Las llanuras de la desidia y la destrucción generalizada de una realidad cromáticamente alterada por la devastación generalizada se abren ante mis ojos, mostrándome la recompensa de un presunto “día de trabajo”.
Hoy se ha cortado el pasto, mucho pasto, las hierbas fueron arrancadas, y todo los matojos y matorrales inútiles fueron cortados de raíz y desechados a la negrura de un vasto abismo de inexistencia.
Este lugar no es sinónimo de vida en ningún sentido, sería una contradicción afirmar tal mentira piadosa como una verdad absoluta.
Una verdad que contradice a la razón de existir de los seres pensantes actualmente, una verdad que sería una ofensa ante cualquier habitante de estas llanuras, porque sería como negar que el agua moje o decir que el viento no mueve las hojas en una pacífica tarde de otoño.
Esto no es una pacifica tarde de otoño, ni de verano, o invierno o primavera.
La única estación aquí tiene un solo nombre…
DESTRUCCIÓN.
Empieza el primero de enero y no acaba nunca, es la temporada donde las balas parecen infinitas, la sangre aparenta derramarse más rápidamente y las armas pasan de ser simples artefactos mecánicos, a ser monstruos que escupen el fuego de la devastación sobre los que nada han hecho para merecer tales castigos.
¿Primero de enero?
No tengo la más pálida idea de que es eso ya, hace tiempo, la hora, el mes o cualquier indicador temporal no parece importar en este mundo monocromático.
No hay un sol que caliente la tierra, no hay una luna que ilumine en las noches y nos regale un eclipse para variar el comportamiento de este paraje solitario y quizá…Cegarnos para hacernos evitar ver todo este paisaje.
Mis brazos me pesan un poco, y mi cabeza me duele, y no es que este sorprendida por tales efectos en la herramienta que representa mi cuerpo.
Está prohibido cuestionarse y filosofar acerca de este mundo, no sabemos porque, pero…El que pensemos es un pecado y nuestro cuerpo mismo nos castiga por la autonomía de nuestra actividad cerebral.
Solo estamos aquí, y solo destruimos, esa es la idea, en efecto.
Soy un arma.
Mi nombre es lo único que resuena en mi memoria, aparte de los conceptos mundanos de un mundo antiguo y arcaico que sirve para hacer una penosa comparación con estas llanuras derruidas.
Soy un arma.
Soy….Black, ese es el nombre que siempre tuve, no sé si es mi nombre completo, pero aprendí a no darle importancia con el tiempo, porque ya nada importa.
Ya nada importa, esa palabra resuena en mi cabeza cuando pienso profundamente. Es el memento y el réquiem de mi rol en esta realidad, un rol del que es imposible escapar.
Soy un arma.
Me levanto y vuelvo a mirar a mis alrededores, es como un tablero de ajedrez desigual y rocoso.
Una pradera donde cuadros blancos y negros son la textura de este lamentable escenario, unos colores que simbolizan perfectamente la jerarquía absolutista de este mundo, una jerarquía Darwinista elevada a niveles crueles. La supremacía del más fuerte expresada en colores.
Negro, el que destruye.
Blanco, el que es destruido
.
No sé si por desgracia o por fortuna integro el área negra, es algo que sinceramente no puedo cuestionarme por qué no sé si la muerte es el equivalente inerte de estar en la zona negra. ¿Estoy muerta? ¿Estoy viva? ¿Esto es un sueño….?
¿Puedo….Soñar?
Otro dolor de cabeza azotó mi cráneo y mi cuerpo se sintió pesado como un yunque cayendo el suelo entre explosivos espasmos musculares.
Así es como funciona un arma….
Mi pelo negro atado misteriosamente en dos coletas no parece desordenarse por el silencioso y enigmático viento que corría por la llanura.
¿Esa es una prueba de mi falta de existencia?
Sí, eso debe ser.
No existo.
Existo en un solo carril de esta realidad arrolladora, no existo en el carril de la paz, ni de la naturaleza, y menos el del dialogo con el entorno.
Soy un arma.
No soy especial, no soy humana, no soy un animal….
Soy la medida de mi espada, soy el filo de esa misma espada, soy la cantidad de balas en mi cañón, y mis palabras son el impacto de esas mismas balas estallando en la carne de un color blanco….
Agregando el color rojo por un segundo a la ecuación, como una cruel canción interpretada por la muerte para mostrarnos el memento mori de la materia blanca, la materia eliminable, la materia sobrante, el mundo debe ser negro….JAMÁS DEBE SER GRIS.
Pero aun así, el cielo es gris, el cielo siempre fue gris y jamás dejó de serlo desde que yo tengo memoria, desde que yo provoco destrucción, desde que yo propago el negro sobre el blanco.
Ese es el cielo, esa es mi mente, soy una materia negra con una mente gris, y por eso me cuestiono y sufro, por eso me vuelvo un punto neutral.
Negro.
Blanco.
Gris.
No tiene sentido, NO TIENE SENTIDO.
Tengo que acabar con el gris, tengo que acabar con ese balance, tengo que volver al mundo al medio monocromático que era, tengo que cortar el cielo….
Buscar la causa del gris, detener mi dolor, detener el único dolor que siento, reintegrar el tablero….
El gris debe ser neutralizado, esa es la orden de la materia negra….esa es la oda a la destrucción que toda materia negra sigue…porque así funciona el mundo, y así debe quedarse, porque así dejaré de sufrir….
Ese es mi único propósito…
Destruir lo que me hace pensar….Y ver la noche.
-Unidad….Rock Shooter….Usted….Debe…detenerse.
Una voz se sintió por detrás de mi cabeza, una voz que conocía y me daba escalofríos por su frialdad, una frialdad aún más prominente que la mía, que me helaba la sangre, que me daba demasiado miedo, porque sabía quién era, pero….me giré.
-¡Maid!. –dije con sorpresa.
Parada en una colina frente a mí, la delgada figura de la unidad Gunner….Maid Gunner
Era inconfundible entre la otra materia negra, su traje de sirvienta siempre resaltaba y a su vez se camuflaba y escondía silenciosa y bellamente como un camaleón.
Este efecto aumentaba cuando veías sus delgadas y pálidas piernas, como dos soportes de una bellísima muñeca, y también su largo pelo negro, que se veía bellamente peinado y cuidado.
Sus ojos morados miraban con severidad a toda materia que se cruzase en su camino, sea negra o blanca, y estoy seguro de que ella miraría a un arcoíris con esa misma expresión seria y vacía que ponía los pelos de punta.
-Usted…Debe…Ser…Neutralizada…AHORA MISMO.
Mis azules pupilas se dilataron al ver que sacaba su tremendo rifle y apuntaba directamente a mi cara con la intención matar claramente grabada en sus ojos, y en el dedo que apoyaba sobre el nada pequeño gatillo.
Tuve que gritarle en ese momento para que se detuviera.
-¡Maid, no sé qué te pasa, pero detente! ¡Soy Rock Shooter, no soy de la materia blanca! –le grité desde la distancia.
Pero ella apretó el gatillo ni bien acabé de hablar, no sin antes exclamar su conocida frase que usa al destruir materia blanca, una frase que no me gustaba escuchar bajo ningún concepto existente.
-NEUTRALIZAR.
En ese momento saqué la espada de mi funda sin dudar ni un momento, no me importaba que fuera Maid.
La espada silbó cortando el aire al ser desenfundada y reflejó la luz que comenzó a salir del tremendo rifle de Maid, que seguía apuntándome.
Mis esperanzas de que todo esto fuese una broma, obviamente, desaparecieron.
Pero la materia negra NO bromea.
Nosotros no bromeamos.
La luz se transformó de manera casi bella en una línea recta que apuntó a mi frente, como un laser apuntador de ayuda y….
El chorro de luz evocó del cañón como una estrella fugaz, pero no esperaba mi deseo bajo ningún concepto.
Al menos no mi deseo de vivir.
Pero no subestimen a Maid Gunner, el primer disparo es lento…. pero los otros que quedan, son una ráfaga del infierno….
Ni bien la tremenda bala fugaz llegó hacia mí la golpeé fuertemente con la espada cortándola en dos pedazos totalmente perfectos que desfilaron girando ante mi seria mirada como gorriones cantando en su último vuelo.
-¡NEUTRALIZAR! –gritó de nuevo.
Aquí viene el infierno.
Giré la cabeza bruscamente y Maid estaba detrás de mí, apuntándome con el tremendo rifle y sosteniéndolo con una sola mano como si se tratase de un pequeño revolver fácil de manejar por cualquiera que tenga la sangre fría de terminar una vida.
Di un corte con la espada a toda velocidad, así de alguna manera desviaba el disparo del el cañón moviéndolo a toda velocidad hacia otro lugar que no fuera mi cuerpo.
Pero mi espada rebotó haciéndome girar estúpidamente sobre mi posición como un trompo a punto de cesar su movimiento.
La luz volvió a reflejarse en la espada y el disparo salió a toda velocidad hacia mí.
Mis reflejos me dieron para saltar alto con una voltereta y evitar el disparo devuelta.
Di un giro y materialicé el cañón en mi brazo izquierdo, como siempre.
Era hora de ponerse serias.
Comencé a dispararle a su figura distraída, pero ella tenía una mirada que parecía haberse olvidado de mí y enfocado la vista en otra parte.
Cerré mis ojos y apreté el gatillo de manera brusca, liberando una ráfaga de balas sobre ella, mientras el cañón temblaba y liberaba balas que se perdían en el vacío como pétalos de primavera.
Pero cuando cesé el fuego, ella ya no estaba, para mi horror.
No podía dejar de clavar la atónita mirada en lo que veía, fue como si un holograma me hubiese engañado.
Y en ese momento, un aire frío llenó mi cuello.
Pude sentir a Maid detrás de mí, no su cañón, pero si a Maid, con su frío aire, como si sus entrañas estuvieran una cámara frigorífica y quisieran helarme.
Solo dijo las siguientes palabras, y todo se volvió oscuro.
-Neutralizar a la herramienta reversa.
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