Emudesc Análisis: Dear Esther Escrito por Picopico el 21.02.12 en PC
NOTA: 9/10

Un hombre, una isla, un amor, una metáfora. Dear Esther.
Dear Esther es un juego completamente diferente a cualquier otro. Sin ponerse a cuestionar la definición de lo que es un videojuego, puedo decirles desde ya que no es para todos. Es una experiencia para pocos. Una experiencia para los que están dispuestos a dejarse llevar por un juego, sin ofrecer resistencia. Una experiencia para quienes bajen las barreras e intenten integrarse a la tristeza que transmite. Una experiencia para la gente que valora una historia en la que no hay interpretación correcta, y tú le das la coherencia.

Si no sos de esa gente, y pretendés jugar a una aventura llena de mecánicas, más convencional y bien directa, dejá de leer ahora mismo y levantate. Una experiencia para pocos.

Tan simple que asustó:
No sabía prácticamente nada de éste juego antes de comenzarlo. Había leído que originalmente había sido lanzado como un Mod de Half-Life 2 en el 2008, y que había ganado un estátus de culto que fomentó el reelanzamiento. Sabía que era un juego más bien experimental, que estaba centrado en la historia. Pero hasta ahí llegaba mi conocimiento del título.

Ejecuté el título, pulsé “Iniciar” y bruscamente comenzó. Me encontraba en frente a una pequeña edificación con un faro al costado. Escuché una voz que comenzó a narrar. “Dear Esther” (Querida Esther), comenzó, y se sumergió en una reflexión personal que cuestionaba la naturaleza de su conocimiento de la isla en la cual me enteré que me encontraba.

Entré a la pequeña casa, y comencé a explorarla. No encontraba nada para hacer. Entré a un cuarto de baño decrépito, y nada parecía indicarme cómo interactuar con los objetos. Observé una mesa, y me dirigí a una puerta cerrada. Ninguna ayuda sobre como interactuar. Me frustré, y puse pausa y observé los controles. Me di cuenta en ése momento: Sólo se podía caminar.
Sin poder creerlo, comencé a presionar teclas. La tecla de espacio no saltaba, la tecla F no interactuaba, y el click izquierdo del ratón sólo hacía Zoom. “¿Qué clase de juego es tan insoportablemente lineal cómo para sólo dejarte caminar?”, me dije.

Salí de la casita, y encontré un camino a la izquierda. El narrador habló otra vez, sobre un hermitaño llamado Donnelly. Le encontré la coherencia a lo que dijo, pero no el sentido en el contexto en que estaba. Seguí caminando y escuchando por unos pocos minutos, sospechando de que el juego no iba a ser de mi agrado. Estaba profundamente equivocado; yo seguí los caminos que pude, y el narrador siguió narrando. Entendí que éste no era un juego para hacer lo mío, jugar a mi manera, y ser directo. Éste es era un juego que te quería adentrar en una historia, y lo único que tú debías hacer, era seguirle la corriente. Cuando lo comprendí cambió mi percepción, aumentó mi intriga, y comencé realmente a sentir.
Tu propia interpretación:
Cómo disfruté al título. Me dejé llevar, hice lo que debía hacer, y me llené hasta saciarme de narración. El hombre que encarnamos, que es el narrador, organiza a toda su narración como cartas para Esther. La propia identidad de éste ya es una incertidumbre, y por más que tengo mi interpretación, no pretendo forzársela a nadie. Cada vez que el hombre hablaba, más entendí el fantasma de su pasado, más me adentré en sus emociones, y sobretodo, más comencé a cuestionar la realidad de mis percepciones, la naturaleza de las personas que se me fueron introducido y lo que éstas y la isla representaban.

Cada fragmento de carta narrado, desde los más informativos hasta los más personales fueron escritos de manera exquisita, muy lírica y poética. Son realmente una obra de arte. Repito, hay muchas interpretaciones posibles de éstas narraciones, e incluso dudo que el escritor del juego haya incluso considerado una interpretación como la correcta. Porque la historia no intenta ser un puzzle tratando se hacerse entender; lo importante son las emociones que te transmite, y la interpretación que tomes será la que más te afecte dentro tuyo.

El juego continúa con su impoluta sutileza durante toda su corta duración. A medida que exploras y sigues el camino continuarás deslumbrándote por la belleza en la escritura, que comenta además en los escenarios y en tu experiencia con ellos. Fui por agua y por tierra, por montes y por cuevas, nunca cuestionando y sólo dejándome llevar. De eso se trata.

Toda la experiencia va en conjunto. No se puede separar a la historia de la narración o de la isla, ni a los escenarios del hombre y de Esther. Es todo un conjunto triste y poderoso, inevitable y alterno.

Es muy difícil explicar lo que significa la experiencia que te da Dear Esther. Es única en su esencia, y las emociones que te transmite me transportaron años atrás, a la primera vez que jugué Shadow of the Colossus. Es el único juego con el que puedo relacionar a Dear Esther, porque aún con las masivas diferencias entre ambos títulos, la intensidad de las emociones que tendrás si te dejas llevar son inconmensurables.

Así jugué durante todo el transcurso de Dear Esther. Dejándome llevar. Pasé por tierra y por agua, por montes y cuevas. Comienza a la madrugada, y termina a la luz de la noche.

Terminé el juego e inmediatamente lo comencé de vuelta. Terminé por segunda vez, y lo comencé una vez más. No interpreté el final como concluyente, aunque defintivamente ésto es más que válido. Lo sentí como una invitación a comenzar de nuevo, y jugar al juego un total de tres veces fue lo que me terminó de saciar. Por lo pronto, la narración varía en gran parte entre cada vez que lo juegas.
Un impacto:
El juego, que utiliza la Source Engine, se ve fabuloso. Vi videos del mod original, y los cambios gráficos justifican la compra aunque ya hayas jugado a la versión previa.
Los escenarios se ven fabulosos. Mientras que los montes se ven grisáceos y tristes, cuando entré a las cuevas casi me desmayo por el contraste, ya que éstas son vívidas y brillantes. Cuando se hace la noche, la luz de la luna ilumina con potencia, y la playa en la noche a la luz de las velas se ve impresionante.

Y la música. De la mejor que vi en un videojuego. Un piano y un violín, creando impresionantes obras de arte, aportando más al poder de inmersión del juego, adentrándote en los sentimientos del hombre. Impresionante.
Conclusión:
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Dear Esther es un juego para muy pocos, y que me haya encantado ha sido todo un logro considerando que normalmente estoy en contra de juegos que fuerzan la linearidad. Pero me fascinó. La narración exquisita que agrega más y más capas de profundidad, la interpretación y el cuestionamiento que haces de la propia naturaleza de la isla y los personajes, la simbología omnipresente en todos los elementos y los magníficos escenarios hacen de Dear Esther una experiencia completamente diferente y emocional.
Terminarás al juego en aproximadamente una hora y media. Es corto, muy corto, una pequeña joya que merece ser admirada. Que la duración no te quite las ganas de jugarlo.

