Se sentía la lluvia esa noche tormentosa en las callejuelas de Griffing, toda pedrada y llena de musgo, era una de las ciudades más conocidas en su reino por su variedad en negocios, tenia una armería (la más conocida) que se llamaba "Forgencrot" una de las armerías mas importantes de la región y su tienda de Herbarios y Pociones "Malking" que era la más pintoresca en la ciudad por sus estantes, que tenían una hermosa flora.
En la zona de los ricos, estaba todo bien cuidado, las casas estaban trabajadas en las piedras y leños con mucha dedicación y tenían una hermosa vereda pedrada rodeada de plantas y gente que iban y venían. Ellos derrochaban gran cantidad de su dinero sobornando a los guardias de puesto para dejarlos pasar a el mercado negro que abría por las noches oculto en la parte más pobre de la ciudad, esta zona contenía desde magia negra hasta la ventas de Nergals.
La zona de los pobres no carecía de nada importante (excepto la estatua de un reconocido caballero llamado Thorguin) la gente vivía en una miseria y nadie se preocupaban por ellos.
En la calle principal, ya casi abandonada por la tormenta aparecía una silueta que iba a paso decidido por la calle; su vestimenta de piel y cuero de oso escondía gran parte de su cuerpo, era alto y un poco robusto y se le veía su espada escudriñada atrás de la espalda. Encapuchado el sujeto iba hacia un bar al fondo de la misma calle, el bar llamado "Grap's" entre sus clientes, tenia una pinta deplorable por el tiempo, pero mantenía su toque, sin decir más, el hombre entro al bar, que tenia un aspecto lúgubre que ya a esas horas de la noche no estaba tan cuidado y ruidoso por la gente escandalosa que se encontraba ahí había una sección donde se realizaban peleas y apuestas ilegales que se encontraba al fondo donde diviso a unos cuatro o cinco tipos peleando por orens (la moneda de el lugar), otro donde se dedicaban a hablar y tomar la bebida con la tranquilidad por estar más alejada del fondo y el ultimo era el mostrador donde se encontraba el cantinero limpiando un tarro y al entrar el tipo se llevo una ligera sorpresa, por las horas en que se presentaba.
-¡He tu! -dijo el cantinero- ¿Qué tomas?
-Coñac de Sian, cantinero.
El hombre se saco su capucha y dejo su cara a la vista, tenia una dos cicatrices, una en el ojo izquierdo que parecía como que hubiera tenido una feroz pelea con algún animal, y la otra que se ubicaba en su mentón, unos ojos de color gris con matices blancos y el pelo de un marrón con reflejos oscuros, tenia pinta de haber caminado bastante y estar cansado. El cantinero dejando de lado el aspecto del hombre le dio su bebida.
-¿Qué anda haciendo un tipo como tu en estos lugares? -preguntó con un tono amistoso y de extrañes hacia su receptor.
-¿Por que preguntas cantinero?, solo vengo de paso señor, no le molestare mucho - hablaba el hombre tranquilo y conciso en sus respuestas.
-Las personas que tiene un trabajo como el tuyo no son muy queridas por aquí, traen desgracias según las leyendas.
-¡Ha! esas leyendas no hay que darles tanta importancia -decía el hombre con un tono de dejadez hacia esa palabra "leyenda".
-A mi eso no me interesa mucho, solo las escucho para estar informado ¿Sabes?
-Entonces, si es así, no se preocupe que solo vengo a dejar unos artefactos que encontré por unos orens –respondió el encapuchado.
Mientras decía eso se acercaba por detrás un hombre que por lo que parecía había escuchado muy atento la conversación.
-Tú no puedes estar en esta ciudad no esta permitido los de tu calaña –dijo aquel hombre.
Vestía una armazón de hierro, parecía de un reclutamiento para el control de las calles, pero lo que menos hacia era vigilarlas.
-A usted no les estoy asiendo nada -¿??Especto?¿(qué es eso) el hombre- solo estoy conversando con el cantinero, así que no me moleste.
-¡Bien brujo!, piensas que vas a sobrepasar a un recluta de Griffing! -el tipo ya sobresaltado de la contestación reaccionó- o sale por las buenas o si no...
-¿O sino qué? -dijo el parándose y dejando a la vista su espada- no me provoque que yo no tengo intención a hacer peleas en este humilde bar.
-¡Saca tu espada, brujo!
Tan rápido como dijo eso, nuestro brujo había desenfundado una espada de hoja reluciente fundida en plata y grabada en su principio, se colocó detrás del recluta.
-Donde quedo tu soberbia recluta... no me vengas a decir que tienes miedo ahora.
El recluta mudo de la impresión cayo desmallado y el brujo lo dejo reposar en el piso de madera.
-Señor, ¿Podría no mencionar esto a los del fondo?, me sentiría más mirado de lo normal.
-No se preocupe hombre -dijo el cantinero en tono amable- pero... ¿Podría preguntarle su nombre?
-Me dicen Vants, cantinero.
Con esto Vants pago y dejo el bar para ir a hacer su tan esperado recado.