|
||||
|
bueno, para mi es la mejor novela para niños, adolecentes y por que no, para adultos. La autora K.A Aplegate iso un gran trabajo con estos libros,muy buena la trama...les dejo el primer libro, si les gusta me piden los demas y los subo nomas si nesesidad de descargar nada ![]() #1 La invacion
Spoiler
Capitulo 1
Spoiler
Me llamo Jake. Es mi nombre de pila, naturalmente. No puedo deciros mi apellido. Sería demasiado arriesgado. Los controladores están por todas partes. Por todas partes. Y, si supieran mi nombre completo, podrían encontrarnos a mí y a mis amigos, y entonces... bueno, digamos simplemente que no quiero que me encuentren. Lo que hacen con la gente que se opone a ellos es demasiado horrible para pararse a pensarlo.
Ni siquiera os voy a decir dónde vivo. Tenéis que confiar en mi palabra cuando os aseguro que se trata de un lugar real, de una ciudad real que incluso podría ser la vuestra. Si escribo todo esto es para que otras personas conozcan la verdad. Quizás así, la raza humana logre encontrar un modo de sobrevivir hasta que los andalitas vuelvan para rescatarnos, tal como prometieron que harían. Quién sabe. Antes mi vida era de lo más normal. Al menos lo fue hasta aquel viernes por la noche en el centro comercial. Estaba allí con Marco, mi mejor amigo. Como de costumbre, habíamos ido a jugar con los videojuegos y a dar una vuelta por aquella tienda tan buena donde venden libros de cómics y cosas así. Lo de siempre. Marco y yo nos habíamos quedado sin monedas justo cuando él me sacaba un montón de puntos de ventaja. Podría decirse que los dos somos igual de hábiles jugando. Yo tengo una Sega en casa así que me paso horas practicando con ella. Pero Marco tiene una habilidad especial para analizar los juegos y descubrir hasta el más mínimo truco. Por eso me gana a veces. Aunque quizá la razón fuera que no conseguía concentrarme. En la escuela no había tenido lo que se dice un buen día. Me había presentado a una prueba para entrar en el equipo de baloncesto pero al final no había salido escogido. No es que fuera nada del otro mundo, sólo que Tom, mi hermano mayor, era una especie de leyenda cuando jugaba en la escuela. Ahora, sin ir más lejos, es el máximo encestador en el equipo del instituto. Por eso, todo el mundo daba por sentado que a mí también se me daría bien. Pero no era así. Nada especial, como ya os digo, pero, a pesar de todo, no podía quitármelo de la cabeza. En los últimos tiempos, Tom y yo ya no pasábamos tanto tiempo juntos como antes. Así que pensé, bueno, ya sabéis, pensé que si yo ocupaba su plaza en su antiguo equipo... Da igual, bueno, a lo que iba... Pues eso, que nos habíamos quedado sin dinero y ya estábamos a punto de marcharnos cuando nos topamos con Tobias. Siempre he creído que Tobias era... es decir, sigue siendo, un chico bastante raro. Era nuevo en el colegio, pero no destacaba precisamente por ser un tipo duro, de modo que los demás no paraban de meterse con él. De hecho, cuando conocí a Tobias, tenía la cabeza metida en un retrete. Dos individuos grandotes lo sujetaban riéndose a carcajadas mientras tiraban de la cadena para ver cómo su cabello rubio y desordenado hacía torbellinos dentro de la taza. Les dije a aquel par de gamberros que se largaran y, a partir de ese momento, Tobias me consideró amigo suyo. - ¿Qué hay de nuevo?- preguntó Tobias. Yo me encogí de hombros. - No mucho. Nos íbamos ya para casa. - No nos queda ni un centavo- añadió Marco -. Hay gente que todavía no ha aprendido que el troll Malvado aparece justo después de cruzar el fiordo Nether, así que continúa perdiendo partidas y dinero.- Marco me señaló varias veces con el pulgar, por si a Tobias le quedaba alguna duda sobre a quién se refería al decir “gente”. - Quizá sea mejor que yo también me vaya con vosotros, chicos – dijo Tobias. Yo respondí que bueno, que por qué no. Nos dirigíamos ya hacia la salida cuando vi a Rachel y a Cassie. Rachel es bastante guapa, supongo. Bueno, vale, es muy guapa, aunque, como es mi prima, a mí no me lo parece tanto. Tiene el pelo rubio, los ojos azules y una mirada limpia y clara. Es una de esas personas que sabe qué ropa ponerse en todo momento. Siempre parece recién salida de una de esas revistas que tanto gustan a las chicas. Además es esbelta y elegante porque hace gimnasia, aunque ella se queja de que es demasiado alta para llegar a ser realmente buena. Cassie es todo lo contrario. Por ejemplo, siempre va vestida con tejanos y camisas de cuadros o alguna otra prenda informal. Es negra y casi siempre lleva el pelo muy corto. Hubo una época en la que se lo dejó largo, pero luego volvió a su estilo habitual, que es como a mí más me gusta. Cassie es más callada que Rachel, más tranquila, como si contemplara el mundo desde un punto de vista diferente, más místico. Podría decirse que me gusta Cassie. A veces nos sentamos juntos en el autobús, aunque nunca sé que decirle. - ¿Vais para casa, chicas?- le pregunté a Rachel -. Sería mejor que no atravesarais solas el descampado. Dos chicas andando solas por ahí... Había cometido un terrible error. Jamás debí haberle insinuado a Rachel que la creía débil o indefensa. Quizá parezca un figurín de una agencia de modelos pero lo cierto es que ella se tiene por uno de los Másters del Universo. - ¿Y qué piensas hacer, Superman? ¿Venir con nosotras para protegernos?- replicó -. Crees que corremos peligro sólo porque... - Yo preferiría que nos acompañaran –la interrumpió Cassie -. Ya sé que tú no le tienes miedo a nada, Rachel, pero yo sí. No había nada más que decir al respecto. Así es Cassie: siempre sabe encontrar las palabras adecuadas para rebatir cualquier argumento sin que nadie se sienta herido. De modo que allí estábamos el grupo al completo: Marco, Tobias, Rachel, Cassie y yo, cinco ratas de centro comercial que regresaban a casa. A veces todavía recuerdo aquel momento único, ese último instante en el que aún éramos chicos normales. Y tengo la sensación de que han transcurrido un montón de años, como si en realidad estuviera hablando de otra gente. ¿Queréis saber cuál era mi mayor preocupación? Tener que explicarle a Tom que no había conseguido entrar en el equipo. Ése era todo el miedo que me inspiraba la vida por aquel entonces. Cinco minutos después todo cambió y tuve motivos de sobra para preocuparme. Para llegar a casa, podíamos optar entre recorrer un camino largo y tortuoso, que era también el más seguro, o tomar un atajo a través de aquel descampado al que ya me he referido antes, con la esperanza de no tropezarnos con ningún asesino psicópata empuñando un hacha. Mamá y papá han jurado dejarme castigado hasta que cumpla los veinte si alguna vez se enteran de que paso por allí. Pues bien, cruzamos la carretera y entramos en el solar abandonado. Se trataba de una superficie bastante amplia, rodeada de árboles por dos de sus lados y separada del centro comercial por la autopista. Entre el solar y las casas más cercanas se extiende un gran descampado. Como ya podréis suponer se trata de un lugar muy solitario. Parece ser que, en un principio, iban a levantar allí el nuevo centro comercial. Pero luego todo quedó en un montón de edificios a medio construir que daban al lugar el aspecto de una ciudad fantasma. Había enormes pilas de vigas oxidadas: pirámides formadas por tubos gigantes de cemento; montículos de escombros; pozos profundos que se habían ido llenando de un agua cenagosa y oscura; y una grúa inestable a la que me subí una vez mientras Marco se quedaba abajo y se burlaba de mí. Era un lugar completamente desierto, repleto de sombras y sonidos que te ponían los pelos de punta. Cuando Marco y yo íbamos allí durante el día, siempre lo encontrábamos cubierto de latas de cerveza y botellas de licor. A veces, descubríamos restos de fogatas en las grietas y rincones ocultos de los edificios. Por eso sabíamos que había gente que iba allí a pasar la noche. Todos esos pensamientos acudían a mi mente a medida que nos adentrábamos en el solar con cautela. El primero en verlo fue Tobias. Mientras caminaba no había dejado de mirar al cielo. Supongo que se dedicaba a contemplar las estrellas o algo por el estilo. Ésa es una de las aficiones preferidas de Tobias: perderse en su propio mundo. De repente, se detuvo y señaló algo con el dedo, algo que debía encontrarse justo encima de nuestras cabezas. - ¡Mira!- dijo. - ¿Qué pasa? – No quería que nada me distrajera porque estaba casi seguro de haber oído a nuestras espaldas los pasos de un asesino empuñando una sierra mecánica. - Mira allí – repitió Tobias. Su voz sonaba extraña: sorprendida y al mismo tiempo solemne. Así que le obedecí y allí estaba: una luz azulada y brillante surcando el cielo, primero muy deprisa, demasiado para tratarse sólo de un avión, y luego cada vez más despacio. - ¿Qué es eso? Tobias negó con la cabeza. - No lo sé. Miré a Tobias y él me miró a mí. Ambos pensábamos lo mismo, pero ninguno de los dos se atrevía a decirlo. Pensábamos que Marco y Rachel se reirían. Sin embargo, Cassie no dudó en expresarlo con toda claridad: - ¡Es un platillo volante! Capitulo 2
Spoiler
- ¿Un platillo volante?- repitió Marco. Y, como suponíamos, se empezó a reír... hasta que miró hacia arriba.
Notaba cómo el corazón me golpeaba dentro del pecho. Me sentía extraño, nervioso y asustado al mismo tiempo. - Viene hacia aquí –anunció Rachel. - Es difícil de saber – logré decir yo a duras penas. Tenía la boca seca. - No, sí que viene hacia aquí – sentenció Rachel. Siempre habla de un modo tajante, como si nadie pudiera rebatir lo que dice. Por desgracia, tenía razón. Sea lo que fuere aquella cosa, se acercaba cada vez más a nosotros y su velocidad iba disminuyendo, así que podía ver como era sin ningún problema. - No es exactamente un platillo volante – dije. En primer lugar, no era lo bastante grande. Tenía más o menos el tamaño de un autobús escolar. Por delante era como una vaina ahuevada. De la parte posterior de la vaina emergía una especie de mástil largo y estrecho. También tenía una especie de alas curvadas y planas y en el extremo de ambas sobresalía un tubo largo que desprendía una luz azul muy brillante. Lo cierto es que era incluso bonita, una nave espacial tan pequeña. Lo que quiero decir es que parecía inofensiva, vosotros ya me entendéis. Lo malo es que también tenía una especie de cola de aspecto amenazador, curvada hacia arriba y hacia delante, que iba estrechándose hasta acabar en una punta afilada y fina como la de una aguja. - Esa cosa con forma de aguijón- dije -, parece un arma. - Pues sí- asintió Marco. La nave espacial siguió acercándose cada vez más despacio. - Está frenando- explicó Rachel. En su voz percibí el mismo tono extraño e irreal que había notado antes en la mía, como si no pudiéramos creer lo que veían nuestros ojos. O no quisiéramos creerlo. - Me parece que nos ha visto- opinó Marco- ¿No creéis que sería mejor empezar a correr cuanto antes? Así nos daría tiempo de ir corriendo a casa y regresar aquí con una cámara. ¿Sabéis cuánto dinero podríamos sacar por un vídeo de un ovni auténtico? - Si corremos, es posible que ellos... no sé, que decidan activar su fásers a la máxima potencia y eliminarnos- contesté yo. Sólo era una broma. O, por lo menos, ésa, era la intención. - Sólo hay fásers en Star Trek- rezongó Marco poniendo los ojos en blanco, como siempre hace cuando piensa que acabo de decir una tontería. Lo que faltaba. Como si él fuera todo un experto en naves espaciales alienígenas. La nave se detuvo y permaneció suspendida justo encima de nuestras cabezas, a unos trescientos metros. Sentí cómo se me erizaba el cabello. Cuando miré a Rachel casi me pareció divertido ver su pelo largo y rubio apuntando en todas direcciones. La única que permanecía inmutable era Cassie. - ¿Qué crees que puede ser?- preguntó Marco. Una vez que aquella máquina se había acercado, la voz le temblaba un poco. Ya no estaba tan tranquilo como antes. A decir verdad, yo también estaba algo asustado. Para ser exactos, el miedo me paralizaba. Pero, al mismo tiempo, pensaba que era lo más emocionante que me había sucedido nunca. Imaginaos, ¡una nave espacial! Y estaba allí parada justo encima de nosotros. Tobias, por su parte, no dejaba de sonreír. Así es él: no es el misterio lo que le da miedo, sino las cosas normales. - Me parece que va a aterrizar.- comentó con una sonrisa de oreja a oreja. Los ojos le brillaban de la emoción y sus mechones rubios se habían puesto de punta. La nave comenzó a descender. - ¡Se nos echa encima!- exclamé. Tuve que luchar contra el impulso de ponerme a gritar y cruzar el descampado a toda marcha hasta llegar a casa, donde podría acurrucarme en la cama y taparme la cabeza con las mantas. Pero a la vez era consciente de que lo que estaba ocurriendo era algo insólito e importante y que debía quedarme para verlo hasta el final. Creo que los demás sentían lo mismo, porque nadie se movió de su sitio mientras la nave emitía extraños zumbidos envuelta en un halo de luz resplandeciente, y se disponía a tomar tierra entre montones de basura y las paredes derruidas. Me di cuenta de que a lo largo de la franja superior de la vaina destacaban una serie de marcas de color oscuro que parecían huellas de quemaduras. Parte de la capa que la recubría se había fundido. Al entrar en contacto con el suelo, las luces de color azul se apagaron de inmediato y el cabello de Rachel volvió a caer sobre sus hombros. - Es muy grande, ¿verdad?- susurró Rachel. - Debe ser... - dije intentando pensar en algo- como tres o cuatro veces nuestra camioneta. - Tendríamos que contárselo a alguien- sugirió Marco.- Esto es demasiado importante, ¿no os parece? No todos los días aterriza una nave espacial en un solar abandonado. Deberíamos llamar a la poli, al ejército, al presidente o a todo el mundo. Nos haríamos famosos. Seguro que saldríamos hasta en la tele. - Sí, tienes razón- contesté -. Habría que llamar a alguien. Sin embargo, nadie hizo el menor movimiento, ninguno de nosotros tenía intención de alejarse de la nave. - Estoy pensando que tal vez podríamos hablar con ellos- propuso Rachel. Tenía los brazos en jarras y estudiaba la nave como si se tratase de un rompecabezas que tuviera que resolver -. Deberíamos intentar comunicarnos con ellos de algún modo. Tobias asintió, dio un paso adelante y tendió las manos. Imagino que con ese gesto pretendía demostrar a quienquiera que hubiera dentro de la nave que no llevábamos ningún tipo de arma ni nada parecido. - No temáis- dijo en voz alta y clara -. No os vamos a hacer ningún daño. - ¿Crees que hablan nuestro idioma?- inquirí yo. - Bueno, en Star Trek lo habla todo el mundo – respondió Cassie con una risita nerviosa. Tobias volvió a intentarlo. - Por favor, salid. No os haremos daño. < Ya lo sabemos> Me quedé helado. Sí, había oído que alguien decía “ya lo sabemos”, pero lo cierto es que... que no se había producido el menor sonido. Es decir, que lo había oído pero sin llegar a oírlo en realidad. A lo mejor todo aquello no era más que un sueño. Miré a Cassie de reojo y ella me miró a mí. Nuestras miradas se encontraron. Ella también lo había oído. Luego miré a Rachel, que no cesaba de mover la cabeza de un lado a otro, intentando descubrir de dónde procedía aquel sonido, que en el fondo no era tal. Sentía el estómago revuelto, como si estuviera mareado. - ¿Todos lo habéis oído?- susurró Tobias. Todos asentimos a un tiempo, muy lentamente. - ¿Podéis salir?- preguntó Tobias en aquel tono que, por lo que yo sabía, sólo utilizaba para hablar con los extraterrestres. < Sí, no tengáis miedo. > - No tenemos miedo.- respondió Tobias. - Habla por ti- murmuré. Los demás sólo emitieron pequeñas risas nerviosas. Apareció una estrecha franja luminosa y, al mismo tiempo una puerta en el lado más liso de la vaina. Yo estaba completamente hipnotizado y me limité a contemplarla, a la espera de los acontecimientos. El proceso de apertura siguió y la franja luminosa evolucionó desde la fase de luna creciente hasta convertirse en un disco redondo y brillante. Y entonces apareció él. Mi primera impresión fue que alguien había agarrado a una persona y a un ciervo y los había fusionado. La cabeza, los hombros y los brazos de aquella criatura eran más o menos como cabía esperar, aunque su piel tenía un tono más bien azulado. Pero la parte inferior de su cuerpo estaba cubierta de un pelaje entre azul y canela que se extendía también a las cuatro patas, lo que le daba un aspecto de ciervo, o más exactamente, de caballo pequeño. Agachó la cabeza al pasar por la puerta y pude comprobar que incluso la parte de su cuerpo que parecía más normal en realidad no lo era tanto. Para empezar, en lugar de boca tenía sólo tres ranuras verticales. Y luego los ojos: dos ocupaban el lugar que les correspondía, aunque el resplandor verdoso que despedían resultaba más bien desagradable. Pero eso no era nada comparado con el susto que uno se llevaba en reparar en los otros ojos: uno en cada extremo de aquellos dos cuernos que se movían adelante y atrás, arriba y abajo, escudriñándolo todo. Creí advertir algo maligno en aquellos ojos, y eso que aún no había visto la cola, gruesa y amenazante, como la de un escorpión. Al final de la misma, y curvado de un modo perverso, se veía un cuerno o aguijón muy puntiagudo que me recordó al de la nave, que también nos había parecido bonita e inofensiva hasta que descubrimos la cola. A primera vista, el extraterrestre tenía ese mismo aspecto pacífico. Entonces uno se fijaba en aquella cola y pensaba: “Vaya, este tipo podría hacer daño de verdad si se lo propusiera.” - Hola- saludó Tobias. Había dulzura en su voz, como si se dirigiera a un niño pequeño, y su sonrisa no había desaparecido. Me di cuenta de que yo también sonreía y de que mis ojos estaban llenos de lágrimas. La verdad es que no puedo explicaros cómo me sentía, pero sí os diré que tuve la impresión de conocer al alienígena de toda la vida, como si se tratara de un viejo amigo al que no veía desde hacía mucho tiempo. < Hola> respondió el extraterrestre de aquel modo silencioso que sólo podía escucharse dentro de la mente. - Hola- fue nuestra respuesta a nuestro saludo. Para mi sorpresa, el alienígena se tambaleó y cayó al suelo desde la nave. Tobias intentó levantarlo y ponerlo de pie pero se le escurrió y volvió a desplomarse en medio de toda aquella basura. - ¡Mirad!- gritó Cassie y señaló una quemadura que cubría la mitad del costado derecho del extraterrestre.- Está herido. < Sí. Me muero >, dijo él. - ¿Hay algo que podamos hacer por ti, llamar a una ambulancia, o a quien sea?- preguntó Marco. - Podríamos vendarle la herida- le propuso Cassie.- Jake, dame tu camisa. La rasgaremos en pedazos y fabricaremos las vendas. Los padres de Cassie son veterinarios y por eso sabe perfectamente cómo tratar a los animales. Bueno, no es que aquella criatura fuera un animal. Al menos, no del todo. < No. Voy a morir. La herida es mortal. > - ¡No!- grité -. No puedes morirte. Eres el primer extraterrestre que viene a la Tierra. No te puedes morir. No sé por qué estaba tan alterado. Sólo sé que en lo más profundo de mí sentía un gran dolor al pensar que se moría. < No soy el primero. Hay otros, muchos otros. > - ¿Otros extraterrestres? ¿Cómo tú?- preguntó Tobias. El alienígena movió la cabeza de un lado a otro muy despacio. < No son como yo. > Entonces profirió un quejido de dolor, un sonido silencioso cuyo eco se repitió de una forma espantosa dentro de mi cabeza. Por un momento, pude sentir como la vida estaba huyendo de él. < No son como yo- repitió -. Son distintos. > - ¿Distintos? ¿Cómo de distintos?- le pregunté a mi vez. Siempre recordaré su respuesta. Dijo: < Han venido a destruiros. > Capitulo 3
Spoiler
< Han venido a destruiros. >
Por extraño que parezca, ninguno dudó de sus palabras, estábamos convencidos de que decía la verdad, así de simple. A nadie se le ocurrió contestar: “¡y qué más!” o “¡te lo acabas de inventar!”. Lo sabíamos, eso es todo. Se estaba muriendo e intentaba avisarnos de que algo terrible estaba a punto de suceder. < Se llaman yeerks. Son distintos a nosotros. Y también a vosotros. > - ¿Quieres decir que ya han llegado a la Tierra? < Muchos ya están aquí. Cientos de ellos, incluso más. > contestó. - ¿Cómo es que nadie ha notado su presencia?- preguntó Marco, echando mano de la lógica -. Alguien lo habría mencionado en la escuela. < No lo entendéis. Los yeerks son diferentes. No tienen cuerpo, como vosotros o como yo. Viven en los cuerpos de otras especies. Son... > Hacía un esfuerzo por encontrar la palabra adecuada para definir lo que eran los yeerks, así que cerró los ojos y pareció concentrarse. De repente, una imagen brillante invadió mi mente, una cosa resbaladiza de un color verde grisáceo y más o menos del tamaño de una rata. Era una visión desagradable. - Supongo que eso era un yeerk – resolvió Marco -. Eso o un chicle viscoso de tamaño gigante. < Son casi inofensivos si no consiguen un huésped. Son... > De pronto sentimos una oleada de dolor proveniente del extraterrestre, acompañado de una enorme tristeza. Era consciente de que su tiempo se estaba agotando. < Los yeerks son parásitos. Tienen que hallar un huésped en el que habitar. Bajo esa forma se los conoce como “controladores”. Penetran en el cerebro y son absorbidos por él. De esa manera, se hacen con el control de los pensamientos y sentimientos del individuo. Procuran que éste los acepte por propia voluntad, porque eso les facilita el trabajo. Si no lo consiguen, es posible que el huésped oponga resistencia, al menos durante un tiempo. > - ¿Estás diciendo que se introducen en los seres humanos?- inquirió Rachel -. ¿Qué poseen a la gente?, ¿qué controlan sus cuerpos? - Mira, esto es muy serio – añadí -. No deberías decírnoslo a nosotros. Sólo somos unos chicos, ¿sabes? De este tipo de cosas hay que informar al gobierno. < Teníamos la esperanza de poder detenerlos – continuó el alienígena -. Un enjambre de cazas-insecto esperaban a nuestra nave nodriza a la salida del hiperespacio. Sabíamos que su nave base estaba cerca y estábamos preparados. Sin embargo, los yeerks nos atacaron por sorpresa; tenían oculta una potente nave-espada en uno de los cráteres de la vuestra luna. Luchamos... pero nos derrotaron. Me han seguido hasta aquí. No tardaran en llegar para eliminar todo rastro de mí de mi nave. > - ¿Cómo pueden hacer eso?- quiso saber Cassie. Los ojos del extraterrestre parecieron sonreír. < Los cañones de rayos dragón de sus cazas no dejarán tras de sí más que una pocas moléculas de la nave y de mí – respondió -. He enviado un mensaje a mi planeta. Nosotros, los andalitas, combatimos a los yeerks allá donde se encuentren. Mi gente enviará ayuda, pero hasta entonces puede transcurrir un año, tal vez más, y para entonces los yeerks podrían haberse apoderado ya de vuestro planeta. Si lo logran, nada les detendrá. Debéis contárselo a vuestro pueblo. Debéis advertirles del peligro. > Un nuevo espasmo de dolor recorrió su cuerpo y todos supimos que su fin se hallaba próximo. - Nadie nos creerá – declaró Marco en tono desesperanzado. Me miró e hizo un gesto negativo con la cabeza -. No tenemos nada que hacer. Tenía toda la razón. Si aquellos yeerks iban a borrar todo rastro de la nave del andalita ¿cómo demonios íbamos a convencer a la gente? Nos tomarían por drogadictos o por chiflados. - Me da igual que él piense que va a morir, tenemos que hacer todo lo posible por ayudarle – resolvió Rachel- Podríamos llevarlo a un hospital. O quizás que lo vean los padres de Cassie... < No hay tiempo. No hay tiempo- la interrumpió el andalita. Entonces sus ojos se iluminaron -. Tal vez si... > - ¿Qué? < Id a la nave. Allí veréis una caja lisa de color azul. Traédmela, ¡rápido! Me queda poco tiempo y los yeerks no tardarán en encontrarme. > Nos miramos unos a otros. ¿ Quién iba a ser el guapo que entrara en la nave? No sé por qué pero, al parecer, todos habían decidido que yo sería el afortunado. Lo cierto es que no lo tenía demasiado claro, pero los demás sí. - Adelante- me animó Tobias- Yo me quedaré con él. Se arrodilló junto al andalita y, en un gesto de consuelo, puso una de sus manos sobre el frágil hombro del extraterrestre. Dirigí la vista hacia la puerta de acceso a la nave y luego miré a Cassie. - Ve- me ordenó con una sonrisa -. Sé que no tienes miedo. Se equivocaba. Estaba bastante asustado, pero su sonrisa me desarmó; no podía decepcionarla. Recorrí la distancia que me separaba de la puerta de la nave y eché un vistazo a su interior. Era de una simplicidad sorprendente y ofrecía un aspecto casi acogedor. Todo lo que allí había era de color crema con bordes redondeados y de forma más bien ovalada. Ésa fue una de las razones que me permitió descubrir la caja con tanta rapidez. Se trataba de un objeto cuadrado de color azul y unos diez centímetros de base. Para ser tan pequeño, parecía bastante pesado. Me introduje en la nave. No había una sola silla dentro, sólo un pequeño espacio abierto donde supuse que el andalita permanecería erguido sobre sus cuatro patas mientras manejaba los mandos. Aunque lo cierto es que no había demasiados botones ni nada por el estilo, por lo que me pregunté si el extraterrestre no dirigiría la nave con el pensamiento. Agarré la caja a toda prisa y estaba a punto de salir cuando algo me llamó la atención. Era una pequeña fotografía tridimensional de cuatro andalitas, lo que la hacía parecer más bien una instantánea tomada en una extraña reunión de ciervos con rostro solemne. Por su corta estatura, deduje que dos de ellos debían de ser niños. Comprendí que se trataba de un retrato de la familia del andalita. Me embargó una profunda tristeza al pensar que allí estaba él, muriéndose, a un millón de kilómetros de su familia. Muriendo en su intento por proteger a los habitantes de la Tierra. Sentí una punzada de cólera contra los yeerks, o controladores, o lo que fuesen, por ser los responsables de todo aquello. Regresé a donde estaban mis amigos. - Aquí tienes la caja- le dije al andalita. < Gracias. > - Yo, er... ¿es ésa tu familia? ¿La de la foto? <Sí. > - Lo siento de veras. – añadí. ¿Qué otra cosa podía decir? < Hay algo que sí puedo hacer para ayudaros a combatir a los yeerks. > Nos miramos entre nosotros. Todos excepto Tobias, que en ningún momento apartó la vista del extraterrestre. < Si lo deseáis, puedo dotaros de unos poderes que ningún ser humano ha poseído jamás. > ¿Poderes? ¿Qué había querido decir con aquello? < Se trata de un avance de la tecnología andalita que los yeerks todavía no poseen- explicó el alienígena -. Una tecnología que nos da la facultad de pasar inadvertidos en muchos lugares del universo: el poder de mutación. Jamás lo hemos compartido con nadie, pero a vosotros os va a hacer mucha falta. > - ¿Mutarnos? ¿Mutar el qué?- inquirió Rachel empequeñeciendo los ojos. < Mutar vuestros cuerpos- contestó el andalita -. Transformaros en un ser de otra especie, en cualquier otro animal. > A Marco se le escapó una risa burlona. - ¿Convertirnos en animales? Marco no es precisamente la persona más crédula del mundo. < Sólo tenéis que tocar a la criatura en cuestión para adquirir el patrón de su ADN, y seréis capaces de transformaros en ella. Requiere concentración y decisión pero, si sois fuertes, podéis hacerlo. Es verdad que esa facultad conlleva ciertas limitaciones: problemas, incluso peligros. Pero ahora no hay tiempo para más explicaciones... Deberéis aprenderlo por vuestra cuenta. ¿Deseáis recibir el problema del que os hablo? > - Está de broma ¿verdad?- se mofó Marco. - No- respondió Tobias en voz baja -. Habla muy en serio. - ¿Os habéis vuelto todos locos?- protestó Marco -. Todo este asunto es una locura. ¿Yeerks y naves espaciales y babosas que se apoderan del cerebro de la gente y andalitas y el poder de convertirse en animales? ¡Venga ya! - Sí, la verdad es que cuesta de creer- reconocí. - Yo creo que ya hemos superado con creces los límites de la realidad- afirmó Rachel -. Así que, a menos que todos estemos soñando, sería mejor decidir lo que vamos a hacer al respecto. - Se está muriendo – nos recordó Tobias. - Yo voy a hacerlo – manifestó Cassie, para sorpresa mía. Por lo general, no es tan rápida tomando decisiones. Supongo que, como Tobias, confiaba en el andalita. - Hay que tomar una decisión de manera conjunta – sugerí yo- Y respetarla, sea cual sea. - ¿Qué es eso? – preguntó Rachel mirando hacia las estrellas. Allá en lo alto, muy por encima de nuestras cabezas, dos minúsculos puntos de luz roja brillante atravesaban raudos el firmamento. < Yeerks. > El andalita pronunció con odio aquella palabra en nuestras mentes. Capitulo 4
Spoiler
< Yeerks. >
Los dos puntos de luz redujeron la velocidad, describieron un círculo y se dirigieron hacia el lugar donde nos encontrábamos. < Ya no queda más tiempo. Debéis tomar una decisión. > - Es lo único que podemos hacer – les insistió Tobias - ¿Cómo si no vamos a detener a esos controladores? - ¡No sabes lo que dices! – exclamó Marco -. Es una locura. - Necesitaría más tiempo para tomar una decisión, pero no es posible – declaró Rachel -. Yo digo que lo hagamos. - ¿Y tú, Jake? – me preguntó Cassie. De pronto, me sentí muy solo. ¿Es que pretendían que decidiera yo por todos? Miré hacia arriba, en dirección a las naves de los yeerks. ¿Cómo los había llamado el andalita? ¿Cazas-insecto? Se aproximaban cada vez más a nosotros, como perros que olfatean un rastro. Mis ojos se posaron en el andalita y volví a recordar la foto de su familia. ¿Se enterarían alguna vez de lo que le había sucedido? Luego miré una por una a la gente que me rodeaba: Marco, mi mejor amigo, siempre tan divertido aunque a veces algo pesado; Rachel, mi inteligente y guapa prima, tan segura de sí misma; y Cassie, a quien, como era bien sabido, le gustaban más los animales que la mayoría de las personas. Por último, miré a Tobias. Fue extraña la sensación que me recorrió en aquel momento mientras lo contemplaba: algo parecido a un escalofrío. - Tenemos que hacerlo – dijo. Asentí lentamente. - Sí. No hay más remedio. < Entonces, que cada uno de vosotros presione con la mano uno de los lados de la caja. > Así lo hicimos: cada mano apretó una cara diferente de la caja y, luego, la mano número seis, una mano muy diferente a las nuestras, con más dedos de los necesarios, hizo lo mismo. < No tengáis miedo >, nos tranquilizó el andalita. Algo similar a una descarga eléctrica, sólo que mucho más agradable, atravesó todo mi cuerpo. Fue como un hormigueo que casi me hizo reír. < Ahora iros– ordenó el andalita -. Pero hay algo que debéis recordar: nunca permanezcáis en forma de animal durante más de dos horas terrestres. ¡Nunca! ¡Correríais un gran peligro! Si lo hacéis, quedaréis atrapados y jamás podréis recuperar vuestra apariencia humana. > - Dos horas – repetí yo. Un gran temor asaltó de pronto la conciencia del andalita. Unido como estaba a él, percibí aquel terror que ascendía muy despacio por mi espina dorsal. El extraterrestre miraba fijamente el cielo con sus ojos centrales. Allí arriba había algo más aparte de cazas-insecto. < Es Visser Tres y viene hacia aquí. > - ¿Qué?- Aquel miedo desconocido me hacía temblar -. ¿Qué es un Visser? ¿Quiénes son? < Ahora marchaos. ¡Corred! Visser Tres ha llegado. Será vuestro enemigo mortal. De entre todos lo yeerks, él es el único que tiene el poder de transformarse. El mismo poder que poseéis vosotros ahora. Corred. > - No, no te dejaremos solo – replicó Rachel con firmeza. – Quizá todavía podamos detenerle. El alienígena volvió a sonreírnos con los ojos. < No. Debéis poneros a salvo. ¡Salvaos y salvad también vuestro planeta! Los yeerks ya han llegado. > Elevamos la vista al cielo, estirando el cuello. No cabía ninguna duda: los dos puntos de luz roja descendían a toda velocidad y se les había unido una tercera nave que las superaba en tamaño y era negra como una sombra en la noche oscura. - Pero ¿cómo vamos a luchar contra... contra esos controladores? – insistió Rachel. < Tendréis que hallar el modo. ¡Ahora corred! > La fuerza con que había dado la orden me hizo dar un brinco. - Tiene razón. ¡Corramos! – grité. Echamos a correr. Todos excepto Tobias, que seguía arrodillado junto al andalita y lo agarraba de la mano. El extraterrestre le puso la que quedaba libre sobre la cabeza y Tobias se inclinó hacia atrás, como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Luego él también se levantó y echó a correr, tropezando con los agujeros y la basura que sembraban todo el solar. Un rayo de luz roja cayó sobre el lugar. Se trataba del reflector de uno de los cazas. La luz iluminó por completo al andalita caído y su nave. Un nuevo foco fue activado desde el segundo caza y el andalita brilló con la intensidad de una estrella. Sin perder tiempo me tiré al suelo y caí con un golpe seco entre la basura. Me di cuenta de que una de mis piernas quedaba dentro del círculo de luz procedente del reflector. La aparté enseguida y me arrastré a toda prisa sobre las piedras, notando cómo los cantos afilados me arañaban las rodillas y los codos. Los cinco nos agazapamos detrás de una pared baja y semiderruida, no nos atrevíamos a movernos o a mirar, ni tampoco a perderla de vista. Los cazas-insecto descendieron lentamente. Eran fáciles deducir el porqué de aquel nombre: eran algo más grandes que la nave del andalita y recordaban a una cucaracha sin patas. Había unas pequeñas ventanas en el morro inclinado de la nave y a ambos lados de la cabeza se veían dos arpones dentados muy largos y puntiagudos. Los cazas yeerks aterrizaron, uno a cada lado de la nave andalita. - No quiero seguir con esta pesadilla – susurró Marco con voz temblorosa -. Ya he tenido bastante. La nave de mayor tamaño inició el descenso. No sabía por qué pero, a medida que se acercaba, empecé a notar que me faltaba la respiración. Intenté inspirar profundamente pero me fue imposible. Intenté tragar, sin conseguirlo. Sentía deseos de echar a correr, pero mis piernas parecían gelatina. Nunca antes había tenido tanto miedo y temblaba de forma incontrolada. Era el mismo terror que había experimentado el andalita cuando captó la presencia de Visser Tres. La nave se dispuso a tomar tierra. Daba la impresión de querer hacerlo justo encima de una vieja excavadora oxidada que había aparcada allí. Sin embargo, al tiempo que se aproximaba al suelo, la excavadora comenzó a desintegrarse en medio de un chisporroteo hasta que por fin desapareció. La nave de Visser Tres recordaba a un arma antigua, una de aquellas hachas dobles, que los caballeros medievales usaban en las batallas para cortar de un tajo las cabezas de sus enemigos. Estaba compuesta por una zona principal semejante el mango de un hacha y en cuya parte delantera destacaba una punta triangular de gran tamaño, debía de tratarse del puente de mando. En la parte de atrás se divisaban dos enormes alas en forma de cimitarra. Era ocho o diez veces mayor que los cazas- insecto. La nave- espada aterrizó y se abrió una puerta. Cassie comenzó a gritar y tuve que taparle la boca con la mano. Saltaron a tierra, y el aire se agitó a su alrededor como si al traspasarlo lo cortaran en dos. Aquellas criaturas parecían armas dotadas de vida. Se sostenían sobre un par de piernas dobladas hacia atrás y tenían dos brazos muy largos. En cada brazo llevaban incorporadas una serie de cuchillas en forma de hoz que surgían de sus muñecas y codos. Esas mismas hojas afiladas también aparecían en las rodillas y en la punta de la cola. Sus pies eran similares a los de un Tyrannosaurus Rex. Sin embargo, lo que más llamaba la atención era su cabeza: el cuello tenía forma de serpiente, la boca era casi idéntica al pico de un halcón y de la frente le brotaban tres cuernos semejantes a dagas. < Controladores hork-bajir. > Di un salto al oír de nuevo las palabras del andalita en mi cabeza. Sonaron más débiles que antes, en ellas se traslucía el cansancio, como alguien que gritara para hacerse oír desde un lugar muy lejano. - ¿Chicos, habéis...?- pregunté. - Sí – asintió Rachel. < Los hork-bajir son buena gente, a pesar de su temible aspecto – explicó el andalita.- Pero los yeerks los han convertido en sus esclavos. Ahora mismo cada uno de ellos lleva un yeerk en la cabeza. En realidad son dignos de compasión. > - Compasión. ¡Lo que faltaba! – protestó Rachel inflexible. – Son máquinas de matar ambulantes. ¡No hay más que verlos! Sin embargo, nuestra atención se desvió hacia una nueva forma de vida que surgió de la nave arrastrándose con movimientos vibratorios y oscilantes. <Controladores taxxonitas>, observó el andalita. Comprendí que intentaba darnos toda la información de la que disponía, hasta que llegara su final. Intentaba prepararnos para lo que nos aguardaba. < Los taxxonitas son malos. > - No hace falta que lo jures – murmuró Marco -. Creo que yo solito ya me habría dado cuenta. Recordaban a unos ciempiés gigantes. De largo medían más de tres metros y eran tan anchos que si alguien quisiera abrazarlos, no lograría abarcar ni la mitad de su cuerpo. Aunque dudo mucho que nadie sienta deseos de hacer algo por el estilo. Tenían decenas de patas que sostenían dos terceras partes de su cuerpo. El tercio restante permanecía erguido y, a lo largo del mismo, las hileras de patas disminuían de tamaño y acababan en una especie de manos que más parecían pinzas de langostas. Rodeando la parte superior de aquellos repugnantes cuerpos tubulares había cuatro glóbulos de gelatina roja y bamboleante, los ojos. En el extremo más superior estaba la boca, redonda y plagada de cientos de dientes minúsculos. Una multitud de hork-bajir y taxxonitas salieron de la nave-espada y se desplegaron por toda la zona como marines bien entrenados. Empuñaban unos pequeños objetos, del tamaño de una pistola que, sin duda alguna, constituían sus armas. Formaron un círculo alrededor del andalita y su nave. De repente, uno de los hork-bajir vino directamente hacia nosotros. Dio un salto y, prácticamente se nos echó encima. Yo me abracé a los cascotes como si me fuera la vida en ello. Hubiese dado cualquier cosa por poder esconderme bajo tierra. Por un instante, conseguí ver la cara de Marco: tenía los ojos muy abiertos, y sus labios se ensanchaban en lo que, a primera vista, hubiera podido tomarse por una sonrisa, pero que en realidad era una expresión de profundo terror. capitulo 5
Spoiler
El hork-bajir apuntó a la oscuridad con su arma, o lo que fuera aquello. Su cabeza de serpiente oscilaba con brusquedad de un lado a otro, en un esfuerzo por penetrar en las sombras.
< ¡Silencio! –nos advirtió el andalita -. Los hork-bajir no ven bien en la oscuridad, sin embargo tienen un oído muy fino. > El hork-bajir se aproximó más. Se encontraba ya a tan solo dos metros de distancia. Aquella pared baja era lo único que se interponía entre él y nosotros. Tuvo que oír los latidos de mi corazón. Quizá no reconoció el sonido que hacían cinco chicos aterrorizados de rodillas temblorosas y cuyos dientes no paraban de castañear. Unos chicos de respiración entrecortada y jadeante. En aquel momento estaba seguro de que iba a morir. Imaginaba el instante en que aquellas cuchillas despiadadas que surgían de sus muñecas y los codos me separarían la cabeza del tronco. Si sois de los que nunca han pasado miedo de verdad, debéis saber que a veces lo que ocurre escapa a todo control: se apodera por completo de vuestra mente y vuestro cuerpo. Sientes deseos de gritar, de salir corriendo, de orinarte en los pantalones y echarte al suelo llorando y suplicando: “por favor, te lo ruego, por favor no me mates”. Si os consideráis valientes, bueno, esperad a ser presas del terror, a sólo unos metros de distancia de un monstruo que puede convertiros en picadillo en menos que canta un gallo. Entonces, las palabras del andalita volvieron a sonar en mi mente. < Valor, amigos míos. > Y en esa ocasión su voz provocó en mí... no encuentro palabras para explicarlo. Su calidez me llenó por dentro, como cuando eres pequeño y tienes una pesadilla horrible y te despiertas gritando y tu padre o tu madre encienden la luz y se sientan a tu lado en la cama. Así me sentí yo entonces. El miedo no había desaparecido. El hork-bajir continuaba allí, tan real y mortífero como antes. Le oía respirar y hasta podía olerle. Pero, al mismo tiempo, notaba como el pánico iba disminuyendo hasta quedar bajo control. Sentía que la fuerza fluía hasta mí desde el desafortunado andalita, que nos cedía parte de su valor a pesar de que él también estaba asustado. El hork-bajir se alejó. Algo más estaba a punto de salir de la nave-espada. Tembloroso y haciendo un esfuerzo por contener el castañeo de mis dientes, me incorporé lo suficiente para mirar por encima del muro. Todos los hork-bajir y los taxxonitas se habían girado de cara a la nave. - Están todos en posición de firmes –murmuré yo. - ¿ Y tú cómo lo sabes?- susurró a su vez Marco -. ¿Cómo vas a saber si un ciempiés de ojos gelatinosos o una maldita picadora de carne ambulante están en posición de firmes? Entonces apareció él. ¡Él! < Visser Tres >, anunció el andalita. Visser Tres era un andalita. O, al menos, era el controlador de un andalita. - ¿Qué diablos...? –exclamó Rachel -. ¿No es eso un andalita? < Sólo en una ocasión ha conseguido un yeerk introducirse en un cuerpo andalita – explicó el extraterrestre -. Únicamente existe un controlador andalita y ese es Visser Tres. > Visser Tres se dirigió con paso seguro hacia el lugar en que se hallaba el andalita herido. Eran tan parecidos que al principio costaba distinguirlos. Tenía la misma cara sin boca; los mismos ojos acechantes adicionales que se movían de un lado a otro, escudriñando en todas direcciones; el mismo cuerpo poderoso cubierto de piel brillante que se sostenía sobre cuatro patas; y el mismo aguijón amenazador. Pero si Visser Tres tenía el aspecto de un andalita normal, la sensación que producía era diferente. Daba la impresión de llevar puesta una máscara, era fácil adivinar que debajo de aquella falsa amabilidad se escondía un ser perverso y vil. < Vaya, vaya >, dijo Visser Tres. Casi me da un ataque al percatarme de que estaba oyendo sus pensamientos. - ¿Puede oír nuestros pensamientos? – susurró Cassie. - Si puede hacerlo, estamos perdidos – le contestó Rachel. < No puede oírlos –respondió el andalita -. Al menos mientras no vayan dirigidos a él. Vosotros escucháis los suyos porque él los emite para que los demás los oigan. Ésta es una gran victoria para él y por eso desea que todos se enteren. > <¿Qué tenemos aquí? ¿A un andalita entrometido? – Visser Tres observó más de cerca la nave del andalita -. Ah, pero no a un guerrero andalita común y corriente, sino al príncipe Elfalngor- Sirinial- Shamtul, si no me equivoco. Es un honor conocerte. Eres toda una leyenda. ¿Cuántos de nuestros cazas has reducido a polvo? ¿Siete? ¿O eran ya ocho al finalizar la batalla? > El andalita no contestó, no obstante, hubiera jurado que habían sido más de ocho. < El último andalita que queda en este sector del espacio. Me temo que vuestra nave nodriza ha sido completamente destruida. Sí, sí, completamente. Yo mismo vi cómo se incendiaba al entrar en contacto con la atmósfera de este pequeño planeta. > < Vendrán otros>, respondió el príncipe andalita. Visser Tres dio otro paso hacia el andalita. < Sí, pero cuando lo hagan ya será demasiado tarde. Este mundo será mío. Será mi contribución al Imperio Yeerk. Entonces me convertiré en Visser Uno. > < ¿Qué queréis de los humanos? – preguntó el andalita -. Los taxxonitas son vuestros aliados, y ya tenéis a los hork-bajir como esclavos, aparte de otros muchos habitantes de distintos planetas. ¿Por qué esta gente? > < Porque son muchos y débiles –respondió Visser Tres con desprecio -. ¡Millones de cuerpos! Y no tienen ni la más remota idea de lo que está pasando. Con tantos huéspedes, podremos propagarnos por todo el universo. ¡Nadie logrará detenernos! Seremos miles de millones. Será necesario construir nuevos estanques si queremos que haya yeerks suficientes para ocupar sólo la mitad de esos cuerpos. Admítelo, andalita, has luchado mucho y con coraje, pero has perdido. > Visser Tres llegó a la altura del andalita. Yo percibía el miedo del príncipe quien, en lugar de rendirse al miedo, luchó contra el dolor que le causaba la herida y consiguió incorporarse. Sabía que iba a morir y quería hacerlo de pie, mirando a su enemigo cara a cara. Pero Visser Tres aún no había acabado. < Hay algo que si puedo prometerte, príncipe Elfangor: cuando hayamos conquistado este planeta, con su espléndida cosecha de cuerpos, pondremos rumbo al mundo andalita. “ Yo mismo me encargaré de buscar a tu familia hasta darles caza y me ocuparé personalmente de que mis lugartenientes más fieles sean introducidos en sus cabezas. Espero que opongan resistencia para poder disfrutar oyendo cómo gritan sus mentes. > ¡Entonces el andalita atacó! Movió su cola hacia delante con tal rapidez que en realidad nadie pudo verla. Visser echó la cabeza hacia un lado y el aguijón del andalita falló su objetivo por escasos milímetros. Sin embargo, sí consiguió incrustarse en su hombro y de la herida comenzó a brotar algo parecido a la sangre. - ¡Bien! – le animé yo con un siseo. < ¡Aaaaaarrrrrg! >, bramó de dolor Visser Tres en mi cabeza. Al mismo tiempo, la cola de la nave andalita disparó un rayo de luz cegadora de color azul que hizo blanco en el caza-insecto más cercano. Los hork-bajir y los taxxonitas se dispersaron. Incluso agachado detrás de la pared, me llegó una onda de calor abrasador. El caza chisporroteó y desapareció. < ¡Fuego! ¡Fuego! – bramó Visser Tres -. ¡Destruid esta nave! > Una luz cegadora iluminó la noche. La nave-espada y el caza que quedaba lanzaron rayos de color rojo, y la nave andalita comenzó a resplandecer hasta que, con una lentitud inusual, se desintegró. Entonces, entre el brillo y los destellos de las lanzaderas-dragón, vi... o creí ver... a algunos seres humanos. Un pequeño grupo formado por tres o cuatro personas permanecía en la sombra, detrás de Visser. - Hay gente allí – le dije a Marco. - ¿Qué? ¿Son prisioneros? < Agarrad al andalita –ordenó Visser Tres a los soldados -. Sujetadlo bien. > Tres enormes hork-bajir cayeron sobre el andalita y lo inmovilizaron poniéndole las cuchillas de las muñecas contra la garganta. Sin embargo, no tenían intención de matarlo: aquel era un privilegio reservado a Visser Tres. Entonces comprendimos por qué un yeerk tan poderoso como él había escogido habitar el único cuerpo capturado de un andalita. Ante nuestros ojos, Visser Tres empezó su mutación. Su cabeza andalita se hizo más y más grande. Las cuatro patas de caballo se convirtieron en dos y crecieron hasta alcanzar el tamaño de una secuoya. Los delicados brazos del andalita aumentaron de volumen y se transformaron en tentáculos. - Esto no puede estar sucediendo de verdad –murmuró Cassie -. No es real. En aquella cabeza horriblemente hinchada apareció una boca llena de dientes más largos que vuestro brazo. La boca fue aumentando hasta componer una espantosa mueca, una mueca como para paralizar de terror. Ya no quedaba el menor rastro del cuerpo del andalita. Un monstruo había ocupado su lugar. - ¡ Grrraaaaaggggg! El rugido de la bestia en que se había trasformado Visser Tres hizo que el suelo vibrara. Me cubrí las orejas con las manos. Aquel sonido hacía que me castañetearan los dientes. Oí gemir a alguien. Era yo. Al lado de aquel monstruo, los hork-bajir y los taxxonitas parecían juguetes inofensivos. Extendió uno de los tentáculos y agarró al andalita por el cuello. - No, no, no – oí cómo Cassie susurraba una y otra vez -. No, no, no. - No mires –le advirtió Rachel. Le rodeó los hombros con el brazo y la atrajo hacia sí. Luego agarró a Tobias de la mano. Creo que nunca llegas a conocer de verdad a alguien hasta que lo ves asustado. Incluso muerta de miedo, mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas, Rachel tenía fortaleza suficiente para compartirla con los demás. Visser Tres agarró al andalita de las garras de los hork-bajir y lo levantó en el aire. El príncipe no cesaba de asestarle golpes con la cola pero en una criatura como aquélla tenían el mismo efecto que un alfiler. Visser Tres lo alzó por encima de s u cabeza y abrió la boca. Capitulo 6
Spoiler
No sé lo que me sucedió en aquel preciso momento. Había pasado mucho miedo, estaba aterrorizado. Pero fue como si algo estallara dentro de mi cabeza. No podía permanecer allí escondido, mirando. No pude contenerme.
- Tú, asqueroso... Me puse en pie. Recogí un pedazo de tubería oxidada del suelo y comencé a trepar por la pared. Supongo que me volví loco. No existe otra explicación, porque no había ni la más remota posibilidad de que yo solo, armado con un trozo de tubería, lograra algún resultado positivo. < ¡No!> El grito silencioso del andalita me hizo dudar. Noté las manos de Marco estirando de mi camisa. Tobias y Marco me sujetaron mientras Rachel me tapaba la boca. Yo quería gritar, maldecir, lo que fuera. - ¡Cállate, idiota! – susurró Marco -. Vas a conseguir que nos maten a todos. - Jake, no lo hagas. –Cassie me puso una mano sobre la mejilla. – Él no desea que mueras por su causa. ¿No te das cuenta? Es él quien va a morir por nosotros. Enfadado, aparté a Marco y a Tobias de un empujón, aunque ya había recuperado el control de mí mismo otra vez. Volví a mirar por encima de la pared. El príncipe andalita se encontraba indefenso entre las garras de Visser Tres. Vi cómo lo levantaba en el aire y abría sus monstruosas fauces, negras como un pozo. El andalita cayó dentro de aquella boca, que de inmediato se cerró sobre él. Luego, los dientes lo trituraron. Así murió el príncipe Elfangor-Sirinial-Shamtul. En el último momento, dio un grito: un grito desesperado que resonó en nuestras cabezas y cuyo eco no se apagará jamás. Los controladores hork-bajir empezaron a hacer un ruido similar a un jadeo. Quizás estaban riendo o aplaudiendo. Los controladores taxxonitas salieron en estampida y se apiñaron en torno a Visser Tres. Parecía como si estuviesen estirándose para alcanzar algo y entonces descubrí la razón: un trozo del cuerpo del andalita cayó de las fauces del monstruo y el taxxonita más próximo lo engulló con glotonería. Tobias apartó la vista y se tapó la cara con las manos. Cassie tenía el rostro cubierto de lágrimas, al igual que yo. Escuché un sonido que, de tan familiar, resultaba extraño. Era risa, risa humana. Los humanos... los controladores humanos – porque eso es lo que eran – se estaban riendo, como si asistiesen a un espectáculo. Durante unos instantes, creí reconocer una de aquellas voces, como si la hubiera oído antes. Pero el sonido quedó amortiguado por los resoplidos de los hork-bajir. Visser Tres abandonó aquel aspecto monstruoso y recuperó poco a poco su forma andalita. < Ah –le oí decir- no hay nada como transformarse en bogg de Antarea para... tomar un piscolabis con los enemigos. > De nuevo, los controladores humanos se echaron a reír y los hork-bajir comenzaron a jadear; y yo volví a oír aquella risa que no lograba identificar. Marco se puso a devolver, algo del todo comprensible. Pero, por lo que fuera, aquel ruido llamó la atención del hork-bajir que teníamos más cerca. La cabeza de serpiente se giró y quedó totalmente inmóvil. Nosotros también. El hork-bajir se volvió hacia nosotros. Aquellos ojos miopes enfocaban directamente a nuestro pequeño escondrijo. No sé a quién le entró antes el pánico. Quizá ya habíamos llegado al límite de nuestra resistencia. Fue como si una descarga eléctrica nos atravesara a todos por dentro. Echamos a correr sin saber siquiera lo que estábamos haciendo. Yo también corría, pero me costaba respirar. El hork-bajir dio un grito. - Dividíos – chillé yo -. No pueden seguirnos a todos. Marco, Tobias y Cassie salieron en tres direcciones diferentes. Rachel no se había movido de mi lado. Al girarme, vi que el hork-bajir dudaba, no sabía a quién perseguir. Rachel y yo somos los que corremos más. Tobias está en baja forma y Marco y Cassie no son lo bastante altos para ser rápidos. Así que decidí que si los alienígenas iban a seguir a alguien, mejor que fuera a nosotros. Creo que Rachel tuvo el mismo pensamiento. Aminoró la marcha y comenzó a gritar y a gesticular con los brazos. - ¡Eh! ¡Eh, vosotros...! Y entonces añadió una serie de palabras que no sabía que conociera. Los dos hork-bajir que estaban más próximos a nosotros reaccionaron y empezaron a perseguirnos. - ¡Ghafrash! ¡Aquí! ¡Ghafrash fit! ¡Enemigos! ¡Atrapar! A pesar de estar muerto de miedo, no pude evitar sorprenderme. Hablaban un idioma a medio camino entre su jerga de extraterrestre y el lenguaje humano. - ¡Ghafrash fit nahar! ¡Yo atrapar! ¡Yo matar! Corrí. De pronto, tropecé con algo y, al caer al suelo, me di un golpe que me cortó la respiración momentáneamente. Traté de llenar los pulmones de aire otra vez. Rachel continuó adelante. No había reparado en mi caída. Un rayo de luz rojiza fue a dar en un tubo de cemento que había junto a mí. El cemento se desintegró. Los dos hork-bajir venían siguiéndonos los pasos, saltando como canguros diabólicos. Me levanté y eché a correr. Rachel debió de darse cuenta de que algo ocurría porque se detuvo y empezó a retroceder hacia donde yo me encontraba. - ¿Qué haces? – grité -. ¡Corre! Ella vaciló durante un segundo, pero era consciente de que no podía hacer nada por mí, así que reanudó la marcha. Delante de mí vi un agujero y me dirigí hacia él a toda prisa. Era una entrada. Dentro estaba oscuro como la boca de lobo, se trataba de uno de los edificios que habían quedado a medio construir: solamente paredes de cemento desnudo y basura por todas partes. Sin embargo, recordaba haber estado allí antes. Marco y yo habíamos explorado aquel lugar de arriba abajo: estaba lleno de pasillos y pequeñas habitaciones adyacentes que lo convertían casi en un laberinto. ¡Marco! ¡Rachel! ¿Habrían conseguido escapar? ¿Y qué habría sido de Cassie y Tobias? Mientras atravesaba aquella enorme habitación a la carrera, intenté con todas mis fuerzas concentrarme. Había un pasillo... en alguna parte. Avancé a tientas en la oscuridad y encontré una pared. Oí el sonido de unas garras al rozar el cemento desnudo; unas garras gigantescas destinadas a romper y desgarrar. Una botella rodó por el suelo, ¡El hork-bajir estaba cerca! Y en medio de aquella oscuridad absoluta, mi vista, en principio superior, no me servía de gran ayuda. Aunque sabía cómo moverme por el edificio desierto. O habría sabido si el cerebro me hubiera respondido. Sentí que mi mano se movía en el vacío. ¡Al fin una entrada! Conducía a un pasillo. La traspasé en el mismo momento en que la luz apareció a mi espalda. Alguien había traído una linterna. - ¿Efnud decir fallay nyor fit? Cualquier orden. - No. No tenéis que capturarlos. Si encontráis a alguno, matadlo. La primera voz pertenecía a un hork-bajir. La segunda era humana. Y lo más extraño era que me resultaba conocida. Intenté pensar. Había oído aquella voz antes, pero ¿dónde? ¿Dónde? - Sólo debéis guardar la cabeza – ordenó el humano al hork-bajir- Luego me la traéis para que podamos identificarla. Me deslicé por la pared. La luz me seguía a escasos metros de distancia. Me devané los sesos tratando de recordar si cerca de donde me hallaba había un pasadizo. Sí, allí estaba. Haciendo el menor ruido posible, me interné en él. La luz de la linterna brilló a escasos centímetros de mí. Entonces tropecé con algo blando. - ¡Eh! ¡Era un hombre! Estaba tumbado en el suelo, envuelto en una manta. - ¡Eh! ¡Largo de aquí! Este sitio es mío. ¡Aquí no hay nada que puedas afanar! ¡Empecé a advertirle del peligro, pero uno de los hork-bajir ya estaba allí! La linterna enfocó la cara del vagabundo, que parpadeó como una lechuza. Vi que había un hueco justo a mi espalda y me metí en él. El vagabundo empezó a gritar y luego oí el ruido de un forcejeo. Puede que el hombre lograra escapar. Al menos, así lo espero. Sin embargo, nunca llegué a saberlo, ya que aproveché ese momento de distracción del hork-bajir para escapar. Y corrí y corrí y corrí. Y mientras lo hacía rogaba por que todo aquello no fuera más que un sueño. Capitulo 7
Spoiler
De alguna manera conseguí llegar a casa. No sé cómo. No recuerdo nada de lo que pasó después de ver al hork-bajir por última vez.
Ojalá tampoco recordara nada de lo ocurrido aquella noche. Si pudiera olvidarlo todo... Fui a ver a los otros. Aún temblaban de miedo, pero estaban bien. Rachel continuaba disculpándose por haberme dejado allí y Marco se obstinaba en preguntarme si estaba completamente seguro de que aquello no era un sueño. Supuse que aquella noche tendría las peores pesadillas de toda mi vida, pero no fue así. Cualquier pesadilla, por terrible que fuera, era un cuento de niños comparada con mi nueva realidad. Sin embargo, al día siguiente, un sábado, casi había llegado a convencerme de que lo sucedido no había sido más que un mal sueño. Lo único que parecía real, real de verdad, era la forma en que el andalita nos había sonreído con los ojos. - Jake, ¿estás despierto? Que remedio. - Hum, sí –gruñí yo -. Ahora me levanto. - Tu amigo Tobias está aquí. - ¿Tobias? - ¿Qué hacía Tobias allí? - Soy yo – respondió la voz de Tobias. - ¿Puedo entrar? - Hum, claro. – Me senté en la cama y parpadeé varias veces, intentando despegar los ojos. La puerta se abrió y oí como Tobias le daba las gracias a mamá. Estaba resplandeciente. Os juro que lo estaba. No es que emitiera radiaciones, qué va, nada de eso, no. Sino que le brillaban los ojos y la energía que despedía su cuerpo le hacía estremecerse y dar saltos sin cesar. - Lo he hecho –anunció Tobias. Intenté echarme el cabello hacia un lado peinándomelo con los dedos. - ¿De qué estás hablando? Su respuesta me pilló en medio de un bostezo. - Me convertí en Dude. El bostezo no llegó a su fin. La boca se me cerró de golpe. Dude es el gato de Tobias. - ¿Qué? Tobias volvió la cabeza en todas direcciones como si temiera que pudiera haber espías en la habitación. - Me convertí en Dude, tal como dijo el andalita que pasaría. Me limité a mirarlo fijamente. - Fue asombroso. No duele ni nada. Verás, estaba acariciándolo mientras pensaba en todo lo que había pasado anoche, y me dije: “¿por qué no intentarlo?” No paraba de moverse por la habitación chasqueando los dedos, desbordante de entusiasmo. Era un comportamiento muy poco propio de Tobias. - Ni siquiera sabía cómo empezar, así que me aseguré de que la puerta del dormitorio estuviera bien cerrada. Por suerte mi tío seguía durmiendo. Tobias tiene una familia de lo más conflictiva. Nunca llegó a saber quién era su padre y su madre decidió abandonarlo hace unos cuantos años. Desde entonces, su tío, que vive aquí, y su tía, la que reside en la otra costa, lo han hecho ir de un lado a otro. Su tío y su tía no se soportan y sospecho que Tobias es algo así como una carga que ambos quieren dejar caer sobre el otro. Me da la impresión de que a ninguno de ellos le importa gran cosa lo que pasé con él. - Así que allí estaba, sentado en la cama, pensando en ello, concentrándome con la idea de transformarme en Dude. Entonces me miré la mano. – Me sonrió -. ¿Y qué crees que vi? Moví la cabeza lentamente en sentido negativo. - No lo sé. - Tenía pelo, Jake. Y se estaban convirtiendo en zarpas. Tendrías que haber visto a Dude. Se volvió loco. Tuve que echarlo fuera antes de completar la metamorfosis. Me arañó de lo lindo.- Tobias se metió uno de los dedos heridos en la boca. Tragué saliva repetidas veces. Aquello empezaba a complicarse. - Hum, Tobias, ¿no podría ser que sólo lo hubieras soñado? - No fue un sueño –contestó él. En aquel momento volvió a ser el Tobias de siempre. La sonrisa había desaparecido de su cara y su expresión era seria. – Es cierto, Jake. Todo es cierto. Nuestros ojos se encontraron. Sabía lo que trataba de decirme con aquella mirada: él también había intentado convencerse de que lo sucedido no había sido más que una pesadilla. Pero no era así. Aparté la vista. Me resistía a creer que todo aquello había ocurrido de verdad. Deseaba archivarlo en un rincón de mi memoria, otro mal sueño, nada más. Ahí es donde todas las pesadillas deben quedarse, dentro de la mente, y no plantarse de un salto en la vida real. - Continué concentrándome en el cambio –prosiguió Tobias – y, después de unos minutos, había dejado de ser... yo. Clavó sus ojos en mí. - No te imaginas lo que se siente, Jake. Ser un gato es tan... tan... no tengo palabras para describirlo. En primer lugar, eres tan fuerte... tienes tanta energía dentro... ¡y cómo te mueves! ¿Sabes lo que hice? Me subí a la cómoda de un salto. Está casi a un metro del suelo, y aterricé sobre ella tan ligero como una pluma. ¡Un metro! ¿Sabes lo que es eso para un gato? Es lo mismo que si una persona saltara diez metros hacia arriba. Se detuvo de pronto y me miró. - No me crees, ¿verdad? –preguntó. - Escucha, Tobias, lo que pasa es que a veces no es fácil distinguir entre la realidad y la imaginación. - Crees que me he vuelto loco. Reflexioné durante unos instantes. - No lo sé, Tobias, repasemos lo hechos. Dices que te convertiste en tu mascota. Que te transformaste en tu mascota. Que te transformaste en un gato de verdad. Pues sí, la verdad es que me parece un disparate. Tobias asintió con gesto pensativo y luego sonrió. - Te comprendo, Jake. No quieres que sea verdad. - ¿Qué? ¿Insinúas que me niego a creer que puedes convertirte en un gato? ¿Qué me niego a creer que un montón de gusanos babosos están invadiendo la Tierra y que esos gusanos vivan en la cabeza de la gente y la esclavicen? ¿Qué no quiero creer que... que...? ¡Bah! ¡Pues no! No me lo creo. - ¿Y qué me dices del andalita? – musitó. Titubeé. No sé bien por qué, pero no deseaba que el andalita fuera únicamente producto de mi imaginación. Tobias me puso una mano sobre el brazo. - No te muevas de aquí. - ¿Qué? ¿Qué vas a hacer? - Voy a ayudarte a decidir si es real o no. - Tobias... - Tú sólo espera. Y no grites ni hagas nada. Así que esperé. Durante unos segundos no pasó nada. Tobias se limitó a quedarse donde estaba. Miré su cara y vi que sus ojos... que sus ojos eran distintos. Ya no tenía las pupilas completamente redondas. Os juro que dentro de ellas se reflejaba una luz verdosa. Y parecía como si la boca se le hubiera hinchado y le sobresaliera un poco de la cara. Se estaba encogiendo. Se estaba haciendo cada vez más pequeño ante mis propios ojos. El cuello de la camisa le quedaba flojo y se le formaban arrugas en los pantalones a la altura de los tobillos. Estaba disminuyendo. Y, al mismo tiempo, las manos, el cuello y la cara se le habían empezado a llenar de pelo. ¡Sí, de pelo! Era gris con rayas negras, igual que el de Dude. Me entraron unas ganas locas de echarme a reír. ¡Tobias se estaba convirtiendo en un gato atigrado! Pero sabía que si comenzaba a reír, tendría que seguir y seguir y ya no podría parar. Tobias tenía ya más de gato que de ser humano. Por encima de la cabeza le asomaban unas orejas puntiagudas. Debajo de su delicada nariz rosada le habían crecido unos largos bigotes. Se había puesto a cuatro patas y la ropa le colgaba del cuerpo como harapos. No paraba de mover la cola. Sí, la cola, tal como lo oís. Por un momento temí caerme muerto allí mismo a causa del nudo que se me había formado en la garganta y por cómo el corazón me martilleaba el pecho. Me pregunté entonces si era posible que aún estuviera dormido. Pero para ser sólo un sueño resultaba demasiado convincente. Estaba de pie en medio de la habitación, contemplando a un gato negro y gris que menos de dos minutos antes había sido mi amigo Tobias. Capitulo8
Spoiler
-Espero seguir dormido-murmuré entre dientes-. De veras que sí.
<No estás dormido> -¿Eres tú?-le pregunte al gato. <¿Puedes oírme?> La vos de Tobías sonaba sorprendida. Aunque decir “sonaba” no sea quizá lo más adecuado. -Sí –respondí con cautela. <No sabía que pudiera enviar mensajes de esta manera –comentó Tobías-, como lo hacía el andalita.> -Creo que sólo funciona una vez que te has... transformado. Me di cuenta de que estaba hablando con un gato. ¿Y yo era el que decía que Tobías estaba loco? Me preguntaba si Tobías habría oído mis pensamientos. Me concentré: <Tobías, ¿puedes oírme?> <Sí –contestó él-, te oigo.> -Y antes, ¿has oído lo que pensaba? –inquirí. <No. Creo que no es así como funciona. Tienes que dirigir tus pensamientos hacia mí para que pueda oírlos. Eh, mira esto.> De repente, Tobías dio un salto en el aire y se abalanzó sobre una pelota de baloncesto con autógrafo que había en un rincón. Creo que salto más de un metro. <¡Esto es genial! Eh, tira de una cuerda para que pueda perseguirla.> -¿Que tire de una cuerda dices? ¿Por qué? <¡Es tan divertido!> Busqué en el cajón de mi escritorio y encontré un trozo de cinta que había servido para atar un regalo de cumpleaños. No soy muy ordenado que digamos. La cinta pertenecía a un regalo de hace dos años. -¿Te parece bien ésta? Arrastré la cinta por el suelo hasta dejarla a unos treinta centímetros de la nariz de Tobías, que se agazapó y empezó a mover los cuatro traseros. ¡Entonces saltó! Cayó sobre la cinta, la atrapó con sus dientes afilados, dio unas cuantas vueltas de campana y empezó a rasgarla como si fuera la única cosa del mundo que le importaba. Intenté arrancarle la cinta, pero se abalanzó sobre ella de nuevo. <¡Sí! ¡La tengo!> -Tobías, ¿qué estás haciendo? <¡Muévela más deprisa! ¡Ya está! ¡Ya la tengo!> -Tobías, ¿qué haces?-le grité-. ¡Estás jugando con un trozo de cinta! Se paró en seco, moviendo la cola de un lado a otro. Clavó en mí sus fríos ojos de gato, sin embargo percibí en ellos cierta confusión. <Yo... no sé -admitió-. Es como... es como si fuera yo mismo y, a la vez, fuera también Dude. Me vuelvo loco cuando veo una cuerda y,¡ojalá hubiera un ratón vivo cerca! Me encantaría perseguirlo, seguirle la pista sin hacer ruido, escuchar el latido de su corazón y oír el ruido de sus piececillos al rozar el suelo. Esperaría el momento oportuno y luego, con un salto perfecto y las zarpas extendidas...>, e hizo el gesto de enseñar las uñas para mostrarme lo que quería decir. -Tobías, creo que podemos sacar algo claro de todo esto –le dije. Era increíble lo rápido que me iba acostumbrando a la idea de hablar con un gato. <¿Qué?> - Yo diría que tu ya no eres sólo Tobías en este momento. Es verdad que eres un gato. Quiero decir que tienes todos sus instintos y te gusta hacer las cosas que le gusta hacer a un gato. <Sí, ya te entiendo. Es como si hubiera dos animales fundidos en uno. Puedo pensar como persona y como gato al mismo tiempo.> -Será mejor que recobres tu aspecto de siempre- le recomendé. La cabeza de gato hizo un gesto de asentimiento. Les aseguro que resulta muy raro ver cómo un gato te dice que sí de un modo normal, como si meditara. <Tienes razón.> El regreso a la forma humana fue como mínimo tan insólito como la transformación en gato. El pelo desapareció y dejó tras de sí una serie de claros de piel rosada. En aquella cara plana comenzó a brotar una nariz. La cola fu succionada como una serpiente atrapada en el tubo de una aspiradora. Tobías se quedó allí plantado, parecía sentirse violento. Se apresuró a ponerse la ropa de nuevo. -Con un poco más de práctica aprenderemos cómo volver ya vestidos. -¿Aprenderemos, dices? Él esbozó una vez más aquella dulce sonrisa suya tan característica. -¿Aún no te has dado cuenta, Jake? Dije que no con la cabeza. -Creo que no, Tobías. De repente se puso furioso. Me agarró por los hombros y me sacudió. -¿Es que no lo entiendes, Jake? Todo es verdad. Todo. Lo aparté de un empujón. No quería seguir oyendo todo aquello. No obstante él no se dio por vencido. -Jake, es verdad. Si el andalita nos concedió estos poderes fue por una razón. -Muy bien –le repliqué con brusquedad- pues úsalos. -Lo haré –respondió él-. Pero te necesitamos Jake. A ti más que a nadie. -¿Por qué a mí? Él vaciló. -Vamos, Jake, ¿es que no lo comprendes? Yo sé lo que puedo y lo que no puedo hacer. Y lo que no puedo hacer es hacer planes y decirle a la gente cómo actuar. No soy el líder. Tú sí. Me eché a reír de un modo bastante grosero. Él se limitó a mirarme con aquellos ojos suyos, tan profundos e inquietos; unos ojos que ahora sólo puedo ver en mi memoria. -Sí Jake, tú eres el líder. Tú eres el único capaz de lograr que sigamos unidos y derrotemos a los controladores. Ahora tenemos la posibilidad de ser mucho más de lo que éramos antes: de poseer la astucia de un gato y... los ojos de un águila, el olfato de un perro y... la velocidad de un caballo o de un guepardo. Vamos a necesitar todo eso y más si pretendemos enfrentarnos a los controladores y salir victoriosos. Lo único que deseaba era que nada de aquello me estuviese pasando a mí. Que nada de aquello fuera verdad. Asentí lentamente. Era como si me resignara a cometer algún acto horrible. Como si me estuviese ofreciendo como voluntario para ir al dentista o algo aún peor. Tuve la sensación de que mis hombros se doblaban bajo el peso de una tonelada. Sabía cual era el siguiente paso. -Bueno –dije en tono grave-. Supongo que será mejor buscar a Homer. Homer es mi perro. Capitulo 9
Spoiler
No es doloroso. Me refiero al hecho de transformarse.
Me puse a acariciar a Homer durante unos instantes, sintiéndome como un perfecto estúpido. -Esto es lo más tonto que he hecho en mi vida –le confesé a Tobías. -Mira, tienes que concentrarte. Al menos, eso fue lo que hice yo. Verás, primero me formé una imagen de Dude, ¿entiendes? Pensé en convertirme en él. -Ya. Así que lo que tengo que hacer es considerar la idea de convertirme en un perro, ¿no es eso? -Exacto. Debes pensar en ello y debes desearlo. En cualquier otro momento hubiera llegado a la conclusión de que estaba chiflado. Pero lo había visto transformarse en un gato. Así que si él estaba mal de la azotea, yo también. Me concentré en la idea de convertirme en Homer. Mientras lo acariciaba, en mi mente fue cobrando forma la imagen de la transformación. Al hacerlo, Homer se quedó sorprendentemente quieto. Parecía dormido, sólo que tenía los ojos abiertos. -Lo mismo que Dude –comentó Tobías-. Yo diría que el proceso hace que el animal entre en una especie de trance. -Lo que pasa es que tiene miedo porque ve que su amo está completamente loco. –Continué acariciando a Homer y concentrándome y Homer permaneció echado, muy quieto-. Bueno, ¿y ahora qué? –le pregunté a Tobías. -Ahora será mejor que saquemos a Homer. A lo mejor se asusta si ve cómo te conviertes en él. Homer tardó diez segundos en salir del trance. Luego se levantó de un salto para volver a ser el hiperactivo perro de siempre. Entonces lo llevé al jardín. Cuando regresé, Tobías me esperaba sentado pacientemente. -Prueba hacerlo –Me apremió-. Concéntrate en hacerlo. Deséalo. Respiré hondo y cerré los ojos. Recuperé la imagen de Homer que se había formado en mi mente. Entonces empecé a concentrarme en convertirme en él. Abrí los ojos. -Guau, guau –dije riendo-. Creo que esto no funciona conmigo, Tobías. Me picaba el dorso de mi mano y comencé a rascarme con fuerza. -¡Jake! –exclamó Tobías. -¿Qué? -Mírate la mano. Así lo hice y vi que estaba cubierta de pelaje de color canela. Pegué un salto. -¡Ohh! ¡ohh! – No podía apartar mi vista de mi mano. El pelo había dejado de crecer. -No te asustes –me aconsejó Tobías-. Sigue adelante. Ahora has detenido la metamorfosis. Vuelve a concentrarte. -¡Mi mano! –exclamé-. ¡Tengo pelo! -Sí, y tus orejas... Corrí al espejo que había sobre mi cómoda. Mis orejas tampoco eran las mismas de antes: ahora me caían a ambos lados de la cabeza y, desde luego, eran mucho más grandes de lo que deberían. -¡Sigue! ¡Es fantástico! –exclamó Tobías. -¿Fantástico? Es... es... espantoso. Esto es un asco. Es... ¡Mira qué manos! ¡Están cubiertas de pelo! -Tienes que hacerlo –me animó Tobías. -No tengo que hacer nada –respondí, malhumorado. Tobías asintió. -De acuerdo, tienes razón. No tienes por qué hacerlo, olvídate de lo que vimos anoche y de todo lo que sabemos. Total porque unos yeerks vayan apoderándose cada vez de más gente tampoco hay para tanto. Todos seguiremos con nuestras vidas de antes y nos haremos mayores en un mundo donde los seres humanos no serán más que simples cuerpos al servicio de un montón de extraterrestres asesinos. Hombre, visto así, no es que pareciera la mejor solución. -Vamos –me apremió Tobías. Tragué saliva varias veces y cerré los ojos. Pensé en Homer, en ser Homer. Volví a sentir picazón y, al abrir los ojos, vi que el pelo me iba cubriendo poco a poco los brazos y la cara y sobresalía por encima del cuello de la camisa. Las piernas me picaban y descubrí que estaban llenas de pelo. En cuanto a los huesos... bueno, no es que me dolieran, pero notaba una sensación muy rara. Es como cuando vas al dentista y te pone una anestesia para que no sientas dolor donde tú sabes que deberías sentirlo. Pues supongo que es algo así. Mis huesos disminuyeron de tamaño. Noté como se me alargaba la espina dorsal al salirme la cola. Oí una especie de chasquido cuando las rodillas se me doblaron hacia dentro, y entonces caí hacia delante, incapaz de mantener el equilibrio. En el momento de tocar el suelo, mis manos habían dejado de ser lo que eran: los dedos se habían esfumado y todo lo que quedaba de ellos eran dos uñas pequeñas y gruesas. Me había crecido un morro y tenía los ojos más juntos que de costumbre. Tobías se levantó y descolgó el espejo para que pudiera verme. Asistí a la etapa final de la transformación en la que las últimas manchas de carne rosada desaparecían y la cola alcanzaba su longitud definitiva. Era un perro. Sería una locura pero había duda, era un perro. Sabía que todo aquello tendría que darme miedo. Pero no estaba asustado, sino excitado. Una mezcla entre aturdido y emocionado. Rebosaba felicidad por los cuatro costados. Inspiré a través de aquella nariz tan ridículamente larga y ¡guau! ¡Qué olores! ¡No se lo pueden imaginar! Volví a tomar aire y de inmediato supe que mamá estaba haciendo panqueques en la cocina. Y también que Tobías había atravesado el territorio de un perro macho de gran tamaño. Descubrí cosas que no podían expresarse con palabras. Era como haber estado ciego toda la vida y recuperar la vista. Fui corriendo hasta donde estaba Tobías y le olisqueé el zapato. Quería conocer más detalles sobre la identidad de aquel perro macho. Por el olor de la orina que había quedado en el zapato de Tobías, me hice una idea aproximada de cómo decía ser. Bueno lo cierto es que Homer lo conocía. Sus amos lo llamaban Streak. Estaba castrado, como yo. Se pasaba la mayor parte del tiempo en el jardín, aunque a veces hacía un agujero debajo de la cerca y se escapaba. Su dieta consistía básicamente en una mezcla de comida de lata y pienso seco. Purina, para ser más exactos. Al contrario de mí, nunca le daban las sobras de la mesa. Haber procesado toda aquella información me puso otra vez de buen humor y me obligó a mover la cola. Levante la vista y me fijé en Tobías. Me pareció alto, extraño y algo descolorido. Mirar las cosas no resultaba demasiado interesante. Era mucho mejor olerlas. ¡UN INTRUSO! Se oía un ruido en el jardín. ¡Un perro! Había un perro desconocido en mi jardín. ¡Un INTRUSO! Corrí hasta la ventana, apoyé las patas y me dejé llevar por mi instinto. Empecé a ladrar todo lo fuerte que pude. No iba a permitir de ninguna manera que otro perro cruzara mi jardín. -Contrólate –me aconsejó Tobías-. Es lo mismo que me sucedió a mí cuando me convertí en gato. Ahora,, el cerebro del perro es parte del tuyo. Tienes que hacerte a la idea. <Pero... es que hay un perro en mi jardín.> -Es Homer, Jake. Tú eres Jake. Tu cuerpo es solo una replica creada a partir del ADN de Homer. El verdadero Homer está ahí afuera. Tú lo sacaste. Concéntrate. Tú eres Jake, Jake. Respiré hondo varias veces. ¡Qué olores! Y luego llegó aquel otro que no acababa de... “¡Concéntrate, Jake –me ordené a mí mismo-. ¡Concéntrate! Poco a poco logré someter la parte canina de mi cerebro. Había que olvidarse de los olores y del ruido que hacía el perro que estaba en el jardín. La primera vez no resultó nada fácil. Ser un perro es realmente asombroso. Para empezar, no existen las medias tintas. Nunca estás más o menos contento, sino feliz del toso. Y jamás tienes un mal día, sino que estás hecho polvo, hundido en la miseria. Y cuando te entra hambre siendo un perro, conseguir comida se convierte en lo único importante. Alguien llamó a la puerta de mi habitación. Sí, de mi habitación. Volvía a saber quien era: era Jake. Un Jake de cuatro patas, con rabo y hocico, pero Jake al y al cabo. En mis orejas de perro, aquel sonido sonó increíblemente fuerte. -Jake, ¿está Homer con tigo?- Era la voz de mi hermano Tom- Mamá está hablando por teléfono. Hazlo callar. Abrió la puerta y entró. Miró a su alrededor confundido. -¿Quién eres tú? –le preguntó a Tobías. -Soy Tobías, un amigo de Jake. -Bueno, ¿Y dónde está él? -Pues... está por ahí –respondió Tobías. Tom me miró. Olía de una forma muy rara, pero mi cerebro de perro no consiguió identificar de qué se trataba. Era un olor inquietante y peligroso. Y, por algún motivo, en mi mente resonó el eco de una risa. La risa humana que había oído la noche anterior en el mismo momento en que Visser Tres se tragaba entero al andalita. -Perro malo –me riñó Tom-. Calla. Perro malo.-y luego se marchó Me hundí. No era un perro malo, de verdad que no. Había ladrado porque había otro perro en mi jardín. ¿Y sólo por eso era un perro malo? No, yo quería ser bueno. Me fui hacia un rincón y me eché allí. Me sentía profundamente desgraciado. Tobías se arrodilló a mi lado y me dio unas palmaditas en la cabeza. Cuando me rascó detrás de las orejas, me sentí mucho mejor. capitulo10
Spoiler
Después de haber vuelto a mi estado normal, llamé a los demás por teléfono. Tobías se marchó y dijo que reuniría a todos más tarde en la granja de Cassie.
Con ella estaba hablando por el teléfono de la cocina, cuando entró Tom. -Ah, estás ahí -comentó Tapé el auricular con la mano. -Sí. Tobías dijo que me estabas buscando. -Sólo quería que tu perro se callara –respondió. Luego le dio la vuelta a una silla y se sentó en ella a horcadas. Dudé. Por algún motivo, prefería no hablar con Cassie estando Tom adelante. -Escucha, te veré allí dentro de un par de horas, ¿de acuerdo? –le expliqué a Cassie. Luego colgué. Miré con detenimiento a Tom. Es más corpulento que yo, aunque yo tampoco soy lo que se dice pequeño; tiene el pelo más oscuro, casi negro, mientras que el mío es castaño. Siempre he confiado en él. Nunca ha sido uno de esos tipos que le pegan a su hermano menor. Siempre habíamos estado bastante unidos. Al menos hasta el año pasado, aproximadamente. No sé por qué, pero ya no pasábamos tanto tiempo juntos. En parte se debía a que él se había hecho miembro de un club llamado La Alianza, en el que participaba con más gente en una serie de actividades que lo mantenían ocupado la mayor parte del tiempo. A lo que iba: Tom tendría que haber sido la primera persona a quién le contase todo aquel lío, sin embargo, mientras estaba allí sentado, mirando cómo mordisqueaba una tostada, tuve un presentimiento y me dije: “No, esto debe seguir siendo un secreto, incluso para Tom.” En vez de eso, le expliqué algo que tampoco me atrevía a decirle. - Yo, ejem... No conseguí entrar al equipo, Tom - anuncié -¿Qué equipo? – preguntó. Parecía desconcertado. -¿Que qué equipo? Pues el equipo de baloncesto. Tu antiguo equipo. -Ah, bueno, es una lástima – comentó. -¿Una lástima? –repetí. No podía creer que le diese tan poca importancia. -Bueno, sólo es un deporte –me contestó. Y le dio otro bocado a la tostada. -¿Qué sólo es un deporte? –No dejaba de repetirme lo que acababa de decir. ¿Tom restando importancia a los deportes? Imposible. Pero si eran toda su vida-. Verás, no creo que sea tan bueno como tú en baloncesto. Se encogió de hombros. -Bueno, de todos modos dejé en equipo hace un par de días. Estuve a punto de caerme de la silla. -¿Que lo has dejado? –dije-. ¿Que has abandonado el equipo? ¿Y ni siquiera me lo habías dicho? ¿Qué te ocurre, Tom? -No les dije nada porque supe que papá y tú iban a hacer toda una historia. Mira, hay cosas más importantes que meter pelotas a través de un aro –se defendió y volví a ver aquella mirada misteriosa en sus ojos. Supuse que, al hablar de cosas más importantes se refería a las chicas-. Además, en el club hacemos cosas geniales. Quizá deberías unirte a nosotros. Me quedé pasmado. Sin duda, la distancia existente entre Tom y yo era mayor de lo que me había imaginado. Cuando terminamos de hablar, salí al jardín a cortar el césped. Lo hago cada sábado porque es la tarea principal que tengo asignado. Eso y sacar la basura, algo que odio, porque tienes que estar pendiente del reciclado y todo eso. Cuando acabé de cortar el césped, podar y rastrillar, me subí a la bici y me fui. Había quedado con encontrarme con lo demás en la granja de Cassie. No es lo que normalmente se entiende por una granja, aunque si lo fue en otros tiempos, y aún tienen una vaca y unos cuantos caballos. Pero ahora, el granero principal, que es de color rojo, se ha convertido en una Clínica de Rehabilitación de la Fauna Salvaje, cuyo director es el padre de Cassie. Recogen todo tipo de animales, excepto mascotas. Allí dentro siempre hay un montón de pájaros, además de ardillas, ciervos, mofetas, etc. Y a veces han llegado a tener alguno que otro lince, un zorro e incluso un lobo. La mamá de Cassie también es veterinaria, pero trabaja en Los Jardines, un enorme parque de atracciones en el que también hay un zoológico o pequeña reserva de animales, que es como creo que la llaman. Por suerte, a Cassie le encantan los animales. De lo contrario, habría sido muy duro para ella, teniendo en cuenta la profesión de sus padres. Ustedes ya saben que yo tengo un perro y Tobías tiene un gato. Pero Cassie tiene de todo: desde puercoespines hasta osos polares. Cuando llegué, Marco, Tobías y Rachel ya me estaban esperando delante del granero. Rachel tenía la cara vuelta hacia el sol, para que los rayos le dieran de lleno y pudiera ponerse morena. Cassie no había llegado todavía. Supuse que estaría acabando una tarea doméstica, porque allí siempre hay un montón de cosas que hacer - Eh, chicos -los saludé. Rachel abrió los ojos y luego me lanzó un periódico. -Mira –dijo, señalando un artículo. Comencé a leerlo. No era demasiado largo. La policía afirmaba que la noche anterior se había producido una alteración del orden en un terreno abandonado. Añadía que se había recibido llamadas de ciudadanos que decían haber visto aterrizar allí un número indeterminado de platos voladores, seguidos por una serie de luces brillantes. -Fantástico –comenté, al tiempo que alzaba la vista-. Entonces la poli lo sabe. Menos mal. -Continúa leyendo –me pidió Rachel. El artículo explicaba a continuación que, al llegar al escenario de los hechos, la policía había encontrado a un grupo de adolescentes jugando con petardos. Los jóvenes se habían dado a la fuga y los agentes habían incautado el material. El jefe de policía se había reído de las informaciones que hacían referencia a la aparición de los platos voladores. -Sólo se trataba de una pandilla de chicos que jugaban donde no debían –declaraba-. Por supuesto, no había ningún plato volador. La gente no debería estar predispuesta a creer en esas tonterías. -Pero todo esto no es más que una sarta de mentiras -dije yo. -¡Ding, dong..., ding, dong! Respuesta correcta. Johnny, muéstrale a nuestro concursante lo que acaba de ganar –bromeó Marco. - ¿Has visto lo que dice al final? -insistió Rachel. Leí la última frase. Me quedé helado, de verdad se los digo. La policía ofrecía una recompensa a quien le proporcionase cualquier información acerca de aquellos jóvenes. -Nos están buscando –sentenció Marco. -¿Por qué iba la policía a...? Quiero decir, ¿Por qué iban a mentir? –reflexioné en voz alta, aunque la respuesta era bastante obvia. Marco dejó escapar su risa sardónica. -Vamos a ver, sabelotodo... ¿No se te ha ocurrido que los polis podrían ser en realidad controladores? -Aunque quizá no todos –puntualizó Tobías. -Si los controladores se han infiltrado en la policía quien sabe en dónde más lo habrán hecho –se lamentó Rachel-. ¿En las escuelas? ¿Dentro del gobierno? Puede que incluso hayan llegado hasta los periódicos y la televisión. -Entre los profesores de matemáticas seguro que hay alguno –bromeó Marco Todos miramos a nuestro alrededor con gran nerviosismo, como si temiéramos que los controladores fueran a aparecer de un momento a otro. -Intente convencerme de que todo no había sido más que un sueño –reconoció Rachel. -Eso me suena –respondí yo. Durante unos instantes nadie habló. Teníamos la horrible impresión de estar totalmente aislados. De repente tomamos conciencia de estar enfrentándonos a algo muy, muy, muy superior a nosotros. Marco fue el primero en romper el silencio. - Escuchen, ¿Por qué tenemos que hacernos cargo de todo esto nosotros? Yo voto porque nos olvidemos de lo sucedido y no volvamos a hablar de este asunto ni tampoco a transformarnos. Lo mejor será que nos preocupemos por vivir nuestra propia vida. Tanto Tobías como Rachel me miraron con la esperanza de que hiciera cambiar de opinión a Marco. -Estoy de acuerdo contigo sólo medias –empecé. De pronto Marco se puso como una fiera. -¡Nos pueden matar! –gritó-. ¿Es que no se dan cuenta? Ya vieron lo que le ocurrió al andalita. Esto va en serio, Jake. ¡Muy en serio! ¡Podrían matarnos a todos! Tobías miraba a Marco de reojo, como era característico de él. Tal vez pensaba que Marco era un cobarde. Pero yo sabía que Marco tenía sus razones. Él movió la cabeza en sentido negativo. En voz baja dijo: -Miren, creo que los controladores son unos idiotas. Pero si algo me sucediera, mi padre no podía sobreponerse jamás. La madre de Marco murió hace dos años. Se ahogó y nunca encontraron su cuerpo. Y ahí se acabó el mundo para el padre de Marco. Se vino abajo: dejó su empleo de ingeniero industrial porque no podía soportar estar rodeado de gente. En aquel momento trabajaba de noche como portero y su sueldo apenas alcanzaba para mantener a Marco. Se pasaba el día durmiendo o viendo imágenes de la tele sin sonido. -Pueden pensar que soy un gallina, si quieren –continuó-. No me importa. Pero si me matan o me pasa algo, mi padre se morirá, no lo resistirá. Si todavía sigue en este mundo es por mí. Por un momento sentí la tentación de darle unos golpes afectuosos en la espalda o algo parecido. Pero conociendo a Marco, lo único que habría recibido sería una respuesta sarcástica por su parte. -Ahí está Cassie –anunció Rachel. Y utilizando la mano como visera para protegerse del sol, su mirada se posó en algún punto al otro lado del descampado. Un caballo venía galopando a través del terreno abandonado. La suave brisa acariciaba sus crines, sin embargo, no conseguí divisar al jinete. El caballo aminoró la marcha y se nos acercó al trote. Entonces me asaltó un extraño presentimiento. -Cassie y yo ya llevamos un rato aquí –dijo Rachel a modo de explicación-. Lo hace de maravilla fíjense lo rápido que es. El caballo relinchó con suavidad y luego empezó a disolverse. Los ojos castaños se redujeron un poco de tamaño y lo que había sido una larga quijada se transformó en una boca humana. Un ser a medio camino entre caballo y Cassie nos sonrió con sus largos dientes equinos y dijo: <Eh, chicos> Marco cayó hacia atrás. Se dio un golpe bastante fuerte, pero es que nunca había presenciado una metamorfosis. -¡No tengas miedo! –comenté yo, intentando mantener un tono tranquilo-. Tan sólo se trata de Cassie. Decidí que lo mejor era comportarse como un caballero y mirar para otro lado. Después de todo, cuando Tobías y yo habíamos regresado, no lo habíamos hecho con la ropa puesta. Pero me di cuenta de que Cassie emergía de su forma equina enfundada en una prenda azul muy ajustada, una de esas que se ponen las chicas para hacer ejercicios. Mientras contemplaba la transformación, fui testigo de algo muy hermoso. Durante unos segundos en los que Cassie continuó siendo mitad caballo y mitad persona me recordó al andalita. Entonces me di cuenta de que lo había hecho deliberadamente y de que controlaba el modo en el que se producía la metamorfosis. -¡Diablos, Rachel! –dije-. ¡Tenías razón! Cassie lo hace de maravilla. De repente, oímos el ruido de unos neumáticos que se deslizaban sobre la graba que cubría el suelo. Todos nos dimos la vuelta a tiempo. Un coche blanco y negro avanzaba por la carretera sin asfaltar. -¡La policía! –grito Tobías. capitulo 11
Spoiler
-Cassie, transfórmate. ¡Rápido! –le ordené con brusquedad. El coche de policía se acercaba rápidamente-. Sólo nos faltaba tener que dar explicaciones sobre alguien que es medio caballo y medio persona. <¿Y en qué me convierto? –gimió ella irguiéndose un poco sobre sus patas traseras-. ¿En caballo o en persona?> Comprendí lo que pasaba. Estaba intentando dominar el pánico que sentía el caballo. -¡En persona! ¡En persona! –la apremié-. ¡Pónganse todos delante de ella! El coche hizo un ruido chirriante al detenerse y la gravilla salió disparada en todas direcciones. Del vehículo sólo descendió un policía. Lo saludé con la mano. -Buenos días –dijo-. Eh, chicos, ¿Están escondiendo algo? Me hubiera gustado mirar por encima del hombro y ver qué aspecto tenía Cassie. Pero habría sido un gran error de mi parte. -¿Escondiendo algo? –repetí. -Quítense de en medio –nos ordenó. Nos apartamos y Cassie quedo al descubierto. Había recobrado totalmente su forma humana. El policía pareció algo desconcertado, pero luego se encogió de hombros. Di un suspiro de alivio. -¿En que puedo ayudarle, agente? –preguntó Rachel en un tono que pretendía sonar lo más responsable posible. -Estamos haciendo algunas averiguaciones –Respondió el policía sin apartar aún la vista de Cassie, como si notara algo extraño en ella-. Vamos en busca de unos chicos que se dedicaron a buscar de unos chicos que se dedicaron a lanzar petardos anoche en el terreno abandonado que hay al otro lado del centro comercial. |




si nesesidad de descargar nada