún tipo de frase o leyenda con estilizados símbolos. Ludwig, al ser el primero (como siempre) en acercarse al centro de la sala, pudo distinguir el texto y descubrir que el mismo no se hallaba en la lengua común. Sin embargo, de inmediato notó que podía entender lo allí escrito: el texto se hallaba en élfico.
Agradeciendo el haber aprendido este antiguo lenguaje durante las semanas vividas entre los elfos en los bosques de Londesdale, el ladrón procedió a leer de inmediato el texto. El mismo rezaba algún tipo de mensaje respecto de las dificultades venideras en aquel laberinto.
Al no encontrar una utilidad directa para aquel acertijo, la atención se concentró por completo en el relicario de mármol. Como primera impresión el receptáculo parecía inofensivo, pero la experiencia sufrida en carne propia una y otra vez los hizo meditar y tratar con mayor cuidado el objeto. El ladrón sacó sus instrumentos de trabajo y comenzó a revisarlo. Luego de varios minutos de espera y expectación lejos del ladrón y el relicario, Ludwig concluyó que el mismo carecía de ninguna trampa o mecanismo de cierre. Luego, con un poco más de confianza, decidieron abrir el receptáculo.
Al hacerlo, descubrieron en su interior una pieza de roca blanca multifacetada, de textura suave y pulida, y con forma oval. A simple vista la pieza no parecía tener mucho valor, pero era justamente esto lo que llamaba la atención. Ludwig extendió su mano y tomó la piedra para guardarla, y súbitamente el peligro apareció sobre el grupo.
Ante ellos surgieron del aire mismo unas criaturas salidas de las pesadillas más oscuras y terribles. Dos enormes masas de carne oscura y curtida, repleta de ojos inhumanos y de tentáculos levitaban en la oscura sala. La superficie de la carne se veía negra y húmeda, y los tentáculos terminaban en horrorosos elementos prensiles y desgarrantes de formas variadas y repugnantes. La mera visión de estas entidades helaba la sangre y erizaba la piel.
Pero la aparición de estos seres no fue la única amenaza surgida de la nada. Junto con los seres levitantes emergieron de la oscuridad unas grandes criaturas bípedas de extrañas proporciones. La sangre de Klauss se convirtió en hielo sólido en un instante: la visión surgida ante sus ojos no podía pertenecer a la realidad.
¡¿De qué pesadilla infernal habían surgido aquellas entidades innombrables?! ¡¿Por qué el Destino y la Fatalidad complotaban de esa forma para desmoronar la ya débilmente sustentada cordura del guerrero enano?! Todas estas preguntas parecían acertijos sin respuesta.
Klauss observó a sus compañeros, con la esperanza de que los mismos no reaccionaran ante los recientemente surgidos seres; eso hubiese sido un consuelo, ya que al menos eso podría significar que en realidad los mismos no existían y que eran el producto de su mente desequilibrada. Un nudo se le formó en la garganta al comprobar que sus camaradas también habían notado su presencia.
Con ojos implorantes, el enano dirigió nuevamente la mirada hacia uno de aquellos seres, con el anhelo de comprobar que aquellos primeros rasgos observados hubiesen sido simplemente un espejismo, una falsa impresión resultado del cansancio y el stress, pero un sudor helado recorrió la erizada piel de su espalda: la enorme mole de casi 3 metros de altura debía pesar al menos unos 600 kg; el macizo cuerpo se hallaba completamente cubierto por una extraña mezcla de plumones y pelaje animal; los miembros superiores, a pesar de estar cubiertos por el pelaje, denotaban una apariencia alargada y palmeada, y terminaban en afiladas garras. Pero el rasgo más perturbador era su cabeza: correspondía casi sin duda alguna a la de un búho de rasgos malignos y distorsionados, y de tamaño y proporciones acordes a la envergadura del enorme cuerpo en la que se hallaba.
Klauss recordó al instante a todos aquellos pobres e indefensos búhos que había diezmado a lo largo de su longeva e inútil vida. Lo había tomado como un pasatiempo, sin haber meditado siquiera sobre cualquier consecuencia que esto hubiese podido tener. De hecho, quizás lo que le atrajo de esta extraña práctica era justamente que no había ninguna consecuencia que meditar: los búhos eran pobres e indefensos, y en consecuencia inocuos.
Pero estas extrañas criaturas no tenían nada de pobres, y mucho menos de indefensas. El enano, en algunas pocas y aisladas oportunidades, había tenido unas extrañas y perturbadoras especulaciones respecto a la posibilidad de venganza por parte de estas curiosas aves. Ciertamente era un pensamiento absurdo, pero que había estado repitiéndose en los últimos tiempos, producto definitivamente de la inestabilidad mental y emocional del enano. Lo cierto era que en los últimos años el mismo no perdía oportunidad de aplastar a cuanto búho o lechuza se cruzase por su camino, casi como afirmación a sí mismo de que todas esas extrañas ideas que recorrían su mente no tenían ningún fundamento lógico.
Pero la Lógica se había mudado a otro plano Material Primario en aquella oportunidad: ante sus ojos se hallaban los búhos más poderosos y amenazadores que alguien jamás hubiese esperado siquiera imaginar, y mucho menos encontrar. Y la incredulidad y el horror parecían no tener límites para el enano: las criaturas avanzaban directamente hacia él.
En realidad las extrañas criaturas no eran búhos gigantes, sino que se trataban de una aberración antinatural, una mezcla de características físicas y genéticas entre un oso y un búho. Los oso-búhos (como comúnmente eran denominados por los sabios y eruditos conocedores de los mismos) eran muy probablemente el resultado de la perversa experimentación mágica del mago loco de turno (los cuales abundaban en este plano). Sin embargo, el guerrero enano no estaba en condiciones de apreciar minucias técnicas como esas; lo único seguro para él era que esos gigantescos búhos furiosos se lo querían comer!
Por supuesto que esto último no era cierto. En realidad, y a pesar de que pareciese lo contrario, el Destino no estaba jugando con el sufrimiento y desazón del enano. Si bien alguien podría argumentar que fue demasiada casualidad que apareciese todo un grupo de bestias similares a búhos gigantescos y rabiosos ante el fóbico enano, y que además la gran mayoría se lanzase sin titubear contra éste último, hay que aclarar que existe una explicación perfectamente lógica para todo ello. En primer lugar, si bien un oso-búho podía parecerle a (la mayoría del) grupo una bestia completamente exótica (y casi ridícula) e incluso menos amenazante que otro tipo de criaturas tales como quimeras, contempladores, y demás, hay que considerar que éste esbirro era un sirviente-guerrero mucho más común en otras regiones geográficas del mundo. En cuanto a la aparente obsesión de los oso-búhos para con Klauss, también hay que tener en cuenta que el enano poseía las proporciones exactas de una musaraña peluda (en mayor escala, por supuesto), que es el alimento predilecto de los búhos silvestres, lo cual seguramente desencadenó algún tipo de instinto primitivo de depredación en la componente avícola de estas criaturas. A esto último hay que agregar la influencia del estado de pánico general en el que se hallaba sumido el perturbado guerrero enano; esto, como ya es sabido, produce la liberación de grandes cantidades de adrenalina hacia el aire, la cual fue inmediatamente percibida por los furibundos oso-búhos gracias a la presencia de sensibles neuroreceptores en sus glándulas olfativas, característica genética compartida con las arañas, escorpiones, serpientes, lagartos, y demás criaturas venenosas gigantes. Se sabe que los receptores antes mencionados estimulan los centros nerviosos asociados con la furia incontrolable y curiosamente también la de copulación reproductiva en estas criaturas. Toda esta serie de trágicos hechos confluyeron para desencadenar el aparentemente obsesivo y sospechoso comportamiento de los oso-búhos.
Leorik, por su parte, reaccionó rápidamente. Tomó su mochila y buscó afanosamente hasta encontrar las dos estatuillas de oro que había guardado envueltas en un lienzo blanco. Luego, dejándolas en el suelo, pronunció las palabras que desencadenaban la poderosa magia contenida en ellas. Los dos poderosos leones dorados se irguieron donde antes habían estado las dos piezas de oro. El elfo sonrió para sus adentros, agradeciendo la suerte de haber encontrado aquellos dos poderosos objetos que seguramente le serían de gigantesca utilidad en muy muchas aventuras a lo largo de los años. Luego, pateando su mochila fuera de su camino (por alguna razón sentía que el patear la mochila a un lado le daba un “touch” especial a la acción), desenvainó sus dos espadas y se preparó para enfrentar a los enormes y levitantes engendros de las profundidades.
Por su parte Ludwig, aún con la piedra oval en la mano, retrocedió para ubicarse rápidamente junto con sus demás compañeros, mientras guardaba la misma en una de sus bolsas de cintura y meditaba sobre qué tipo de arma y de táctica era conveniente para luchar contra esos aberrantes y atemorizantes seres.
Clerk desenvainó la espada mágica que le había sido obsequiada por el guerrero elfo (la cual había pertenecido al King Gnoll) y se aproximó hasta Brock y Rahman. El mago, por su parte, comenzó a repasar mentalmente los conjuros mágicos que aún permanecían (no sin gran esfuerzo) en su memoria, mientras que el sacerdote de Tyr musitó una corta plegaria a su deidad, pidiéndole por la sabiduría y (fundamentalmente) la inteligencia necesaria para llevar al Bien a la victoria, y se armó con su masa y su escudo.
La lucha fue sangrienta. Los dos poderosos engendros de las profundidades atacaron violentamente, furiosos por haber sido súbitamente sacados de su letargo, al tiempo que los oso-búhos daban cuenta del enano del grupo con una saña poco conocida en estos seres. Leorik ordenó a los dos masivos felinos que atacasen junto con él a uno de los engendros, mientras que Rahman, Ludwig, Clerk y Brock se encargaban en un principio del restante.
Las dos enormes bestias atacaban con sus múltiples tentáculos, cortando, golpeando y desgarrando. El grupo, por su parte, devolvía los ataques de la mejor forma posible. Brock comenzó a conjurar unos proyectiles mágicos y los lanzó contra la bestia informe; para su ingrata sorpresa, los mismos se desvanecieron antes de dañar a su objetivo.
Mientras tanto, Klauss hacía un esfuerzo sobreenano para mantenerse cuerdo. Los oso-búhos se habían agrupado a su alrededor, y lanzaban poderosos garrazos y violentos picotazos contra la tierna carne del enano. A pesar de que éste pensaba lo contrario, no todo estaba en su contra en esa situación: el reducido tamaño de Klauss y la envergadura de las agresivas bestias sólo permitía que un máximo de tres de éstas atacaran simultáneamente al guerrero. Dispuesto a no morir sin dar batalla, sacó su daga Dientelargo y enfrentó a los plumosos monstruos.
Por su parte, los poderosos engendros de las profundidades habían demostrado ser unos oponentes difíciles. Los mismos habían usado algunas habilidades mágicas contra sus enemigos, al tiempo que habían demostrado una cierta resistencia a la magia también, aunque afortunadamente no absoluta. Ludwig había arrojado todas sus dagas mágicas contra la bestia, y se vio en la obligación de enfrentarse cuerpo a cuerpo contra la misma. Al menos no debería hacerlo solo, ya que Rahman y Clerk ya se hallaban luchando de melee. Y mientras se aproximaba y desenvainaba sus dos espadas notó el brillo que emanaba de la espada de Clerk.
Por una fracción de segundo no llegó a comprender en su totalidad lo que esto significaba, pero el razonamiento afloró casi de inmediato a su mente. La espada había pertenecido a Leorik, y según las deducciones confesadas por éste último, la misma era extremadamente sensible a las criaturas con habilidades regeneradoras. “Con habilidades regeneradoras…”, repitió mentalmente para si mismo…
La distracción mental le costó caro. Un largo y poderoso tentáculo envolvió a Ludwig a la altura del pecho, elevándolo del suelo y constriñéndolo. Con su espada corta aún en mano, comenzó a golpear el miembro carnoso. Mientras se retorcía de dolor, le pareció observar que los cortes causados comenzaban a cerrarse muy lentamente. Aunque la opresión era intensa, tuvo la fuerza suficiente como para lanzar una advertencia a sus camaradas.
El aviso fue de gran ayuda. El mago fue el que más velozmente digirió la información. De inmediato comprendió lo que esto significaba: con cada segundo que pasaba, la bestia curaba más y más sus heridas. Si no actuaban rápido, el engendro los terminaría aniquilando por desgaste. Sin perder más tiempo, observó rápidamente la ubicación y tamaño del monstruo y la de sus camaradas, miró de reojo la oscura cavidad del techo, y comenzó de inmediato a conjurar los componentes verbales y somáticos de una evocación. Rogando para sus adentros de que el hechizo fuese efectivo, Brock extendió su mano derecha hacia la criatura.
La enorme bola de fuego surgió tan súbitamente como lo habían hecho aquellas bestias en su momento. Las llamas ardieron con una intensidad abrasadora, quemando terriblemente al engendro, que se debatía y agitaba mientras emitía espectrales chirridos de dolor. Ludwig, Clerk y Rahman pudieron sentir sobre su piel el calor irradiado por la gran esfera incandescente que se hallaba apenas sobre sus cabezas, a menos de dos metros de sus posiciones. Brock había calculado con gran exactitud el centro de la esfera de llamas de manera de herir a la masiva entidad a la que se enfrentaban, pero sin dañar a sus aliados de aventuras. Con gran inteligencia había utilizado aquel conjuro de fuego, al conocer la debilidad de las criaturas regeneradoras ante este tipo particular de heridas: ese daño no sanaría por regeneración.
Mientras tanto Leorik y sus dos poderosos felinos luchaban contra el engendro restante. Ciertamente la criatura era un oponente temible, pero los dos leones dorados eran luchadores formidables: los mismos se lanzaban de forma temeraria contra la imponente criatura, clavando sus enormes garras traseras y delanteras contra la carne curtida y aceitosa y hundiendo sus enormes colmillos a través de huesos y tentáculos. La enorme ayuda y distracción prestadas por los felinos le permitían a Leorik atacar con mayor tranquilidad y confianza, sin verse expuesto a un gran daño directo.
El segundo oso-búho cayó inerte y cubierto de sangre sobre el frío piso del salón. El guerrero enano se lanzaba ahora furibundo contra sus Némesis. En un principio el miedo y el pánico casi se apoderan completamente de él, pero luego de dar sus primeros y tibios ataques contra los monstruos, descubrió lo que sus camaradas ya sospechaban desde un principio: los oso-búhos no eran oponentes muy peligrosos. Sintiendo una extraña mezcla de vergüenza y alivio, el enano se enfocó en terminar de eliminar a las criaturas restantes.
Para cuando cayó derrotado el último de los enemigos, el grupo se hallaba exhausto. La mayoría poseía heridas de mayor o menor consideración, pero eso no los detuvo de seguir investigando aquel sitio.
Si bien el camino lógico a seguir era continuar por la puerta de dos hojas que se hallaba en el extremo opuesto de la sala, decidieron que era mejor terminar de investigar aquel extraño salón con mayor detenimiento. Rahman comenzó a sondear el área en busca de emanaciones malignas, pero luego de varios minutos no pudo percibir nada de relevancia. Sin embargo su intuición le decía que debía de haber algo más en aquel lugar. Recitando antiguos rezos conjuró la magia de “ver realmente”, y utilizando esta habilidad comenzó a observar las diferentes partes del salón. Y cuando ya la poderosa magia se hallaba cerca de expirar, distinguió claramente un gran bloque de roca que ante sus ojos era claramente móvil, ubicado en una de las paredes de aquel oscuro salón octogonal. Les indicó su descubrimiento a sus camaradas, y juntos inspeccionaron minuciosamente aquella pared en busca de algún mecanismo de apertura.
Después de varios minutos pudieron abrir aquella entrada oculta. Al mover el panel quedó al descubierto un estrecho pasillo tallado rústicamente en la roca, que descendía por medio de algunos escalones describiendo una ligera curva. Entusiasmados con el inesperado descubrimiento, se apresuraron a avanzar por aquel sitio.
El húmedo y oscuro pasaje los llevó hasta una pequeña gruta. Lo primero y único que les llamó la atención fueron los diversos cofres almacenados en el mismo. Eran tres en total, y de diferentes tamaños cada uno. El primero era apenas un pequeño cofrecillo sin siquiera un mecanismo de cierre; el segundo era un cofre de bastante mayor porte con un grueso cerrojo frontal; mientras que el tercero y último consistía en un gran arcón de grandes dimensiones.
De inmediato, y ante la siempre atenta mirada de sus compañeros, Ludwig comenzó a inspeccionar los contenedores. Comenzó por el más pequeño de todos. Con gran parsimonia y precaución comenzó la lenta pero siempre necesaria inspección. Con su especializado instrumental, escrutó todos los intersticios en busca de cualquier cosa sospechosa. Luego de transcurridos varios minutos les comunicó a los demás que el cofrecillo carecía de trampas. Al abrirlo descubrieron diversas piezas de metales preciosos y de joyería.
Con gran ansiedad el grupo observó como el ladrón comenzaba a inspeccionar el segundo cofre. En esta oportunidad Ludwig decidió tomar mayores recaudos que en el caso anterior; después de todo, este cofre era de mayor porte que el cofrecillo, y además contaba con una cerradura, que es el lugar más habitual para colocar algún tipo de trampa mecánica o mágica. Con gran concentración, y tomándose todo el tiempo necesario, inició el sondeo del cofre. Tras varios minutos que parecieron horas Ludwig concluyó que no había ninguna trampa aquí tampoco. Sin embargo, corroboró que el cofre estaba cerrado, por lo que comenzó la larga y delicada tarea de abrir la cerradura.
Cuando al fin pudo abrir el mecanismo, el grupo se encontró ante toda una serie de objetos y tesoros. Entre los más importantes podemos citar un extraño mazo de cartas, una curiosa figurilla tallada en ébano de una mosca, y una armadura de tamaño enano de gran calidad y artesanía. Con una gran alegría distribuyeron entre si los diversos tesoros encontrados.
Ahora solo restaba el enorme arcón.
La ansiedad era casi incontenible: ¿¡qué maravillosos tesoros guardaría aquel enorme contenedor?! ¿¡qué objetos invaluables se hallarían escondidos tras las gruesas tapas de aquel cofre, esperando para ser tomados?!
Acercándose al mismo, el ladrón observó que el arcón no poseía una cerradura propiamente dicha, sino que se hallaba cerrado por medio de un enorme y oxidado candado. Cuidadosamente comenzó a inspeccionar el cofre en busca de trampas.
El guerrero enano comenzaba a sentirse inquieto.
Ludwig revisó cada juntura, articulación, y mecanismo visibles en el arcón de la forma más minuciosa posible. El tiempo usado era considerable, pero sabía que no hacerlo era correr un riesgo innecesario.
El importante pero lento trabajo realizado por Ludwig había despertado la impaciencia de Klauss. A decir verdad esa tarea siempre le había parecido una pérdida de tiempo: después de todo, no recordaba ninguna oportunidad en la que la pericia del ladrón los hubiese salvado o siquiera advertido de algún peligro. Por supuesto que la memoria del enano no era de las más destacadas, pero este pensamiento era excusa suficiente para colmar su paciencia.
Así, pues, cuando Ludwig terminó su inspección concluyendo que no había ninguna trampa y se disponía a repetir por tercera vez su pericia en forzar cerraduras, repentinamente el guerrero enano lo detuvo, indicándole que dejase el asunto en sus manos. Ludwig, algo confundido, decidió darle la oportunidad a su aliado y amigo, aunque tenía ciertas dudas al respecto.
Klauss sacó su martillo de guerra y observó nuevamente el arcón. Había notado que se hallaba cerrado solo por medio de un enorme y oxidado candado, lo cual para él no representaba ningún inconveniente.
“Ahora observen como se hace”, repuso el enano, mientras se alejaba lo más posible del arcón hasta dar con la pared opuesta en la pequeña gruta. Intuyendo lo que iba a ocurrir, el resto del grupo hizo lo mismo.
El enano no confiaba en absoluto en la deducción hecha por su ladronil amigo, y fue por ello que decidió apartarse en lugar de intentar abrir el arcón a muy corta distancia. La posición alcanzada en la pared opuesta no era precisamente muy alejada (apenas de un par de metros) debido a las pequeñas dimensiones de la gruta, pero Klauss consideró que debía de ser suficiente. Y así, blandió su martillo de guerra en el aire, y pronunciando la palabra “Kevlar” lo lanzó con saña contra el grueso candado. El martillo golpeó con fuerza, pero el resultado dejó a todos sin habla.
El enorme arcón tembló por una fracción de segundo ante el poderoso impacto, mientras increíblemente el grueso candado parecía intacto. Y una fracción de segundo después un enorme miembro se extendió desde el arcón para golpear de lleno al incrédulo y sorprendido enano.
Ante la atónita mirada del grupo, el arcón comenzó a cambiar de forma, hasta llegar a la de una masa informe y ligeramente humanoide, con dos piernas, dos brazos, y una cabeza que se confundía con el macizo torso de la criatura. El ente comenzó a atacar furibundamente a los aventureros, que tardaron algunos segundos en reaccionar ante el repentino ataque.
La batalla (como toda buena batalla) fue dura y extenuante, pero después de atacar y esquivar sin descanso el grupo pudo eliminar a la extraña entidad.
Así, luego de la doble decepción causada por no haber encontrado nada en el arcón, y de además haber sido atacados por el mismo, los aventureros decidieron volver sobre sus pasos hasta la sala del brasero ardiente para descansar y tratar sus múltiples y dolorosas heridas. Una vez allí designaron las guardias y descansaron por varias horas.
Luego del reparador descanso, Rahman comenzó a tratar (como era su costumbre) las múltiples heridas de sus aliados. El tratamiento (como también era su costumbre) tardó más de lo esperado (y quizás de lo estrictamente necesario), debido seguramente a la cantidad y seriedad de las lesiones.
De momento tenían dos alternativas ante ellos: una de ellas consistía en investigar lo que había detrás de la puerta de dos hojas que se hallaba en la sala octogonal, y la otra radicaba en explorar más allá de la puerta que aún no habían abierto en la sala del brasero (aquella que poseía un escudo sobre su umbral con el dibujo de la cabeza de un toro astado).
De las alternativas planteadas, la alternativa más razonable y llamativa era la primera. Sin embargo, Ludwig centró su atención en la segunda de las puertas. Así, mientras Rahman curaba las heridas de sus compañeros, el ladrón observaba con mirada perdida el escudo sobre la puerta en cuestión. Lo más probable era que todos quisiesen avanzar más allá del gran salón octogonal, y en consecuencia era altamente posible que la puerta del escudo quedara olvidada para siempre. Esa idea, dada la curiosidad que lo aquejaba, le parecía difícil de asimilar.
Ludwig se incorporó, se aproximó hasta la puerta, y sin mayores preámbulos la abrió: tras la misma se vislumbró un pasillo relativamente ancho, medianamente iluminado, que terminaba directamente en una puerta de dos hojas, metálica y fuertemente reforzada. Al observarlo, Clerk y Klauss (cuyas lesiones eran pocas) se acercaron al ladrón. Así, y para ir ganando tiempo (y contra las recomendaciones del resto del grupo), decidieron avanzar e investigar con precaución el nuevo pasaje.
Llegaron ante la puerta. La misma no poseía ningún mecanismo de cierre, por lo que al tirar de uno de los dos grandes llamadores metálicos la pesada hoja comenzó a abrirse poco a poco. Una brisa de aire húmedo y estancado salió desde el interior. El lugar se hallaba ligeramente menos iluminado que el pasillo en el que se encontraban, por lo que les tomó algunos segundos adaptar su vista a la baja luminosidad del ambiente.
Distinguieron entonces otro lúgubre pasillo o distribuidor, que corría transversalmente a la entrada en la que se hallaban, y parecía ramificarse en sus extremos. Las paredes eran mohosas y húmedas, cubiertas de musgos y líquenes, y el piso se hallaba cubierto de polvo y moho. Avanzaron algunos pasos.
El lugar se veía sucio y desolado. Ante las diferentes alternativas de avance, decidieron investigar el lugar lo más rápido y sigilosamente posible. Ludwig convenció a sus compañeros de que lo más conveniente sería él se adelantase usando su sigilo y que retornase cuando encontrase algo de relevancia.
Indicándoles a sus camaradas que esperasen en silencio, el ladrón avanzó por el tramo más largo del pasillo, cuidándose de producir el menor ruido posible a su paso. Se detuvo cuidadosamente al llegar al punto donde el pasillo se quebraba hacia la derecha, y lentamente asomó su cabeza por la esquina. Observó que el mismo avanzaba en forma irregular durante varios metros, para luego doblar hacia un lado. Luego de indicarles a sus compañeros que permaneciesen en su lugar, comenzó a avanzar por el corredor.
Después de caminar silenciosamente por varios metros, se encontró con diversas ramificaciones. Se detuvo y escuchó atentamente. Le pareció oír un sutil sonido proveniente desde uno de los corredores, y comenzó a andar a través de él.
Avanzaba sigilosamente cuando le pareció distinguir una apertura sobre una de las paredes del pasillo. Un fuerte olor a almizcle parecía provenir de esa dirección. Con curiosidad, se aproximó hasta la misma y asomó su cabeza a través de ella. Observó lo que parecía una gruta en la roca, húmeda y sucia, en la que reinaba la oscuridad. Apenas podía discernir lo que parecían ramas, rocas, y otras basuras dispersas en el suelo. Se introdujo algunos pasos para ver la escena con mayor claridad.
No anduvo más que algunos pasos cuando se detuvo en seco. Sus ojos se habían adaptado mejor a la penumbra, y la visión ciertamente lo puso en alerta. Lo que antes le habían parecido ramas y rocas no eran otra cosa que huesos y cráneos de criaturas humanas y animales. Comenzó a retroceder lentamente cuando escuchó un sonido tosco proveniente del corredor. La situación comenzaba a complicarse.
Mientras tanto, Klauss y Clerk habían estado esperando por varios minutos el regreso de Ludwig, sin que hubiese rastros del mismo. Conocedores de la lentitud en las aptitudes y habilidades del ladrón, no se preocuparon demasiado, y decidieron entonces investigar un poco en la otra dirección.
Ludwig se puso en guardia. Por lo que pudo distinguir, el sonido era definitivamente el del andar de una criatura bípeda. Y de grandes dimensiones. Armas en mano, el ladrón se acercó hacia la entrada de la gruta.
Y al llegar allí pudo ver lo que acontecía: un furioso minotauro avanzaba por el corredor, desde la misma dirección desde la que había llegado él mismo. Sin más alternativas, salió al corredor dispuesto a enfrentar a la criatura.
La lucha duró apenas un par de minutos. Con unos pocos y precisos movimientos la robusta bestia terminó sin vida en el suelo. A decir verdad, el propio Ludwig se hallaba sorprendido ante la rápida resolución de la pelea. Ciertamente su habilidad, pericia y experiencia habían crecido y aumentado en gran medida en los últimos años, e incluso durante los últimos días de cautiverio en aquel gigantesco dungeon. Sin embargo, la facilidad con que había derrotado a aquella monstruosa criatura, que otrora hubiese sido un oponente terrible y aterrador, le produjo una extraña sensación de asombro y satisfacción. Con una confianza renovada, el ladrón se dispuso a regresar en busca de sus camaradas.
Regresó por el corredor, hasta llegar a la intersección por la que había ingresado, y tomó hacia la izquierda, en dirección al corredor donde lo esperaban Klauss y Clerk. Luego de un par de minutos de caminata, se detuvo por unos instantes.
Con una mezcla de tristeza y preocupación, comprobó que no reconocía en lo absoluto aquel pasillo.
El ladrón maldijo su suerte en voz baja. Ya era la segunda vez que le ocurría lo mismo desde que habían quedado atrapados en aquel enorme e interminable dungeon.
De pequeño, el ladrón siempre tuvo problemas para diferenciar la izquierda de la derecha (esto, en cierta medida, era una de las razones de su ambidiestrismo). En aquel momento dudaba de si había podido superar esa dificultad de la niñez. Ahora que lo pensaba, la diferencia entre izquierda y derecha era demasiado sutil para él. Era una de esas cosas misteriosas y difíciles de asimilar como la diferencia entre proa y popa, babor y estribor, cenit y nadir, hechizos de mago y hechizos de sacerdote, Norte y Sur, Este y Oeste, Norte y Oeste, y todas esas cosas que parecían cambiar constantemente según la persona, la ubicación, el estado de ánimo y demás.
De hecho, había misterios que nunca había terminado de entender por completo.
Por ejemplo, cuando se hallaba de frente con una persona, comprobaba que lo que para él era la derecha, para su interlocutor era la izquierda; tampoco comprendía porqué si en un momento el Norte estaba a su izquierda, en otra oportunidad pasaba a estar a su espalda, o al frente, o de nuevo a su izquierda (¿o era su derecha? no lo sabía con claridad ¡todo era demasiado confuso!).
Trató de calmarse y pensar con tranquilidad. Se acercó a la pared y se sentó en el piso apoyando su espalda contra el muro. Intentó recordar sus pasos previos: había dejado a la espera a sus amigos, luego dobló a la derecha y avanzó por varios minutos; después llegó hasta donde el pasillo se dividía en varios corredores, y dobló a la izquierda hasta la gruta; luego volvió por el mismo corredor y cuando llegó de nuevo a la encrucijada tomó nuevamente a la izquierda, como era debido, y caminó hasta llegar al sitio en que se hallaba.
El ladrón repasó mentalmente el recorrido con sus ojos cerrados, mientras asentía para si mismo a medida que las imágenes mentales aparecían ante sus ojos. Luego aspiró aire profundamente y lo exhaló con lentitud en gesto de relajación, conciente de que la solución estaba al alcance de la mano. Después de un par de minutos había encontrado una respuesta inequívoca: no tenía ni idea de qué fue lo que hizo mal.
Sin embargo Ludwig no se dejó amedrentar por la situación, y con tranquilidad decidió que lo que debía hacer era volver sobre sus pasos hasta la encrucijada, y una vez allí observar el lugar el tiempo que fuese necesario hasta reconocer el camino de regreso.
Abrió sus ojos y comenzó a incorporarse, dispuesto a iniciar la marcha. Pero se detuvo en seco, completamente paralizado. Una lágrima de furia e impotencia recorría su mejilla izquierda (o derecha, todo es relativo).
No sabía qué lado del pasillo debía tomar.
Maldijo el instante en que decidió sentarse contra la pared, y más aún el momento en que cerró los ojos. Si se hubiese quedado de pie mirando al frente del corredor sabría que debería volver hacia la dirección que daba a su espalda. Todo el maldito y largo corredor se veía exactamente igual en ambas direcciones. La penumbra dificultaba aún más las cosas. Ni siquiera quería pensar en el dilema conceptual que sería deducir la dirección correcta, partiendo del único dato de haberse apoyado en la pared derecha, izquierda, o lo que fuera.
Iba a comenzar a llorar como un bebé cuando escuchó el andar apresurado de varias criaturas acercándose desde uno de los extremos del pasillo. De inmediato dejó de lado sus lamentaciones y se puso en guardia.
Mientras tanto Klauss y Clerk habían avanzado por varios minutos a través del otro corredor, hasta que llegaron a una ramificación múltiple del pasillo. Se detuvieron por unos instantes en el lugar, mientras meditaban sobre la acción a seguir. Concluyeron que adentrarse ellos solos por alguno de aquellos pasajes era una acción innecesariamente peligrosa, por lo que decidieron regresar y esperar el retorno de Ludwig.
El ladrón observó como de entre la penumbra surgían las siluetas de dos minotauros cargando a gran velocidad hacia él. A duras penas pudo esquivar los dos furibundos ataques. La lucha no sería sencilla.
Ludwig confiaba en poder derrotar a las dos beligerantes criaturas, pero el poco espacio dificultaba sus movimientos. Decidió entonces llevar la acción hacia un lugar más amplio. Con un ágil movimiento aéreo, el ladrón quedó de un lado del corredor, y comenzó a alejarse mientras las dos bestias seguían presurosas sus pasos. Divisó después de algunos instantes una especie de ramificación en el camino.
Se disponía a tomar aleatoriamente una de ellas cuando observó la figura imponente de una criatura. Distinguió con claridad las proporciones y formas de un minotauro. Lo que le produjo un escalofrío era el tamaño del mismo. La mole debía medir más de 3 metros de altura, con cuernos más largos y gruesos que los brazos del ladrón, y brazos que parecían árboles.
Algo en la perturbadora mirada de la criatura le dijo que debía alejarse del lugar. Y rápido.
Tomó entonces otra de las ramificaciones y comenzó a correr con todas sus fuerzas. Al pasar cerca de la enorme bestia sintió el gran dolor producido por la casi instantánea pérdida de calor en el ambiente y en su propio cuerpo. Con una mirada de reojo comprobó que el frío de escarcha parecía haber emanado de las fauces abiertas y humeantes del enorme minotauro. Trató de reponerse del shockeante dolor y apresuró aun más el paso.
Mientras tanto Klauss y Clerk recorrían precavidamente el camino de regreso, hasta llegar al lugar donde se hallaba la puerta metálica de dos hojas por la que habían ingresado a aquel laberinto. Suspiraron relajados al llegar a salvo y sin inconvenientes a aquel sitio. Pero al observar el lugar con atención se les formó un nudo en la garganta.
La puerta metálica estaba cerrada.
Se abalanzaron sobre ella e intentaron abrirla. Como lo habían intuido, la puerta no parecía moverse en lo más mínimo. No terminaban de asimilar la horrible situación, cuando escucharon fuertes ruidos provenientes de uno de los oscuros pasillos. Casi con resignación, esperaron inertes a ver qué era lo que les tenía deparado el destino.
Con la mirada clavada en el sombrío corredor, escucharon expectantes cómo los ruidos se hacían cada vez más y más intensos. De repente, de entre la penumbra vieron salir la silueta del ladrón, que corría desaforadamente hacia ellos. Esta primera visión les causó, durante una fracción de segundo, cierto alivio. Pero cuando la información fue completamente procesada en sus cerebros, los pelos se les pusieron de punta: después de todo, el lenguaje corporal de Ludwig les indicaba que había que preocuparse, y mucho.
Comprobaron con horror que sus estipulaciones eran correctas. Por detrás del ladrón comenzaron a vislumbrar una serie de siluetas antropomórficas y de grandes dimensiones.
En la sala del brasero, por su parte, el resto del grupo disfrutaba del descanso. El sacerdote había tratado lo mejor posible las heridas de sus aliados, que habían dejado sus maltrechos cuerpos completamente a su disposición. Para ser curados. Klauss, Ludwig y Clerk habían partido hacía ya un tiempo, y todavía no habían regresado. Sin embargo no se habían preocupado demasiado. Confiaban en las habilidades de sus amigos.
Leorik apartó gentilmente la mano de Rahman de su pierna, que se hallaba tratando una herida en ella, y se incorporó con rostro inquisitivo. Le había parecido escuchar algo en la dirección por la que habían partido sus camaradas. Esperó algunos segundos en silencio, a la espera de algún otro sonido, hasta que escuchó nuevamente aquel ruido. Indicándoles esto a Rahman y a Brock, comenzaron a vestirse y se dirigieron hacia aquel lugar.
Ingresaron al pasillo, y observaron que en su extremo había una puerta de hierro completamente cerrada. A medida que se acercaban cautelosamente a ella les pareció escuchar una serie de ruidos y gemidos que parecían hacerse cada vez más intensos. Para cuando estaban a solo un par de metros de la puerta ya habían logrado distinguir las voces casi suplicantes de sus amigos.
Se apresuraron a abrir la puerta. Sin embrago, sus intentos fueron completamente inútiles: la puerta parecía soldada. La sensación de impotencia ante el pedido de ayuda de sus aliados era enorme.
En ese momento, con gran tranquilidad, el mago desató su bolsa de cintura, introdujo su mano en la misma y sacó una serie de pergaminos. Luego de revisarlos parsimoniosamente bajo el sonido constante de los lamentos de sus amigos, tomó uno de ellos, enrolló y guardó cuidadosamente el resto, y les indicó con un gesto al elfo y al sacerdote que no se preocupasen.
Brock había recordado que poseía un pergamino mágico con el conjuro de “llamada a la puerta”. El conjuro permitía, en la mayoría de los casos, abrir casi cualquier puerta cerrada.
Ciertamente era milagroso (y sospechoso) cómo el mago siempre parecía tener a mano alguno de esos pergaminos redentores, que nadie (ni siquiera él mismo) recordaba que tenía en su poder, ni mucho menos de quién había sido arrebatado, ni donde había sido encontrado, pero que siempre se ajustaba perfectamente a las necesidades específicas que las circunstancias requerían.
Pero más allá de cualquier suspicacia, lo cierto es que después de leer en voz alta las mágicas palabras inscriptas en el papiro, la puerta comenzó a ceder fácilmente ante la fuerza aplicada por Leorik y Rahman.
Tras la misma, la situación estaba alcanzando un punto crítico.
Con una alegría surgida sinceramente del corazón, el ladrón, el enano y el humano observaron como el resto de sus amigos llegaban al rescate.
Los momentos previos fueron angustiantes. Antes de que los demás lograran abrir la puerta, habían tenido que soportar los furiosos ataques de los minotauros. Los dos minotauros normales no representaban un desafío extraordinario, pero el tercero era una bestia temible. Habían podido derrotar a los dos más “pequeños”, pero el tercero estaba casi intacto, y su aliento gélido les había causado bastante daño. Ludwig se enfrentó durante los primeros instantes de la lucha contra este ser. El ladrón había sufrido muchas heridas, pero al menos logró causarle un serio daño a la bestia con su “Anillo del Carnero”, la cual retrocedió un par de metros ante el terrible impacto de la magia.
Las cosas parecían no poder estar peor. Pero se equivocaban. El momento más desesperado se presentó en el instante en que una mole oscura y pesada comenzó a surgir desde otro de los corredores. Ante la mirada pasmada de los tres compañeros apareció un segundo minotauro gigante. Estaban perdidos.
Y fue en ese mismo instante que la puerta comenzó a abrirse.
El grupo estaba nuevamente completo.
Ludwig recibió entonces nuevamente el aliento gélido del primero de los minotauros gigantes, mientras el segundo se acercaba, al igual que el resto del grupo. El poderoso ataque lo dejó al filo de la muerte, por lo que tuvo que hacer retirada.
El mago, al observar el ataque mágico, se protegió de inmediato con un escudo de llamas a su alrededor. Las cálidas lenguas de fuego lo protegerían del intenso frío de ese ataque. Al mismo tiempo Leorik y Rahman se aproximaron para proteger la retirada del maltrecho Ludwig, mientras que el enano (que había luchado a la distancia con su martillo arrojadizo) y Clerk (que había permanecido alejado del minotauro gigante) se les unían para enfrentar a las dos monstruosas bestias.
Una lucha encarnizada se desarrolló luego. Los guerreros blandían sus armas contra las bestias una y otra vez, mientras que éstas devolvían los intentos con violentos golpes con sus cuernos y puños.
El mago también hizo su aporte en la batalla, lanzando alguno de los conjuros de su basto arsenal contra los minotauros. Se sentía particularmente confiado por su escudo de llamas, el cual no sólo retenía los ataques helados, sino que además causaba serias quemaduras a aquellas criaturas que osasen golpearlo. Armado con esa autocomplacencia adicional, decidió aproximarse para lanzar sus ataques mágicos más eficientemente. Sin embargo sufrió un horrible revés en el momento en que el segundo lanzó su aliento contra él: con horror (y muy mucho dolor) comprobó que el hálito emanado eran llamas incandescentes. Éstas últimas se vieron potenciadas por el propio escudo de llamas del mago, por lo que el daño sufrido se vio enormemente incrementado. Malherido en su cuerpo y su orgullo, el poderoso hechicero comenzó a retirarse lejos del peligro.
El destino de la batalla quedó en manos de las armas.
La última de las bestias cayó bajo el peso de las espadas y las masas.
El maltrecho grupo se reunió nuevamente en la sala del brasero. Estaban destrozados, pero con vida. Descansaron algunas horas, a la espera de la magia curadora de Tyr.
Se sentían muy cansados. Cansados de aquel oscuro sitio. Cansados de las luchas sangrientas y continuas.
Pero también estaban ansiosos. Ansiosos por continuar la exploración de aquel dungeon. Ansiosos por encontrar los tesoros ocultos en aquel sitio. Y, fundamentalmente, ansiosos por encontrar la salida que los llevaría de nuevo a Damara, y a la guerra que ya se cernía sobre el reino.
o.O? Fenix29 en literatura? O.o xDD
Hay libros de dungeons and dragons y muchos xD
Nunca he leído uno y no sé si te basaste o no en ellos
Independientemente de eso, redactas muy bien, hay unas partes ke no le entendí pero no importa
Realmente si parece ke estuviste pasando el juego y a la vez tenías una libreta en la mano...
de casualidad hiciste eso??? xD
No tiene faltas de ortogradía (y si las tiene no me acuerdo)
El relato es bueno, largo para leer, pero si intentaras hacer algo más con él (como publicarlo) pues es muy corto a menos
de ke lo hagas online.
Le hace un poco más de suspenso, como si no supieras ke cosas van a pasar pero todo lo demás perfecto
Suerte!!! y pásate más por literatura xD
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Re: Cronicas AD&D ---- Por FENIX29
Pues si!, es increible pero me pase por literatura!! xDD.
Pues me alegro que te hay gustado man ^^, y en realidad no me base en los libros de Calabozos, sino que me base en la historia que mis amigos y yo estamos jugando en estos momentos, es decir, la historia que llevamos jugando (no se si se entiende, para mas informacion buscar en google como se juega al juego para saber de que hablo). Mis amigos van haciendo las anotaciones de la historia, es decir, lo que va pasando, los lugares donde van llendo, la cosas que ven, etc.
Luego ellos me pasan esos, se podrian llamar, "libretas" con todo lo que anotaron y yo lo redacto de la mejor forma posible. ^^
Pues te dejo algo como ara que te des una idea de los personajes aunque sea:
Ludwig: Es el ladron del grupo, sus artes ladroniles y su increible destreza hacen que se destaque entre sus amigos. Claus: Es un enano, su falta de estatura y agilidad se compensa con una increible resistencia a los golpes y con su fuerza casi sobrenatural xD. Brock:Queda de mas claro que es el mago del grupo, sus artes magicas son de muchisima ayuda en casos de extremo peligro como en momentos de astucia. Rahman:El sacerdote, sus habilidades curativas son bien recibidas por sus aliados, tanto tambien como sus poderosos hechizos y armas otorgados por su dios, en este caso, Tyr. Clerk:(Mi personaje xDD) Bueno, clerck es, junto con Ludwig, el humano del grupo. Sus habilidades en combate aprendidas del ejercito y su inmenza destreza con armas le permiten protegerse muy bien de sus enemigos, todo un heroe militar xDD. Leorik:El elfo. Sus increibles habilidades, tanto en las armas de corto y largo alcance, como tambien su agilidad hacen de este personaje el mas habil del grupo. Es el tipico personaje serio, el que da la cara en todas las reuniones y demas xDDD.
Espero sirva..
salu2!!^^
Última edición por FENIX29 fecha: 25-jun-2008 a las 05:02.
Bueno, eso me aclara algunas cosas, sé como se juega por eso dije ke parecía ke tenías
una libreta e ibas anotando todo pero bueno, no lo haces tu, lo hacen tus amigos xDDD
Me gusta más Leorik xDD y tuhistoria es muy larga yo creo ke por eso
nadie la ha leído xD
Vas aseguir poniendo cosas verdad?
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Re: Cronicas AD&D ---- Por FENIX29
jajaja... xDD
pues en realidad lo que hacen mis amigos es anotar todo lo que hacen durante el juego, pero desde el punto de vista de ellos.
Por ej: "Vamos hasta un pasillo, doblamos y vemos un troll, lo atacamos y muere".
Yo le agrego todo lo demas a la historia, o sea, lo que ellos hacen es solo como un recordatorio, jaj asi yo despues arme la historia completa.
Pero si, en cierta forma ellos ayudan y mucho xDD.