[color="Teal"]Hallow! Mi 3er. fanfic y mi promesa por ganar el concurso OneShot... Sí, me prometí que si ganaba haría otro relato semanal aunque sabemos que haré un capítulo nuevo cada mes (?) Como sea, ¡Espero que lo disfruten!
Hunter Hunted
Cita:
Título: Hunter Hunted
Cantidad de capítulos: 05/??
Género: Acción, fantasía, gore
Capítulo 1: Cazador cazado
Spoiler
En el enorme pantano de aguas verdosas y rodeadas por numerosos árboles, se encuentra navegando un hombre de treinta años con pelo canoso en una lancha común, junto con su clásica escopeta Winchester modelo 1887 y una botella de agua llena.
Él viste una camiseta blanca y unos pantalones azules que se rasgan al caminar, ensuciándolos cuando viaja a pie, además está aquí para dedicarse a su trabajo, la caza de cocodrilos.
Sí, él es cazador y su vida es el pantano, es de lo que se alimenta cada día. Vendiendo y vendiendo pieles de cocodrilos.
Lleva viviendo en el pantano desde hace seis años cuando decidió seguir los pasos de su padre, pero esta mañana para él era rara. Notaba algo inusual, el aire lo siente sucio y observa a los árboles más mugrosos de lo normal. Pero no le daba mucha importancia.
Siguió rodeando el pantano hasta que se encontró con una de las trampas que él mismo coloco, rápidamente saca su cuchillo del estuche que estaba en su pierna – Un buen cazador… no gasta una bala inútilmente – pensó él.
Un hocico con dientes amarillentos salía del agua, un cocodrilo atrapado en una red bajo el agua, el animal estuvo meciéndose ni idea cuanto tiempo para liberarse.
El hombre se acercaba con su lancha al reptil atrapado, y con el cuchillo en mano, ¡ZAZ! Hace un corte al cráneo, dejándolo inmóvil y flotando en el agua. Otra presa cazada y guardo el cuchillo.
Él subía al animal al bote mientras lo sostiene en la parte herida, normalmente los cocos miden dos o tres metros de largo, pero éste es diferente - ¿Qué demon…? ¡Mide cinco metros! Éste es el día de Frank – dijo Frank sonriendo, notando un color diferente del cocodrilo a los normales.
Siguió buscando más y más cocos de ése largo, pero hoy “no es el día de Frank”. Regreso a la orilla del pantano con apenas un reptil capturado, además de haber perdido todas sus demás trampas. Simplemente no están en su sitio – Algo está mal… - se preocupó.
En la orilla estaba su gran pickup, Frank subió al cocodrilo en la parte trasera del vehículo aunque la cola sobresaliera del auto, él subió y empezó a conducir de camino a casa.
No bebió agua durante todo el día, estuvo nublado y sigue nublado, la sed no le llega. Además no gasto ni una sola bala de su Winchester, quedó con las cinco máximas del arma.
El camino a su cabaña no era lejano, debía pasar por un bosquesito y justo en la entra de éste estaba la casa de madera y chimenea. Él continuó preocupado e incluso notaba un cambio en el bosque – No, no puede ser… las cosas no cambian un día para otro – pensó.
Finalmente llegó, aparco el pickup y entró a su casa junto su 1887 y la botella de agua - ¡Cuánta hambre! – exclamó él.
La cabaña era bien decorada con pieles de diversos animales, especialmente cocodrilos, aunque también tenía un modelo de un oso polar a la par de la chimenea en la sala principal. Dejó el arma en una mesita que también estaba a la par de la chimenea.
Fue a la izquierda de la sala y abrió una bella puerta de madera, entró a la cocina y chequeo el refrigerador – veamos… esto no, nada de ello. ¡Ya veré que como en el pueblo! – exclamó y cerro el refrigerador.
Sintió unas pisadas lentas y suaves entrando por la puerta del comedor - ¿¡Un ladrón?! – volteó rápidamente y sacó su arma blanca.
Era una persona con caracteres femeninos, pero su piel era tono gris-negro y una herida le cubre el ojo derecho - ¿¡Qu-Qué eres?! – le preguntó Frank, alejándose del monstruo, y éste acercándose lentamente contestando gruñidos – Grrrr… grrrr.
Frank siente escalofríos, algo así como miedo, le da nauseas ver ese cuerpo descompuesto que lo mira con ojos totalmente blancos, y cuando abre la boca para gruñir se le notan todos los dientes cubiertos por un asqueroso manto negro, parecida a la saliva.
Guardó el cuchillo en su estuche – Es ahora o nunca… - corrió hacía la puerta, pero aún estaba la criatura extraña. Fue a la derecha del monstruo, luego le hizo una finta a la izquierda dejándolo atrás. Cerró esa puerta con seguro, tomó su escopeta 1887 y subió aterrado al vehículo.
Comenzó a conducir al pueblo, un lugar cercano donde habitan todos sus amigos y además ahí compra la despensa del mes y la munición de la 1887. Notó que el clima no cambiaba, los árboles aún seguían raros pero el camino estaba vació. No encontró a nadie.
Cuando llegó se bajó del auto con su escopeta y dirigió a la tienda “Dale´s Gun” – Ahí seguro encontraré a alguien… - dijo Frank.
Siguió caminando por la calle, todo parecía estar saqueado y no había nadie. Vidrios y ventanas rotas, no estaba nadie.
Y antes de entrar a la tienda, Frank vio un posible niño tirado en el suelo, enfrente de la tienda – Hey niño, ¿Qué haces ahí tirado? – en ese momento, ese chiquillo que estaba en el suelo, se levantó lentamente, dio la vuelta y se abalanzó contra Frank.
Él también estaba diferente, incluso parecía tener más fuerza que alguien normal. Pero Frank resistió, intentaba morderlo con sus rotos dientes.
Entonces con su 1887, golpeó la cabeza del niño y apuntó en el hombro – Lo siento niño… - disparo al joven que estaba tirado en el suelo, un mar de sangre salpicó las botas de cuero del hombre.
Intento no tener contacto con lo derramado y entró a la tienda, era vieja pero parecía como si estuviera estrenada hace un mes. Pero no estaban las habituales armas que tenía colgadas, todo se había ido, excepto una cajita que estaba tirada en medio de la tienda – ¿Cartuchos calibre 12? ¡Genial! – Frank se guardó las balas en sus bolsillos y cargo una más a la escopeta. Había conseguido diez balas más.
Siguió registrando la tienda pero no encontró nada más, pero él estaba preocupado por su amigo Dale. Era de la infancia y desde que consiguió su arma, a él le compra la munición para irse de cacería - ¡¡¡DALE!!! – gritó, pero no obtuvo respuestas.
Fue a la entrada y salió, de nuevo procuró no pisar la sangre y regresó a su pick-up pero entonces cinco personas le aparecieron enfrente – Infectados… - dijo él.
Eran demasiados para intentar evadirlos, entonces apunto al más cercano y disparó en el estómago de él. Un chorro de sangre salió y esa persona cayó al suelo – Bien… cuatro más – de nuevo disparó al siguiente y lo mismo pasó, excepto que apuntó a la cabeza.
Explotó como un globo de agua, pero en lugar de agua era una extraña materia pegajosa de color rojizo.
Continuó el proceso hasta que todos cayeran. Pierna, rodilla y de nuevo al estómago, disparó a esos lugares pero todos continuaban moviéndose en el suelo menos el que había sido mutilado de la cabeza.
Ahora sí, regreso al vehículo, pero antes había recargado el arma dejándole nueve balas en total. Él siguió hasta que se encontró algo más, enfrente de su pick-up estaba el cocodrilo que había cazado pero… - ¿¡Cómo rayos creció tanto?! – ahora estaba delante de un lagarto de seis metros parado con sus patas traseras. El miedo volvió a angustiarlo.
Él retrocedía pero el lagarto lo seguía, entonces se decidió enfrentarlo, apuntó al hocico del animal - ¡Muere! – disparó e hizo volar parte de las escamas del animal, pero no había caído al suelo.
Aunque el animal siguiera sangrando, no se detenía, Frank disparó de nuevo al hocico. Esta vez hizo caer la parte inferior del hocico, con más apestosa sangre pero no se detenía - ¡Demonios! – dijo Frank.
De nuevo apuntó pero ahora un poco más alto – Muere de una vez… - presionó el gatillo y el lagarto se detuvo unos segundos, hasta que cayó – Por fin – suspiró.
Subió al camión y regresó a la cabaña, tenía algo importante que hacer. Cuando llegó quitó el seguro de la cocina y apuntó a la cabeza del monstruo humano – Adiós, querida… - la acabo con ese disparo.
Se acercó e inclino enfrente de ella, una lagrima le recorría en la mejilla – Lo siento esposa… te prometo que me salvaré y… no dejaré que otras personas se conviertan en infectados. ¡Juro que ayudaré a todos!
Capítulo 2: Querido diario
Spoiler
El hombre se levantó del suelo y fue a una habitación que estaba a la derecha de la sala principal, su cuarto – Y yo siempre pensé que era cosa de ficción – dijo él.
Llegó a la habitación muy bien ordenada, tenía una cama y una TV enfrente de ésta. También un librero muy notorio a la par del mueble donde esta la TV, comenzó a buscar un libro.
Cuando lo encontró, sacó del librero un diario escrito a mano, comenzó a leerlo.
Noviembre 3 de 1960
Estuve en la cafetería cerca de casa cuando todo comenzó, un hombre misterioso entró por la puerta y atacó a una mujer. Inmediatamente se notó el aspecto de la persona: era de tono entre gris y negro, además sus ojos eran de un blanco huevo y cristalizados. La mujer quedo tirada y el hombre siguió atacando, por suerte pude escapar de ahí.
Noviembre 7 de 1960
Descubrí la debilidad de esas cosas, parece que únicamente funcionan por el cerebro, un golpe fuerte acabaría con ellos sin necesidad de usar la 1887 para defenderme. También empecé a movilizarme hacía el norte con Caroline, ella también estaba asustada.
Noviembre 14 de 1960
Es imposible, llegué a un bosque del norte y los animales se notaban molestos y empezaron a atacar. Pero eso no es todo, eran diferentes, su pelaje estaba descompuesto y su tamaño diferente, gracias a Dios encontré una choza y me refugié ahí.
Frank siguió leyendo pero las demás páginas estaban en blanco o con una letra incomprensible, como si hubieran escrito apurado. Guardó el diario donde estaba, pero una nota cayó de éste antes de colocarlo. Él la abrió.
Justo dentro de ella había una foto de una pareja de adultos casi de la edad de Frank viajando en un avión – Mamá y papá – susurró él.
En la carta decía: “Las emociones son errores y el deseo de poder es la verdadera raíz de maldad”
Frank guardó de nuevo la carta en su lugar, pero no colocó el diario en su lugar, lo llevó con él y fue a la sala principal.
Ahí buscó un bolígrafo, unas balas muy bien guardadas y una mochila grande, fue a la cocina y se llevó unos enlatados guardados en un cajón. También cargó varias botellas de agua y todo lo anterior lo colocó en la mochila con su escopeta.
Salió de su casa y subió al auto con su mochila – Bueno... al final mi padre tenía razón – comenzó a conducir y tomó la carretera hacía el sur.
No había nada a la vista, sólo postes de luz cada diez metros y el camino era rodeado por árboles. Vio a algunas personas pero eran como los del pueblo.
El camino se separaba en dos, eligió ir a la derecha hasta que vio varios autos aparcados, se detuvó y bajo del auto.
No había nadie, sería un problema intentar pasar por ahí ya que todos los autos no dejaban pasar – Genial, incluso en epidemias hay tráfico – dijo él.
Siguió caminando y buscando algo útil pero no había nada. Después de unos pocos metros ya no habían autos, pero sí que había algo.
Decenas de personas venían contra Frank, todos con los síntomas, el corrió rápido hacía el auto pero ellos también corrían igual de rápido. Cuando entró al vehículo ya tenía al menos seis intentando romper los vidrios – Pero, ¿De dónde salen estos tipos? - exclamó él.
Retrocedió lo más que pudo y tiró a todos, esta vez tomó la ruta izquierda, esperando salvarse. Siguió el camino y todo estaba bien, se alivió.
Llegó a una ciudad con muchos edificios y varios establecimientos, esta vez continuó su camino en auto. Las calles estaban desiertas, “¿Qué raro verdad?”, dio vuelta a la derecha, pero esta vez estaba literalmente infestada - ¿De nuevo? ¿Bromeas? - pensó él.
Regresó y tomo otro camino, cuando cruzó otra calle, estaba igual. De nuevo retrocedió, pero los infectados anteriores lo estaban esperando, ambos grupos de manadas persiguieron el auto con prisa.
Frank aceleró y cruzo su última opción, pero era lo mismo - ¿¡De nuevo?! Entonces no me queda opción – Él estaba rodeado, sabía que enfrentárselos no ayudaría.
Le quedaba tiempo, aparco el carro y tomó sus cosas, rápido bajo y subió a un edificio altísimo y cerró con lo más que podía la entrada. La puerta de metal, soportada por algunas mesas y varias cosas que encontró al entrar para detener a los infectados.
Cruzó una puerta y entró a un pasillo en forma de U - ¡Diablos! Todo está desordenado, eso sólo significa algo... - Frank pudo haber caído del sartén a las brasas.
Adelante de él había unas escaleras, y al final del pasillo otra puerta, opto por la puerta. Al cruzarla se encontró en un pasillo recto pero con un infectado de espaldas, se le acercó sin hacer mucho ruido y sacó su arma blanca. Le incrustó el cuchillo en la cabeza y rápidamente se lo quitó, el infectado cayó al suelo.
Había vidrios rotos y el suelo estaba deteriorado, al pasar la puerta había unas escaleras que iban para abajo, rezó que no hubiera ningún infectado. Las bajó tranquilo y llegó a unas alcantarillas iluminadas con focos – Bueno, al menos tiene luz – dijo.
Se encontró con otro infectado, suerte, estaba de espaldas. Le clavó el cuchillo y siguió. El camino se hacía más grande hasta que se encontró con unas escaleras para escalar hacía arriba.
En esa parte estaba un poquito oscuro pero podía ver algo circular, la levantó con la mano y vio un rayo de luz. Salió de ahí y estaba de nuevo en la calle - ¿Qué demonios hacía yo en el drenaje? - pensó él – Como sea, no quiero averiguar que tipo de empresa era esa.
Pudo ver a todos los infectados intentar entrar por la fuerza al edificio, por suerte ningún infectado lo notó y Frank corrió hasta cruzar la calle. Estaba desierta, pero era igual que las otras, edificios y comercios.
Camino hasta que encontró un auto rojo pequeño. La puerta del conductor estaba abierta, él se acercó a revisar el asiento del conductor.
No había nadie, y mejor aún, estaban las llaves colocadas. Subió con entusiasmo y encendió el motor – Esta vez no iré con ellos – dijo.
Le gustó tanto el auto que condujo a alta velocidad por las calles, y no, no habían infectados. Quizás vio a uno o dos pero no eran amenaza.
Después de unas calles más, vio la salida de la ciudad, aceleró y llegó a otra carretera como la anterior, pero comenzó a anochecer.
Se aparcó junto un árbol, no se notaba el auto entre las sombras y sacó el diario de la mochila que estaba en el asiento a la par de él.
Pero una sombra se levantó, un infectado estaba en el asiento trasero, Frank reacciona rápido al verlo en el espejo del auto.
El infectado lo sujeta por el cuello e intenta morderle, pero a Frank lo protegía la cabeza del asiento - ¡Rápido! - pensó.
Saco su arma blanca, intentó clavarle varias veces el cuchillo pero no alcanzaba. Entonces tomó su 1887 pero no disparó, golpeo con fuerza al infectado con la punta del arma.
La bestia retrocedió y Frank volteó, le insertó el cuchillo en la frente y respiró fuerte unos instantes. Bajó del vehículo y alejó al monstruo unos metros del auto.
Le asqueaba tocarle la piel, por lo que sujetaba sus piernas. Entró de nuevo al vehículo y sacó el bolígrafo y recogió el diario tirado. Empezó a escribir con la luz interna del auto prendida.
Enero 12 de 2012
Mi padre me lo dijo de niño, si el hombre que comenzó a escribir el diario, me contó que a mi edad las personas empezaron a convertirse en monstruos y atacaban cualquier cosa viva. Yo no le creí hasta hoy, fui atacado por varias personas e incluso mi esposa. Me decía cosas como: “No confundas sentimientos, es ser o no ser comido” ó “No importa si es tu hijo, nieto o bisnieto, si se convierten en monstruos no dudes en matarlo”. No me gustaba esa idea, pero el mundo cambió, al menos aquí cambió. Mi esposa me aterró, pero desde ahora le prometí que me salvaría, y salvaría a los que pueda.
Ahora, lo único que sé, es como derrotar a esas personas, las llamó infectados. Bien diario, prometo escribirte cuando suceda algo. ¡Qué diablos! Ni sé si estaré vivo mañana.
Frank guardó el bolígrafo con el diario de nuevo en la mochila y se acostó en el asiento trasero para dormir, acompañado con su escopeta en sus brazos.
Capítulo 3: Y... ¿La promesa?
Spoiler
Frank despertó y empezó a conducir. Iba comiendo en el camino una lata de melocotones para ahorrar tiempo y no estar cerca de la horda de infectados. Trató de utilizar la radio pero todas las emisoras estaban muertas.
Vio a lo lejos una comisaría de policía que estaba en la misma carretera – Hay una línea delgada entre ser valiente e idiota – dijo Frank.
Decidió no parar a investigar, pero justo antes de pasarla escuchó un grito - ¡Ayuda! - dudó un momento, pero estacionó el carro y entró a la comisaría con la 1887.
Había varios papeles tirados, unas meses mal ordenadas, todo era un desastre. A la izquierda estaba un baño vació, Frank “aprovecho el momento”.
Fue a la puerta derecha, había unas escaleras que llevaban hacía arriba, las subió y llegó a una terraza - ¡Ayuda! - le gritó una voz.
Se dio la vuelta y ahí estaba, un joven de aproximadamente veinte años con una pistola 9mm rodeado de otras seis personas, pero esas eran infectados con agujeros pequeños en el pecho y pierna.
Frank se corrió y trato de desenfundar su cuchillo - ¿Qué? ¿Dónde está? - No lo tenía, debió olvidarlo con el infectado que le atacó en el carro.
Rápidamente apuntó con su escopeta y disparó a cinco infectados, todos los disparos dieron en la cabeza, salpicando el suelo con apestosa sangre, estaba lejos pero aún así sintió el olor.
Sujetó la escopeta del cañón y corrió detrás del infectado restante – Un buen cazador, no gasta una bala – dijo él cuando golpea al monstruo con su propia arma dejándolo en el suelo sangrando.
El joven quedó atónito - ¿Quién eres? - le preguntó, pero Frank sólo veía a los infectados y divago - ¿Eran tus amigos? - dijo Frank.
Un silencio quedó en atmósfera, hasta que respondió – Si... era mi primer día, tuve que dormir aquí por el papeleo y desperté en ésta situación – el joven guardó su arma y le ofreció un apretón de manos a Frank – Gracias por la ayuda... pero ¿Quién eres? - dijo él.
A Frank no le gusta que pregunten lo mismo, respondió con un tono serio – Me llamo Frank, pero no importa, me voy de una vez – él bajo las escaleras de nuevo pero el joven le seguía – Yo me llamo Daniel – pero Frank no le dio importancia y abrió la puerta del auto.
Daniel lo detuvo antes de entrar – Llévame contigo, por favor, te lo ruego – dijo el joven, pero a Frank no le gustaba la idea, estaba un poco disgustado y desde el principio no pensó en llevar a alguien.
Dudó unos momentos, pero Frank le hizo un gesto para que subiera al auto, aunque antes le pidió que buscará municiones de sus amigos caídos.
El joven sólo consiguió dos cartuchos llenos para la 9mm, entonces entró al carro y Frank comenzó a conducir por la desierta carretera. Daniel vio que el diario salía de la mochila, él comenzó a leerlo sin que Frank se diera cuenta.
Cuando terminó, se emocionó un poco - ¡Hey! Mi abuelo me habló del incidente en el 1960 – Frank sorprendido detuvo el auto y le habló al joven - ¿Bromeas? Mi padre me lo dijo cuando era pequeño, pero nunca me dijo la causa.
Daniel había conseguido la atención de Frank – Es simple, por esos años, en Inglaterra hubo una infección que se propago por toda Europa. Llevaban meses creando el virus, nadie sabía de éste, excepto cuando las personas empezaron a contagiarse, además muchas personas vinieron a Estados Unidos para salvarse.
Era posible que los padres de Frank escaparan de ése infierno, después de todo eso está en el diario. Él siguió conduciendo pero conversaba más con Daniel, incluso se podría decir que le tomaba afecto.
De tanta charla, a Frank se le olvidó decirle al joven que, no más encontrarán otro vehículo él se iría a otro sitio, pero no comentó nada. Claro, olvidó su promesa pero al menos la está cumpliendo sin darse cuenta.
A Daniel le rugían las tripas, Frank le ofreció una lata de comida amablemente – Dime una cosa – dijo Frank – ¿Tu abuelo te dijo algo sobre quién creo esa infección? - el joven habló con la boca llena – Ve-Verás – tragó la comida – En algunos países de Europa se crearon laboratorios, propagaron el virus y eso, con la idea de hacer una “Utopía”.
Frank empezó a reír – Pero ¿Qué clase de Utopía? - dijo él en tono burlón – Tenían la mentalidad de “matar a las plagas del mundo”.
Él hombre siguió riendo - ¡Vaya cosa! Por cierto, ¿Tu abuelo de qué trabajaba? - le preguntó al joven – Él era policía, la policía sospechaba del virus desde antes. Cuando encontraron los laboratorios la infección se propago, además gran parte de los polis llegaron a éste país.
Frank continuaba preguntando - ¡Espera! Mis padres eran policías de allí antes – el joven se impresionó - ¿Bromeas? Quizás estaban vinculados – dijo él – Como sea, con eso me basta de información.
El hombre siguió conduciendo pero comenzó a dudar de nuevo. ¿Cómo era posible que fueran sus padres esos policías? Además según el diario todo comenzó en una cafetería. El hombre detuvo el vehículo y revisó la foto del diario de nuevo - ¿Qué sucede? - preguntó Daniel.
Encontró algo, los ojos del hombre eran verdes... pero su padre los tenía azules como su abuela – Entonces fue mi abuelo... - susurró él, le hizo una pregunta más a Daniel esperando no desesperarlo – Oye, ¿Tu abuelo fue a algún laboratorio de esos? - preguntó Frank – Sí y no. Al principio no fue allí, pero cuando el virus empezó a expandirse por el continente él encontró un laboratorio con sus compañeros.
Todo encajaba, pero Frank aún tenía dudas – Y dime, ¿Por qué el no fue al princi... - pero antes de terminar su frase el joven grito. En el vidrio de Frank estaba un infectado, él rápido aceleró con miedo – Demonios, estuvo cerca – dijo el joven.
Al estar más lejos en la carretera, Frank volvió a preguntar - ¿Por qué el no fue al principio? - Daniel hizo gesto de no tener la menor idea.
Frank continuó conduciendo hasta que se encontró con un accidente de autos - ¿Qué demonios? - dijo él.
Ambos bajaran armados, Daniel revisó el auto blanco que fue chocado de atrás, no estaba nadie. Cerca estaba Frank buscando en otro auto blanco, pero éste se estrelló de la parte delantera – A-Ayúdame... - le digo alguien, que estaba en el asiento delantero, muy lastimado.
Ahí estaba un hombre adulto, le caía sangre de la frente manchando su bigote castaño – Ayúdame – volvió a decir.
Frank lo bajó con suavidad y lo subió al asiento trasero de su auto – Llévame a mi casa... - dijo el hombre.
Daniel le preguntó a Frank, quien era, pero el ignoró eso y le contestó – Sube al auto, rápido – cuando subió, el señor volvió a hablar – V-ve adelante... luego cruza a la derecha. Frank continuó conduciendo recto, luego vio un cruce a la derecha.
No estaba pavimentado pero el siguió, luego de unos pocos minutos llegó a una enorme casa rodeada de bosques y mucho césped - ¿Aquí es? Señor... - preguntó Frank, él señor asentó con la cabeza.
Bajaron al casi desangrado señor entre los dos, la herida de su frente no se contenía, además se veía muy pálido. Por suerte, la puerta estaba abierta, entraron a una linda sala muy decorada con cuadros de pintura y algunos sillones costosos.
Acostaron al señor en uno de esos sillones, y antes que volviera a hablar él se desmayó - ¡Rápido, busca un pañuelo! - dijo Frank. Daniel registró la casa hasta encontrar una funda de almohada en la habitación del segundo piso.
Frank saturó la profunda herida de la frente del señor, no era el mejor método, pero con las cosas así eso es mejor que nada. Frank le pidió a Daniel que cuide al señor mientras tanto, él regresó al auto y llevó su diario y el bolígrafo a la cocina, empezó a escribir en una mesa.
Enero 13 de 2012
¡Qué suerte! Descubrí que el primer autor del diario fue mi abuelo, quizás por eso mi padre no sabía muchos detalles y sólo divagaba cuando me los contaba pero hablando enserio me enteré de ciertas cosas gracias a un nuevo amigo que rescaté hoy, se llama Daniel.
Es miedoso pero parece simpático, casi muere... pobre sujeto. Como se, es posible que nuestros abuelos se conocieran en Inglaterra, cuando el virus comenzó a propagarse, pero además me habló de quien creó la infección y eso... tal vez el que hizo esta, estén vinculados... sólo tal vez.
Bueno diario, te dejo por hoy, quizás mañana éste vivo para contarte de otra persona que encontré casi muerto en la carretera, aunque debo ir a ayudar. Adiós.
Frank regresó al auto y guardó lo que había traído, llevó las armas de nuevo y empezó a cuidar al señor, cambiando la funda de otras almohadas e intentando limpiar la herida con agua ya que no había nada con que tratarlo.
Cuando llegó la noche, ellos se turnaban media hora para vigilar la casa y cuidar al señor. Al menos ya se veía mejor.
Capítulo 4: Todo vale la pena, si consigo un cuchillo
Spoiler
En la mañana, Daniel fue a buscar comida al refrigerador del anciano – Oye Frank, ¿Quieres algo? – Frank se aproximó a Daniel y desayunaron juntos.
Frank se quedó cuidando al hombre que aún no despertaba, mientras tanto Daniel vigilaba la puerta de la casa con su 9mm. A lo lejos veía a alguien acercándose y a la vez tambaleándose - ¿Qué será? – dijo Daniel.
Cuando se acercó notó que era otro infectado – Tranquilo amigo, te acabaré ahora – dijo él, mientras presionó el gatillo de su 9mm, haciendo explotar la cabeza del monstruo como un globo.
Justo cuando regresaba a la casa, un fuerte graznido ensordeció a Daniel, él notó que se acercaba un ave de plumaje negro y piel desgarrada, era del tamaño de un humano y además el pico parecía un taladro.
Daniel corrió rápidamente y justo antes que el ave lo alcanzará, entró a la casa y cerró la puerta.
Afuera se escuchaba como unas afiladas garras rasgaban la hermosa puerta de madera, además de varios graznidos - ¡Frank! – gritó Daniel, haciendo que Frank deje al viejo sólo y llegará con Daniel enfrente de la puerta - ¿¡Qué pasa?! – preguntó Frank.
Daniel le explicó lo sucedido y Frank se quedó pensativo un momento, hasta que se le ocurrió una idea.
Él hombre fue a traer su 1887 y estaban ambos enfrente de la puerta, armados son la 9mm y la escopeta – Abriré la puerta… cuando lo haga… ¡Nos cargamos al pajarraco! – explicó Frank.
Al abrirla, el ave calló al suelo y tanto Frank como Daniel empezaron a dispararle sin detenerse en varias zonas del cuerpo, dejándolo inmóvil y después muerto.
Les daba asco ver al monstruo, pero entre ambos sacaron al animal de la casa cuidadosamente sujetando sus patas y quedando en la entrada de la puerta.
Antes de cerrar de nuevo la puerta, dos graznidos se escucharon a lo lejos. Venían dos aves parecidas a la primera volando hacía la puerta de la casa.
Frank muy veloz cerró la puerta y colocó el seguro, afuera se escuchaba como rasgaban la madera de la puerta haciendo un hoyo en ésta y dejando ver las garras que entraban pero no llegaban a Daniel ni Frank - ¿Cuántas balas te quedan? – preguntó Daniel – Estoy vacío, ¿Y tú? – preguntó Frank, mientras Daniel enseñaba un cartucho completo de quince balas.
Esta vez Frank estaba desconcertado, pero de nuevo se le ocurrió otra idea. Fue a la cocina y encontró un cuchillo muy bien afilado.
Quedó enfrente a la puerta de nuevo con Daniel y pensó hasta que le habló – Mira… iré a cargarme un pajarraco, cuando yo maté a una… ¡Tú matarás a la otra a disparos! Te daré mi señal diciendo “¡Ahora!”- dijo Frank, mientras Daniel asentía con la cabeza – Además tú debes distraerlas por el agujero que hicieron – dijo Frank.
Frank salió por la puerta trasera y rodeó la casa, esperando que las aves no notarán su presencia, y así era.
Se acercó por detrás de las aves, además Daniel ya había comenzado a disparar entre turnos por el agujero lastimando a los pajarracos pero no los dejaba muertos.
Frank corrió a una ave, y con el cuchillo le insertó éste en la cabeza, dejando a la ave inmóvil y gritando - ¡Ahora! – cuando Daniel abrió la puerta, sólo habían dos aves muertas delante de él.
Se preguntaba por Frank, hasta que una voz le grito - ¡Aquí arriba! – Daniel levantó la vista, y estaba Frank en el aire sujetado de las garras de la otra ave. Por suerte las garras no traspasaron sus hombros y estaba ileso.
Daniel apuntó a las patas del ave, y esto hizo que soltará a Frank. Afortunadamente la altura no era suficiente para lastimar de gravedad - ¡Dispara! – exclamó Frank.
El ave estaba en el aire, y las balas fallaban, entonces el pajarraco se lanzó en picada hacía Frank.
Pero antes de llegar a tocarlo, una bala traspasó su cráneo y deteniéndolo delante de Frank.
Frank le agradeció a Daniel y le preguntó de nuevo cuantas balas le quedan – Estoy vacío – respondió Daniel – Como sea, debemos irnos – dijo Frank.
Ambos subían el alimento del anciano al auto y Frank subió a buscar otra funda de almohada para cambiarle la que usa.
Pero antes de bajar al auto, vio una puerta, al abrirla se emocionó - ¡Daniel, ven aquí! – le gritó con entusiasmo.
Al estar los dos enfrente de la puerta abierta, sonrieron. Era una sala llena de armas de fuego, algunos rifles y alguno que otra escopeta o pistola.
Revisaron las armas, excepto que ninguna tenía municiones, a excepción de una Winchestes 1887 y una pistola 9mm – Maldito viejo… - dijo Frank, mientras recogía la munición de esas armas y le daba su parte a Daniel.
Justo antes de irse, vio algo que colgaba a la par de la puerta, era un cuchillo de la 2da. Guerra Mundial con filo estilo tiburón - ¡Maldición, sí! – exclamó Frank mientras apreciaba el arma blanca y la guardaba en la funda de su anterior cuchillo.
Ambos empezaron a irse, pero antes Daniel le preguntó por qué no se llevaron las otras armas, Frank le respondió – esas armas son antiguas, encontrar municiones para eso sería un infierno, además no tenemos el tiempo de ir a cada tienda de armas del país – dijo Frank.
Subieron al auto con el anciano descansando en el asiento trasero, Frank y Daniel adelante, pero Frank pidió un poco de tiempo.
Empezó a escribir en el diario antes de irse de la casa.
Enero 14 de 2012
Mi abuelo tenía razón, animales o humanos, el virus ataca igual. Hoy nos atacaron tres pajarracos de mi estatura, por suerte acabamos con ellos pero decidí irme de esa casa y buscar que encuentro en el camino.
También el viejo que salvamos tenía una hermosa colección de armas antiguas, lastimosamente ninguna tenía municiones y buscarlas sería un problema. Al menos conseguí un nuevo cuchillo y un poco de munición de nuestras armas.
Bueno diario, eso es todo, aún es temprano pero prometo escribirte después. Adiós.
Al terminar, Frank guardó el diario y el bolígrafo en la mochila y retomo la carretera de nuevo, y como siempre, el clima seguía igual.
Capítulo 5: ¡Eres un estorbo!
Spoiler
La carretera estaba vacía, Frank y compañía seguían en el auto, como sí no hubiera final del rumbo. Pudieron ver uno que otro infectado en el camino, pero no eran gran cosa y procuraron ignorarlos.
Al cabo de un rato, el hombre que encontraron antes, empezó a tambalear su cabeza y acariciársela en la parte herida – Oye Frank, el viejo ya despertó – dijo Daniel, mientras Frank detenía el auto y ambos voltearon a ver al anciano levantarse de la parte trasera del carro.
Empezaron a hablarle al viejo pero no habló, hasta que abrió sus ojos y quedó sorprendido al ver donde estaba - ¿Q-Quiénes son ustedes? - dijo él un poco asustado.
Frank y Daniel le explicaron lo sucedido, desde que lo encontraron hasta lo de aves mutantes, pero el no les creyó y salió del auto, comenzando a caminar al sentido contrario del cual iban.
Intentaron convencerlo desde la seguridad del auto, pero el los ignoró, Frank bajo enojado del carro - ¡Oye tú, viejo idiota, he dicho que vuelvas! - le gritó Frank desde lejos, moviendo los brazos al aire.
Frank corrió hacía el viejo, pero antes de tocarlo, un graznido muy fuerte se escuchó hacía arriba. Encima de ellos estaba otra de esas aves mutantes, que se lanzó en picada contra el viejo.
Antes de impactar, Daniel ya había notado al ave desde antes, y disparó desde lejos con su 9mm, que por suerte un único tiro basto para dejarla muerta en el suelo, enfrente del viejo.
Él se aterrorizó por el pajarraco y retrocedió unos pasos, tenía cara de asqueado – Te lo dije... - dijo Frank justo detrás del anciano, él le preguntó a Frank si existían otras cosas de eso, el contestó casi sonriendo – Sí... las personas normales se convierten en algo parecido.
Volvió a preguntarle que sucedió cuando lo encontraron, ya que antes no había puesto demasiada atención – Mira, tú estabas tirado en el suelo y con una herida, intentamos curarte y no pudimos, simplemente no hagas estupideces – dijo Frank, mientras ambos entraban de nuevo al auto.
Siguieron en el camino rodeado por árboles, Frank le preguntó acerca del primer virus, pero el viejo no sabía nada. Comenzó a contarles que su familia siempre había estado en Texas, pero a ninguno de los dos les interesaba en lo más mínimo.
También conversaron acerca de su niñez, para entretenerse – Oh eso... - dijo Frank – Yo crecí cerca de aquí, desde siempre – contaba Frank, pero antes que hablará Daniel, de nuevo escucharon unos fuertes graznidos – De nuevo... - dijo Frank.
Intentaban verlos desde el cristal del auto, pero no veían nada – Quizás están lej... - antes que terminará de hablar, un fuerte pico traspasó el techo del auto, dejando dentro de éste el desfigurado pico del animal, además adelante se veían otras dos aves volando.
Frank intentó hacer caer al primer pajarraco, moviendo bruscamente el auto de izquierda a derecha, pero no funcionó - ¿¡Qué hacemos? - dijo Daniel, pero el anciano estuvo a punto de tocar el pico, pero Frank lo detuvo a tiempo - ¡Idiota, no sabes que te puede pasar! - exclamó Frank al anciano.
Los tres hombres quedaron pensativos, pero antes de actuar, algo impacto encima del auto, además el pico del pajarraco salió rápidamente del techo – Una nueva presa... - susurró Frank.
Afuera, sólo se escuchó un grito desesperado de parte del animal, luego de que su cabeza fuera lanzada hacía adelante y la otra parte del cuerpo haya caído hacía atrás - ¿¡Qué sucedió?! - preguntó el anciano.
En el agujero del techo se veía un ojo rojo que vigilaba a los tres hombres, a continuación Daniel le disparó al ojo con su 9mm, haciendo que esa cosa cayera del auto, pero nadie pudo percatarse de que era, ya que enfrente de ellos se acercaban los pajarracos.
Daniel abrió la ventanilla derecha y salió la mitad de su cuerpo junto a su 9mm. Frank controlaba el auto, mientras Daniel les disparó a las aves justo en el cráneo, ambas cayeron al suelo.
El joven policía entró de nuevo al auto, cerrando la ventanilla y así los tres siguieron por el camino. Frank le habló al anciano - ¿Y cómo te llamas? - preguntó Frank – Carl... - respondió el anciano.
A Carl le dolía un poco la herida, pero quiso evitar comentarlo, entonces habló de un tema diferente - ¿Y a dónde vamos? - preguntó Carl - ¡A dónde el camino nos lleve! - dijo Frank con un tono de entusiasmo falso - ¡¿Pero qué planeas?! - dijo Carl – Mira viejo... si encontramos como salvarnos, será de nuestra suerte...
Después de eso, ninguno comentaba nada, todos comían los enlatados, cuando terminaron ya era tarde. Llegaron a un carril lleno de autos desalojados, entonces Frank se detuvo y los tres bajaron del auto con sus cosas.
Antes de siquiera empezar a caminar, se veían de lejos muchísimas aves enormes volando hacía ellos - ¡Mierda! - exclamó Frank.
Frank dio indicaciones que todos fueran al auto para refugiarse, pero Carl no quiso, él fue a la izquierda, cruzó los árboles – Ese idiota... - pensó Frank, que junto con Daniel fueron donde había ido Carl.
No se veía a Carl, y cuando ambos cruzaron los árboles, era un camino hacía abajo unos ocho metros, cayendo en un charco de agua lodosa donde estaba Carl, que por suerte nadie estaba herido. Los pajarracos no los notaron y siguieron su camino – Estuvo cerca... - dijo Daniel.
Rápidamente Frank levantó al anciano por la fuerza y lo puso contra un árbol cercano - ¡Idiota, ya te dije que no sabes que haces! - le alegó Frank al anciano que no respondía, simplemente veía hacía abajo - ¡Ahora dime cómo escalaremos sin ningún equipo! ¿¡Cómo?! - seguía gritando Frank.
Daniel se acercó al hombre enojado, intentando calmarlo pero era inútil, Frank se detuvo por su cuenta y pensó que hacer ahora.
Después de unos insoportables minutos, el temerario cazador decidió buscar otra salida por el bosque. Empezaron a caminar por el denso bosque, buscando algo de ayuda.
El clima se sentía húmedo, además todo se veía normal, pero no había ningún clase de animal. No insectos, no ardillas ni otra clase de mamífero, para su suerte tampoco aves. Todo era un silencio, raro para Frank.
Carl se detuvo un rato y les habló a Frank y Daniel - ¡Hey miren, ahí está una cabaña! - dijo señalando una casita a su derecha, al oír esto los tres fueron rápidamente a la cabaña.
Tocaron a la puerta, pero nadie respondía – Bueno, si no abren, yo mismo abriré – dijo Frank, dándole una patada a la puerta, haciendo que se abra.
Todos notaron el oso disecado en medio de una gran sala, con sillones elegantes y bonitos – Bonito... - dijo Frank, recordando a su casa con un poco de nostalgia.
Habían tres puertas, una a la derecha y dos a la izquierda, cada uno revisó una. Frank entró a la derecha, entrando a la cocina pero sin nadie en ella. Daniel entró a una especie de oficina muy bien organizada, pero sin nadie adentró.
Carl gritó desde el cuarto que entró, al ver un hombre vestido con traje de guardabosques ahorcado por una soga en medio de un baño. Frank y Daniel corrieron a ver que pasaba, y se llevaron la misma impresión al ver la horrible imagen.
Abandonaron el baño y cerraron la puerta, ya era de noche y no querían salir, entonces todos durmieron en los sillones aunque les sentían comodidad, excepto que Frank no fue a dormir aún. Frank se sentó un rato en la oficina para escribir en el diario lo que le falto.
Bueno, aquí continuando, después me encontré con muchísimas de esas aves y el anciano por fin despertó. ¡Es un estorbo!, pero prometí salvarlo, y eso haré, sólo espero que cambie su actitud y ayude más. En las pocas horas que he estado con él, me ha causado un problemon, ahora estoy en una cabaña dentro del bosque... encontré una persona que se suicido.
Quizás estaba impactado por el virus, pero espero que sea otra cosa, así el bosque será seguro. Como sea, estoy muerto, te hablaré después.
Frank guardó el diario y el bolígrafo y fue a dormir a uno de los sillones, además colocó seguro a la puerta principal, sólo por protección.
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Ojala sea de su agrado, posteen y den su opinión acerca del fic. Juro que si el tema tiene 20 posts antes del 30 de abril haré un one shot de amor yuri (?) okno xDD.
Última edición por Yui♥ fecha: 10-may-2012 a las 02:55.
Me da un tanto de lástima que nadie te comente xD.
Ahora mismo no tengo tiempo, pero mañana dejo esto como constancia de que lo leeré y postearé. Sin falta.
Edito:
Está bastante bueno, y vas mejorando capítulo a capítulo (el primero me pareció muy repetitivo y el segundo muy poco real). Lo mejor es que atrapa.
En fin, los pájaros mutantes suena demasiado a los de RE4 xD, pero por lo demás está bastante bien. Cuidá el recuento de balas, que usan las armas como si fuesen AK's.
Última edición por ·M♦C· fecha: 11-may-2012 a las 02:12.
Me da un tanto de lástima que nadie te comente xD.
Ahora mismo no tengo tiempo, pero mañana dejo esto como constancia de que lo leeré y postearé. Sin falta.
Edito:
Está bastante bueno, y vas mejorando capítulo a capítulo (el primero me pareció muy repetitivo y el segundo muy poco real). Lo mejor es que atrapa.
En fin, los pájaros mutantes suena demasiado a los de RE4 xD, pero por lo demás está bastante bien. Cuidá el recuento de balas, que usan las armas como si fuesen AK's.
¿De casualidad esos pájaros salen después de cuándo te roban a la weona? Creo que ya los recordé x'D.
Como sea, gracias por el comentario, la verdad es que el 2do. se me ocurrió de la nada, pero en USA existen toda clase de edificios (?)
¿De casualidad esos pájaros salen después de cuándo te roban a la weona? Creo que ya los recordé x'D.
Como sea, gracias por el comentario, la verdad es que el 2do. se me ocurrió de la nada, pero en USA existen toda clase de edificios (?)
Uno de los pájaros te roba a Ashley, sí xD. Después aparecen de a miles en una cueva.
Veo si te puedo traer gente para que lo lea, muchos le hacen ascos cuando ven mucha palabra junta.